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05/07/2015 09:55 CEST | Actualizado 05/07/2016 11:12 CEST

El Irán deseado, el Irán que se teme

reunionCon una larga historia de escondites y mentiras frente al Consejo de Seguridad y la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), Irán parece adoptar en el tramo negociador en que se encuentra una actitud maximalista que no se corresponde con unas ofertas de la otra parte razonables y moderadas, por las que en absoluto se pretende eliminar su labor nuclear.

REUTERS

No es improbable que en la nueva fecha límite señalada para la conclusión de un acuerdo nuclear con Irán, 9 de julio, sea imposible alcanzarlo y se señalen nuevos plazos. Ha habido con anterioridad otras fechas límites que tampoco han sido definitivas,. Porque desde que en junio de 2014 se adoptó el Plan de Acción Conjunto, ambas partes parecen haberse tranquilizado, no se desesperan por acabar pronto y, al parecer, muestran voluntad de seguir negociando hasta encontrarse satisfechos con los resultados y que se acabe de deshojar la margarita. Como si las reuniones fueran tan agradables que nadie se interesa en especial por nada que implique su término, aunque sea un acuerdo. Si es que mientras tanto no hay acontecimientos por parte de Teherán o por parte de Washington que fuercen la aceleración de conversaciones y encuentros, la conclusión de un acuerdo o incluso una ruptura; ese colapso en las negociaciones que evidencie el fracaso en encontrar una solución nuclear válida para Irán y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Tales acontecimientos pueden presentarse en el Congreso de los Estados Unidos, con una mayoría republicana dispuesta a reforzar y ampliar las sanciones contra Irán, haciendo lo posible por doblegar la voluntad al respecto del presidente Obama. El notable alivio que para Irán supuso el levantamiento parcial de sanciones de noviembre de 2014 a cambio de una ralentización de su programa nuclear, ya parece haberse agotado; fue valioso, pero meses después resulta insuficiente, quedan otras sanciones que sufrir y levantar. Sin embargo, la perspectiva de una eliminación total de sanciones, que han tenido durante más de una década un impacto demoledor en todos los sectores de la vida nacional -para la mayoría de la población aunque no para la élite del poder- no aportaría una ventaja comparable absoluta para un Régimen que no ha dejado de apostar por el poder nuclear; seguirá con tal apuesta como garantía de su seguridad, su prestigio y su supervivencia. Los sectores reaccionarios de la teocracia y las fuerzas armadas iraníes -los mejor librados de las sanciones- siguen albergando por ello una resistencia cerrada a ceder en su mejor protección, la que estiman concede al país la máxima inmunidad.

Reaccionarios y aperturistas

Con el fondo de la sucesión del gran líder, el ayatollahJamenei, anciano y enfermo, y de las actitudes intransigentes que trascienden del Consejo de Guardianes, la Guardia Revolucionaria, etc., la larga negociación nuclear ha supuesto la colocación de estos sectores, así como de otros elementos progresistas, aperturistas y moderados que se identifican con el presidente Rohani, en posiciones muy distanciadas; los estrictos defensores del Régimen y de la Revolución Islámica, de una actividad nuclear sin interferencias, se han hecho más y más inmovilistas frente a los elementos y sectores identificados con el presidente Rohani. En aquellos sectores se habría incrementado la tendencia al inmovilismo y a la resistencia; el desmantelamiento de instalaciones y el régimen de inspecciones son contemplados desde este ángulo como afrentas inasumibles para la soberanía nacional y la seguridad del país. Quiere esto decir que la negociación nuclear es también en Irán motivo de una polémica muy enconada en el seno de su misma élite política, donde no se sabe muy bien qué poderes e instrucciones tienen sus negociadores, en qué posición queda el presidente Rohani y todos los que a su lado representarían una posibilidad de progreso y normalización respecto a la sociedad internacional y a su propio pueblo también.

Con una larga historia de escondites y mentiras frente al Consejo de Seguridad y la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) Irán parece adoptar en el tramo negociador en que se encuentra, al menos por parte de sus máximos dirigentes, una actitud maximalista que no se corresponde con unas ofertas de la otra parte razonables y moderadas, por las que en absoluto se pretende eliminar su labor nuclear, tan solo su reducción y su control. Por parte de ciertos sectores de los Estados Unidos se denuncia precisamente que el presidente Obama, de manera progresiva, ha ido reduciendo sus exigencias, que incluso habría erosionado los principios de la no proliferación nuclear; lo que ha hecho Ray Takey en su reciente comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Ha afirmado que durante el proceso negociador, Irán substancialmente ha mantenido sus líneas programáticas, mientras que los Estados Unidos de manera sistemática han abandonado prohibiciones muy sensibles que durante mucho tiempo han guiado su política en cuestiones de alta seguridad.

