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04/08/2018 10:17 CEST | Actualizado 04/08/2018 10:17 CEST

Entre los bastidores del museo

La fachada de la Biblioteca-Museo Víctor Balaguer.
Ajuntament de Vilanova i la Geltrú
La fachada de la Biblioteca-Museo Víctor Balaguer.

Llego con mucha expectación. Es mi primera vez. Nunca he estado en la trastienda del museo de mi ciudad. Me recibe la directora, Mireia Rosich. Conoce este museo como la palma de su mano. Lleva desde 2003 dirigiendo este equipamiento cultural de Vilanova i la Geltrú.

He visitado varias veces la Biblioteca-Museo Víctor Balaguer, pero nunca he visto lo que guardan sus entrañas. Soy consciente de que es un museo importante. Y no solo por su contenido, sino también por el continente. Se trata de un edificio que el escritor, periodista y político Víctor Balaguer promovió en la ciudad donde vivía. Mandó construir dos áreas bien diferenciadas: la biblioteca y el museo.

"Es un proyecto muy personal. Intentó montar una gran academia", me explica Mireia Rosich. Víctor Balaguer quería facilitar a los ciudadanos el acceso al conocimiento y, sin darse cuenta, estaba siendo el impulsor del primer museo de arte abierto al público en Cataluña. Se inauguró en 1884.

Pero, ¿qué hay dentro? Seguro que muchos vecinos de la ciudad no saben lo que tienen frente a la estación de tren. La biblioteca, por su parte, es un escenario genuino del siglo XIX, un espacio evocador que transporta a esas fuentes del saber del romanticismo. Si se visita la ciudad, es obligatorio disfrutar de esas estanterías con más de 22.000 libros antiguos.

Ajuntament de Vilanova i la Geltrú

En la otra parte del edificio se exponen decenas de obras de arte. La influencia del que fuera ministro de Ultramar durante algunos meses de 1871 y de 1874 y entre 1886 y 1888; y también ministro de Fomento durante 20 días en la primavera de 1872, permitió que su museo cuente hoy con los artistas más reconocidos.

La pinacoteca atesora cuadros de El Greco, Goya, Sorolla, Rubens, Murillo, Ribera... Me parece alucinante el óleo de casi seis metros de Joaquín Sorolla: "Defensa del parque de artillería de Monteleón". El Siglo de Oro, llegado en depósito desde El Prado, ocupa gran parte de la exposición, junto con otros pintores catalanes como Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Marià Fortuny o Ramon Martí Alsina.

Ajuntament de Vilanova i la Geltrú

También llenan las salas del museo otras piezas provenientes de donaciones y de recuerdos de viajes y aventuras del político: cuadros de arte moderno y contemporáneo, artistas locales, objetos de diferentes culturas y tesoros del mundo egipcio. ¡En Vilanova tenemos una de las cuatro momias que hay en Cataluña y la única que es una criatura! Se llama Nessi y no se sabe si era un niño o una niña. Popularmente se dice que era una niña, pero los expertos tienen dudas.

Ajuntament de Vilanova i la Geltrú

Lo que el Víctor Balaguer podría llegar a ser

Es el momento de ver qué me espera detrás de las paredes que sujetan los cuadros. El almacén o -mejor dicho- el centro de conservación de colecciones del museo está situado en un edificio diferente de la misma calle y ocupa 207 metros cuadrados divididos en dos plantas. Allí se catalogan, conservan y restauran obras de arte que no caben en la zona de exposición al público.

Estoy nervioso. No quisiera desaprovechar esta oportunidad. Me siento un privilegiado porque poca gente ha podido acceder a este espacio. Solo se han organizado visitas guiadas en ocasiones puntuales.

Muchos museos ya han mostrado al público sus interioridades, aunque "de momento, los almacenes a la vista no es lo más extendido", me explica Almudena Domínguez, catedrática de Arqueología y directora del Máster en Museos: Educación y Comunicación de la Universidad de Zaragoza. En España, encontramos algunos museos que hacen visitables sus centros de conservación, ya sea una vez al mes, en horarios determinados o con visitas guiadas concertadas.

Esta es la manera que han encontrado los museólogos de darle visibilidad al fondo que no se puede exponer. El almacén de la Biblioteca-Museo Víctor Balaguer alberga alrededor del 80% del total de su fondo. Todas las colecciones tienen alguna parte guardada. Incluso hay monedas, medallas o muebles que nunca han sido expuestos ni en parte. Allí se conservan como oro en paño, por ejemplo, algunos bodegones de Juan de Arellano u obra de Francisco Ribalta. "Solo con las mejores piezas que tenemos en los almacenes podríamos hacer otro museo", lamenta Rosich.

