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Zelenski avisa de que Rusia está ganando la guerra de Irán: pues así lo está haciendo

Zelenski avisa de que Rusia está ganando la guerra de Irán: pues así lo está haciendo

El presidente ucraniano señala la venta de petróleo, con los precios al alza y las sanciones levantadas, y a los problemas de su bando para lograr armamento como claves del momento beneficioso para su ocupante. Los expertos le dan la razón. 

El presidente ruso, Vladimir Putin, gesticula durante el foro "Ideas Poderosas para los Nuevos Tiempos", celebrado el 20 de julio de 2022 en Moscú, la capital de Rusia.
El presidente ruso, Vladimir Putin, gesticula durante el foro "Ideas Poderosas para los Nuevos Tiempos", celebrado el 20 de julio de 2022 en Moscú, la capital de Rusia.Getty Images

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, no puede ser más claro: afirma que Rusia, el ocupante de su país, está ganando la actual guerra en Orienre Medio. En una entrevista concedida esta semana al diario digital norteamericano Axios, ha alertado al mundo de que una contienda prolongada, con Irán en el centro, sería muy beneficiosa para Moscú y, a la par, muy perjudicial para su país, que arrastra ya más de cuatro años de combates.

La economía rusa, dependiente del petróleo, se está beneficiando enormemente del alza de los precios del crudo y del levantamiento de las sanciones estadounidenses, mientras que el conflicto podría provocar escasez de interceptores de defensa aérea y otras armas que Kiev necesita desesperadamente, afirmó Zelenski.

El mandatario también indicó al mismo medio que Ucrania había compartido información de inteligencia con líderes de Oriente Medio sobre la ayuda rusa a Irán, incluyendo la posible asistencia para la selección de objetivos en ataques contra bases militares estadounidenses y aliadas en la región.

Por eso, concluye: "Estoy seguro de que Rusia desea una guerra prolongada. Obtienen ventajas: EEUU se está centrando en Oriente Medio y podría reducir su ayuda militar a Ucrania. Las sanciones se han levantado parcialmente. Sólo veo beneficios para Rusia si la guerra con Irán continúa".

Al se preguntado sobre si le preocupaba que se obstaculizara el suministro de armas a Ucrania, Zelenski respondió: "No sólo me preocupa, sino que estoy seguro de que enfrentaremos tales desafíos. Sin duda". Y si encima la Federación puede vender su petróleo, con permiso de Washington, "van a obtienen más dinero de la energía, y tampoco nos beneficia". 

Su desesperación parece legítima pero ¿piensan los expertos como él? La respuesta es un sí, con pocos peros. 

Ay, los hidrocarburos

Mira Milosevich-Juaristi, investigadora sénior del Real Instituto Elcano (un tanque de pensamiento con sede en Madrid), reconoce que "la humillación de un aliado como Irán no es un hecho menor para Moscú, aunque tampoco constituye un factor decisivo", aunque "el cálculo estratégico del Kremlin es más complejo". A su entender, la crisis actual "entraña riesgos reales, pero también abre la puerta a ventajas y oportunidades tácticas". "La postura de Moscú es una ambigüedad estratégica: mantiene una indeterminación deliberada y flexibilidad política y militar que le permite ajustar la respuesta según evolucione la situación, mientras evita los compromisos formales", sitúa al lector de su análisis.

Recuerda que, aunque, "especialmente desde el inicio de la guerra en Ucrania, la relación entre Rusia e Irán se ha intensificado de forma visible", por ejemplo con el suministro de drones Shahed por parte del régimen de los ayatolás a los de Vladimir Putin, hay límites a esa amistad. En 2025 se firmó el Tratado de Asociación Estratégica Integral entre Moscú y Teherán que abre las puertas a una notable cooperación política, comercial o tecnológica, pero "no establece una alianza militar formal ni incluye una cláusula de defensa mutua comparable a la de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)". Por eso, "ninguno de los dos países está obligado a intervenir militarmente en defensa del otro". "En la práctica, esto significa que Rusia no defenderá a Irán en caso de un conflicto directo de alta intensidad", como el que ahora está sufriendo.