Las ambiciones del Shah

De paso se ha recordado igualmente que las ambiciones nucleares de Irán no son nuevas, sino que datan de la época del Shah; pese a ser un estrecho aliado de los Estados Unidos fue obligado a mantenerlas dentro de unos límites, lo que hasta ahora no se estaría consiguiendo con estas autoridades. Ambas partes, en cualquier caso, no han cesado de insistir en que quieren un acuerdo. Su ausencia pondría al presidente Rohani en una posición difícil -obligado a dar explicaciones a una población que ha acogido con júbilo a los negociadores al volver a Teherán-, que tendría que seguir soportando la carestía y las privaciones acarreadas por las sanciones; no quedarían tampoco en buena posición el P5+1 y particularmente los Estados Unidos, resignados al incremento y al desarrollo incontrolados del poderío nuclear iraní, tentados de nuevo con la alternativa en el uso de medios militares para quebrantarlo. En este caso, la opción militar solo serviría para retrasar la labor nuclear de los iraníes, en un país más que enardecido por el castigo recibido, con orgullo e ira incontenibles, decidido como nunca a seguir adelante con la bomba.

Caso de lograrse un acuerdo puede imaginarse un Irán plenamente restablecido en su vida económica, con una población a la que se alivia sobremanera una vez suprimidas las sanciones, reintegrado en la sociedad internacional, eliminado de la infame lista de países que fomentan y practican el terrorismo, etc. Un país al que además se le permite la actividad nuclear siempre que se oriente a fines pacíficos y autorice inspecciones en cualquier momento y lugar, con capacidad limitada de seguir enriqueciendo uranio, pero con un número menor de centrifugadoras y el desmantelamiento de las instalaciones de Arak, y quizás Fordow. En definitiva, que no se pretende eliminar la capacidad nuclear iraní, solo se pretende reducirla, alejar el momento en que su industria nuclear sea capaz de producir la bomba. A la hora de las comparaciones se habría pretendido que con Irán no se produzca la situación de Corea del Norte -su terrible radicalización nuclear-, o que Irán llegue a ser algo así como un Japón, de gran capacidad nuclear pero absolutamente decidido a no fabricar la bomba a la que técnicamente tendría acceso.

Irán no es Japón, tampoco Corea del Norte

También es verdad que Japón goza de una confianza internacional de la que carece Irán, al menos por ahora. No la tiene por parte de países como e Israel, Arabia Saudí y los del Golfo Pérsico, en general muy reacios con ese Irán emergente, legalizado internacionalmente en cuestiones nucleares, y por ello con las manos libres para seguir mintiendo e interviniendo en Irak, Líbano, Siria y Yemen; abanderado de la Revolución Islámica en su lectura chiíta, suscitando todos los temores del mundo sunita, contribuyendo a la rivalidad entre musulmanes y a la animosidad de Arabia Saudí por la hegemonía en Oriente Medio. Es decir, que las perspectivas de un Irán liberado, acentuadas por sus rivales en un sentido negativo, se contraponen a las que, ciertamente también muy negativas, se abrirían para un Irán sancionado y arrinconado, un país indeseable, con el orgullo mesiánico renovado pero con graves limitaciones financieras, comerciales, industriales y políticas en sus relaciones, con una población descontenta y una élite del poder encastillada, con mas represión, etc., que desde luego acabaría pareciéndose mas a Corea del Norte que a Japón.

Como curándose en salud y en la cuenta atrás que políticos y empresarios occidentales recorren desde hace algún tiempo, hacia el levantamiento de las sanciones y la conclusión de un acuerdo, se calculan también las complicaciones que acarrearía el colapso de las negociaciones entre el P5+1 y un Irán distinguido en cualquier caso por su extensión territorial y su población, sus recursos humanos y naturales y su cultura. Se teme que entonces el P5+1 no seguiría actuando unido; especialmente en países como China y Rusia buscarían soluciones y caminos propios para relacionarse con ese país, cosa que ya llevan haciendo, para que no se interrumpan los intercambios. Las sanciones del los Estados Unidos, de la Unión Europea, de las Naciones Unidas, se mantendrían con dificultad creciente, cada vez serían menos aceptadas y mas vulneradas. Y como antes se señaló, un Irán en malas condiciones políticas y económicas es la peor hipótesis que se puede presentar para una región que necesita imperiosamente la paz, el desarrollo y la estabilidad. Con una élite política fraccionada y una población harta de privaciones y represión ese país sería muy peligroso, con un Régimen enloquecido y deslegitimado, incapaz de proporcionar libertad y progreso. Algo rechazable para los iraníes y para todo el que tenga buena voluntad y deseos de paz. Es muy difícil prescindir de Irán.

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