Javi Polinario
Mireia Rosich muestra algunos cuadros del almacén del museo.

Además de organizar visitas puntualmente, la directora del museo también opta por darle salida al fondo guardado a través de exposiciones temporales: "Soy partidaria de tener una línea expositiva que trabaje el fondo porque, de esta manera, la agenda actúa de motor. Así, además de renovar la programación, sirve para preparar y limpiar las piezas, volverlas a fotografiar, documentarlas mejor, divulgarlas, etc." "Cuando acaba la exposición, la colección ha salido muy beneficiada", concluye.

Entre las bambalinas de un museo

No podemos ver las obras guardadas, pero están ahí, igual que el trabajo riguroso y minucioso que se hace en estos centros de conservación de colecciones para documentar todo lo que llega al museo y ofrecerlo a los investigadores que lo necesiten: "Se emplea mucho tiempo y personal en custodiar y preservar el fondo. En todo momento debes saber qué tienes, dónde lo tienes y cómo lo tienes", recalca Rosich.

Además, este equipamiento público también tiene la responsabilidad de conservar el fondo del ayuntamiento, el patrimonio municipal y los hallazgos de los yacimientos locales: un poblado ibérico y una villa romana.

La conservación y documentación de un museo paralelo sin exponer requiere un presupuesto adicional que, en los últimos años, solo se ha visto menguar. Las horas de dedicación de personal especializado y el acondicionamiento de las instalaciones para preservar físicamente las piezas implica un esfuerzo económico extra que no todos los museos se pueden permitir.

"La crisis económica ha dañado notablemente el espíritu de conservación, restauración e investigación de los museos y los profesionales contemplan con desazón y pesimismo la imposibilidad de llevar a cabo determinadas actuaciones que son necesarias", recuerda Almudena Domínguez. "Muchos museos solo se ocupan de las intervenciones más urgentes", añade.

Javi Polinario
Algunas de las decenas de esculturas del almacén del museo.

La catedrática de Arqueología de la Universidad de Zaragoza también asegura que esta situación económica puede poner en riesgo las colecciones: "Los profesionales de los museos se enfrentan a no poder cumplir con los requisitos mínimos en cuanto a proteger las colecciones guardadas en los almacenes contra los efectos nocivos (luz, temperatura, humedad, polvo...) y asegurar así su preservación para al futuro".

Aun así, Domínguez deja claro que, por lo general, el estado del patrimonio conservado en los almacenes de los museos "no es de peligrosidad." Aunque sí recuerda algún caso puntual como el hallazgo de un lienzo de Goya "olvidado y empolvado" en las reservas del Museo de Zaragoza. "Sería necesario diferenciar por países, por museos nacionales o privados y por localidades (museos urbanos o territoriales)", aclara.

Javi Polinario

En el Víctor Balaguer también escasean los presupuestos, pero, de momento, las obras no corren peligro. La conservadora del museo, Mar Pérez, y algunos becarios que están aprendiendo con ella trabajan incansablemente para mantener ordenado ese espacio y velar por la catalogación y preservación de las piezas.

Al borde del colapso

Mireia Rosich se muestra preocupada porque el almacén de la Biblioteca-Museo Víctor Balaguer está llegando al límite de su capacidad: "Continúan llegando cosas, pero no se puede aceptar todo."

"Cuando quieren hacernos una donación, lo valoramos concienzudamente desde un punto de vista experto, porque una obra suelta aún la podemos acoger, pero sí llega un conjunto de piezas en bloque, estamos perdidos", me explica la directora, que añade que se está trabajando en un plan de adquisiciones para actuar de forma coherente y consensuada ante cualquier nueva oportunidad de adquisición.

Pero su caso no es único. La densidad de los fondos de reserva de la mayoría de los museos cada vez va a más "y eso plantea dudas" según Domínguez, que insiste en la necesidad de debatir "cuál es la función que deben cumplir los depósitos de reserva y qué queremos hacer con estos fondos".

Los almacenes están casi saturados –con la única expectativa de seguir creciendo- y, además, la preservación de las piezas necesita que se incremente el personal y los presupuestos. La suma de estas dos realidades pone en alerta a los profesionales de los museos que consideran esencial reflexionar sobre cómo deben evolucionar estos centros de conservación de colecciones.

Para una segunda fase quedará la discusión sobre cómo hacer visibles para los ciudadanos estos fondos guardados. Mientras tanto, los visitantes podemos seguir soñando con estos enigmáticos espacios: qué piezas habrá, qué cantidad del fondo está en reserva, cómo estará ordenado, cuánta gente trabajará, qué estarán restaurando ahora...