Remarca que, pese a los puntos en común, hay una "desconfianza histórica" entre los dos estados que no hay que menospreciar. "Durante siglos compitieron por la influencia en el Cáucaso, Asia Central y el entorno del mar Caspio", dice con memoria la especialista de Elcano. "Hoy comparten el objetivo de limitar la influencia occidental, pero esa coincidencia estratégica no elimina rivalidades estructurales. Moscú no desea un Irán excesivamente fuerte capaz de proyectar poder autónomo en regiones que considera esenciales para su propia seguridad. Rusia mantiene además otros intereses en Oriente Medio, incluida una relación compleja con Israel y la necesidad de coordinar con los grandes productores del Golfo la gestión de los precios del petróleo". Es todo eso lo que "obliga al Kremlin a calibrar cuidadosamente el alcance de su cooperación con Teherán".

Restos de un dron Shahed 136 iraní que Rusia utilizó para atacar Kiev, la capital de Ucrania, el 12 de mayo de 2023.
Restos de un dron Shahed 136 iraní que Rusia utilizó para atacar Kiev, la capital de Ucrania, el 12 de mayo de 2023.Oleksii Samsonov / Global Images Ukraine via Getty Images

Ucrania los acercó, pero el nuevo conflicto, insiste Milosevich-Juaristi, pone a prueba sus lazos y muestra sus "límites". Teherán se convirtió en un socio "especialmente valioso" tras el inicio de la "operación militar especial" por tres razones, indica: "aportaba legitimidad narrativa en el llamado sur global, donde el discurso antioccidental ganó fuerza tras la guerra en Gaza"; "ofrecía capacidades militares inmediatas, en particular los drones Shahed 136 y la transferencia tecnológica asociada, que permitieron a Rusia sostener e intensificar sus ataques contra Ucrania", y "proporcionaba canales logísticos y suministro de munición en una fase crítica del conflicto". 

Si en los primeros años de la contienda la dependencia del armamento iraní era mayor, con los años fue la propia Federación la que empezó a fabricar sus propios drones, en parte sobre los modelos de Teherán y con su permiso, y a comprar en otros mercados (China, Corea del Norte), por lo que se ha liberado de esa servidumbre. "En este nuevo escenario, Irán ya no constituye un pilar indispensable para sostener la campaña militar rusa en Ucrania", afirma.

El análisis del think-tank español constata que "una derrota o una desestabilización profunda de Irán debilitaría la proyección del poder de Moscú en Oriente Medio, ya socavada después de la caída de Bashar al-Assad en Siria, así como del eje antioccidental y afectaría a intereses económicos concretos de Moscú". Teherán "constituye un socio clave tanto para la evasión de sanciones como para la articulación de rutas comerciales alternativas" y su descontrol puede complicar proyectos clave para Putin, como el tramo ferroviario Rasht Astara, del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, que va de India a Europa, buscando "reducir la dependencia del canal de Suez".

Y, aún mirando todo esto de reojo, "la crisis genera ventajas tácticas inmediatas para Moscú", indica la autora de Breve Historia de la Revolución Rusa. "Una mayor implicación estadounidense en Oriente Medio puede desviar atención política, recursos militares y capital diplomático de la guerra en Ucrania, reduciendo la prioridad estratégica otorgada a Kyiv. En un contexto de recursos limitados y múltiples frentes abiertos para Washington, cualquier redistribución del foco estratégico constituye una oportunidad para el Kremlin", expone.

El conflicto, como llevamos viendo en estas casi cinco semanas, tiene igualmente efectos directos en los mercados energéticos. "Toda escalada que afecte al golfo Pérsico, al estrecho de Ormuz o a las infraestructuras energéticas regionales tiende a aumentar la percepción de riesgo y a impulsar al alza los precios del petróleo y del gas", argumenta. Y eso a Rusia le va bien, toda vez que es "uno de los mayores exportadores de hidrocarburos del mundo, esta dinámica representa una ventaja económica considerable". 

Desde el 24 de febrero de 2024, con el inicio de la guerra en Ucrania, Moscú "se ha visto obligada a vender su petróleo con descuentos significativos en los mercados asiáticos debido a las sanciones occidentales y al mecanismo de tope de precios impulsado por el G7". "Cuando el precio global del crudo y del gas aumenta, el efecto de esos descuentos se reduce y los ingresos fiscales del Estado ruso crecen, así como su capacidad de sostener la guerra en Ucrania", una acción-reacción que se entiende fácil. En ese contexto hay que leer el dolor que produce a Zelenski el hecho de que EEUU haya levantado, aunque sea temporalmente, las sanciones al crudo ruso que se encuentra ahora en el mar. Dice Washington que es "desafortunado" ese beneficio pero apunta, como supuesto alivio, que es temporal. 

Rusia, expone el artículo, "ha perdido gran parte de su mercado europeo, sigue siendo un actor importante en el comercio global de gas natural licuado y de petróleo, sobre todo en Asia. Además, los repuntes del petróleo y del gas tienden a generar presiones inflacionistas en Europa, donde el coste de la energía sigue siendo una variable macroeconómica crítica. Para el Kremlin, cualquier escenario que complique la estabilidad económica y la cohesión política del bloque occidental resulta estratégicamente ventajoso".

Habla de una "oportunidad estratégica" aún mayor: "el refuerzo de la relación con China, porque puede disminuir el descuento de sus ventas de hidrocarburos a Pekin, así como aumentar las cantidades de sus exportaciones al país vecino". Pone datos negro sobre blanco: "el ataque estadounidense contra Irán afecta indirectamente a China, que importa aproximadamente el 13% de su petróleo de ese país" e "Irán ocupa una posición central en la estrategia china de diversificación de rutas energéticas". 

Hay "proyectos vinculados al puerto pakistaní de Gwadar y a posibles extensiones del gasoducto Irán-Pakistán buscan reducir la vulnerabilidad de Pekín en el estrecho de Malaca y, potencialmente, también en el de Ormuz. La presión estadounidense sobre Irán, por tanto, no sólo golpea Teherán, sino que también complica la arquitectura energética y geoeconómica china". 

Es ante esta coyuntura compleja cuando la Federación Rusa "emerge como un socio energético aún más relevante para Pekín", por más que lleve años jugando también al límite en sus compras de petróleo y sus negocios financieros, en un intento de no verse salpicada por las sanciones internacionales contra los de Putin. "La incertidumbre sobre la estabilidad de Oriente Medio refuerza el interés chino por asegurar suministros energéticos a través de rutas terrestres relativamente inmunes a los riesgos geopolíticos del transporte marítimo". Y Moscú puede ofrecer ese tipo de seguridad estratégica. 

Una gasolinera de Lukoil, en una imagen del 20 de noviembre de 2025, tomada en Moscú, (Rusia).
Una gasolinera de Lukoil, en una imagen del 20 de noviembre de 2025, tomada en Moscú, (Rusia).Getty Images

¿Cómo? Cita la analista el gasoducto Poder de Siberia, que ya transporta gas ruso hacia el noreste de China, o el proyecto Poder de Siberia 2, en fase de negociación, lo que "podría multiplicar significativamente los volúmenes exportados hacia el mercado chino en la próxima década". Más se aceleraría todo, incluso, si la inestabilidad en Oriente Medio se alarga, por más que Donald Trump insista en que quedan "dos o tres semanas" para acabar con la guerra. 

"Para China, ampliar la cooperación energética con Rusia reduce la dependencia de rutas marítimas vulnerables y diversifica sus fuentes de suministro. Para Moscú, consolidar el mercado chino significa reforzar su giro estratégico hacia Asia y reducir de forma estructural la importancia del mercado europeo, perdido en gran medida tras la guerra en Ucrania", señala Milosevich.

"Moscú explota las ventajas tácticas de la distracción occidental y del aumento de los precios energéticos y busca capitalizar la coyuntura para profundizar su asociación con China", resume. Y deja una nota histórica final para entender mejor las cosas. "El zar Alejandro III (1845-1894) afirmaba que Rusia sólo tenía dos aliados: su Ejército y su Armada. La Rusia de Vladímir Putin parece haber añadido un tercero: los hidrocarburos".

"Moscú explota las ventajas tácticas de la distracción occidental y del aumento de los precios energéticos y busca capitalizar la coyuntura para profundizar su asociación con China"

"Bendición" aún rima con preocupación

Para Thomas Graham, analista del Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores, CFR por sus siglas en inglés), es innegable la lectura de su colega española. "La guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán ha impulsado los ingresos petroleros de Rusia y su capacidad para intensificar su propia guerra con Ucrania, pero crece la preocupación entre las élites rusas sobre las relaciones con la administración Trump", escribe. Rusia es uno de los "principales beneficiarios" y eso hace que hable de "bendición", pero eso también rima con "preocupación". Hay que fijarse en los matices, aunque avala la lectura del presidente ucraniano, a grandes brochazos. "Es posible que estos beneficios tarden en llegar a Rusia en el campo de batalla de Ucrania", le matiza. 

Detalla que el beneficio llega a Rusia por dos vías. En primer lugar, "la guerra en el Golfo ha aliviado, al menos temporalmente, una grave crisis presupuestaria". Se avecinaba un déficit insostenible a medida que aumentaban los costos de la guerra y los ingresos petroleros disminuían drásticamente como consecuencia de la caída de los precios mundiales y los esfuerzos más enérgicos de Estados Unidos para limitar la cantidad de petróleo que Rusia exportaba. Ahora, con menos sanciones y más ventas, con precios más altos, "los ingresos petroleros de Rusia se duplicaron durante las primeras tres semanas del conflicto". Esto, según muchos observadores, debería aliviar las preocupaciones del Kremlin sobre la financiación de su esfuerzo bélico en Ucrania.

En segundo lugar, destaca "la atención que la administración Trump presta a la guerra contra Irán inevitablemente desvía su atención de Ucrania". El rápido agotamiento de las municiones, especialmente para los sistemas de defensa aérea, en una guerra de alta intensidad limita la asistencia material que EEUU está dispuesto a proporcionar a Ucrania, en medio de la creciente preocupación por las reservas que Washington necesitaría para la guerra contra Irán y otras contingencias. "Esto sólo mejoraría la posición de Rusia en el campo de batalla y haría que sus ataques aéreos fueran más letales", reconoce.

Una mujer sostiene una pancarta con la imagen del presidente ruso, Vladímir Putin, y del líder supremo iraní, Alí ​​Jamenei, en una protesta por el uso de drones iraníes, el 28 de octubre de 2022.
Una mujer sostiene una pancarta con la imagen del presidente ruso, Vladímir Putin, y del líder supremo iraní, Alí ​​Jamenei, en una protesta por el uso de drones iraníes, el 28 de octubre de 2022.Oleksii Chumachenko / SOPA Images / LightRocket via Getty Images

Sin embargo, Graham deja claro que existe una "narrativa alternativa" que presenta un panorama más preocupante para Rusia. "Su imagen como gran potencia se ha visto perjudicada, al hacerse evidente el escaso apoyo que puede brindar a sus aliados en Irán o incluso en Venezuela, donde las fuerzas estadounidenses capturaron al líder Nicolás Maduro a principios de año. La demostración del poderío militar estadounidense en Oriente Medio -tras la casi impecable y compleja operación para capturar a Maduro, en el contexto de la difícil campaña rusa en Ucrania, no hace sino subrayar las deficiencias militares de Rusia. Además, Rusia ha quedado prácticamente excluida de la diplomacia para poner fin al conflicto iraní, mientras que los estados del Golfo, Pakistán y Turquía han asumido el liderazgo", dice.

Más importante aún, expone, es que continuar la guerra contra Ucrania no beneficia estratégicamente a Rusia. "Al contrario, agrava sus problemas demográficos y económicos", dice, en una postura diferente a la corriente que dice que Rusia está cómodo con una batalla larga, sin final. 

"La guerra en curso priva a la innovación tecnológica de los recursos necesarios para ser competitiva en los próximos años, mientras EEUU, China y otros países invierten grandes sumas en inteligencia artificial (IA), computación cuántica y bioingeniería. Rusia, por ejemplo, no figura entre los diez primeros países en inversión en IA para 2025 y ocupó el sexagésimo puesto en el Índice Mundial de Innovación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de 2025". Cada día que continúa la guerra, Rusia se queda más "rezagada" en la competencia entre grandes potencias que dominará la geopolítica mundial en los próximos años. Rusia, pues, "no necesita recursos para continuar la guerra contra Ucrania; necesita incentivos para ponerle fin".

Silencio que no es un error

Cabría esperar más de Moscú y Pekín, parece, vistas las buenas relaciones con Teherán en tiempos modernos, "pero su tibia respuesta no es un error. Es un cálculo estratégico: ¿por qué interrumpir una guerra librada por Estados Unidos cuando este se encuentra atrapado en un costoso atolladero en Oriente Medio? Tanto Rusia como China se benefician de esta guerra de diversas maneras", plantean, por su parte, Elina Ribakova y Alicia García-Herrero, en un dossier publicado en The Peterson Institute for International Economics (el Instituto Peterson de Economía Internacional, PIIE por sus siglas en inglés).

Una cosa es la moderación, y otra es la inacción, avisan. Rusia ha estado proporcionando a Irán imágenes satelitales sobre la ubicación y los movimientos de tropas, buques y aeronaves estadounidenses, sin consecuencias por ahora. Es probable que Rusia también haya asesorado a Irán sobre tácticas con drones, afinan. "No es casualidad que los patrones de ataque de Irán se asemejen al enfoque ruso en Ucrania: enjambres de drones atacando infraestructura, seguidos de ataques de precisión contra radares y sistemas de mando y control", ponen como ejemplo. 

"Rusia ve la defensa de Irán como una represalia directa por el apoyo occidental a las capacidades de ataque de Ucrania. Washington no solo ha optado por no confrontar públicamente esta escalada rusa, sino que también ha beneficiado a Rusia al suspender temporalmente las sanciones para que pueda exportar petróleo a sus clientes. Esta acción valida la lógica de ambigüedad calculada de Putin: condenar los ataques sin criticar directamente al presidente Donald Trump", señalan.

Vladimir Putin y Donald Trump en Anchorage (Alaska), este viernes.
Vladimir Putin y Donald Trump, el, 15 de agosto de 2025, en Anchorage (Alaska).Getty Images

Ya hemos hablado profusamente de lo bien que le viene a Rusia el dinero extra del petróleo, pero estas dos especialistas añaden un dato más que añade contexto, riquísimo, para entender por qué ahora les ha llegado agua de mayo: las ganancias por exportaciones de petróleo habían caído por debajo de los 10.000 millones de dólares en febrero y, según sus informes, el Kremlin estaba preparando recortes del 10% en todos los gastos no relacionados con la seguridad. "La flexibilización de las sanciones contra Rusia por parte de la administración Trump no podría haber llegado en mejor momento", concluyen.

El resumen de lo que puede llegar es brutal: en un escenario optimista -una guerra de seis semanas con una rápida recuperación-, Rusia obtendría 84.000 millones de dólares adicionales en ingresos por exportaciones y 45.000 millones de dólares en ingresos presupuestarios en comparación con un escenario sin guerra. En el escenario central de una guerra de tres meses, el beneficio inesperado alcanza los 161.000 millones de dólares en ingresos adicionales por exportaciones -aproximadamente 500 millones de dólares al día- con 97.000 millones de dólares adicionales en ingresos presupuestarios, más que el déficit fiscal total de Rusia en 2025. En un escenario pesimista, ya de seis meses, la Federación podría registrar un superávit presupuestario y reponer su fondo soberano de riqueza, lo que le permitiría mantener un elevado gasto bélico durante los próximos años.

Mientras tanto, unos EEUU absorbidos por Oriente Medio permiten a Rusia consolidar su esfera de influencia en Europa, incluyendo sus exigencias maximalistas en Ucrania, mientras que los ingresos energéticos adicionales proporcionan los medios financieros para abrir nuevos frentes, híbridos o de otro tipo. Con todo, música para los oídos de Vladimir Putin. 

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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