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01/05/2013 09:49 CEST | Actualizado 01/07/2013 11:12 CEST

El mañana es suyo

En estos días como siempre, Miami bulle de energía, músicas y colores latinos. Entre la atmósfera hispana que impregna las calles, se deja sentir nítidamente la presencia española ("los hispanos europeos") acrecentada estos días por las delegaciones que han venido a conmemorar la hazaña de Ponce de León.

En estos días como siempre, Miami bulle de energía, músicas y colores latinos. Entre la atmósfera hispana que impregna las calles, se deja sentir nítidamente la presencia española ("los hispanos europeos") acrecentada estos días por las delegaciones que han venido a conmemorar la hazaña de Ponce de León, un hito que invita a una celebración compartida, donde los protagonistas no pueden ser otros que los propios hispanos, los estadounidenses.

A pocas horas de la inauguración de la Vª Convención de Líderes Hispanos está todo preparado para recibir a los invitados y escuchar las intervenciones de los extraordinarios ponentes que entre la Fundación Carolina y la Asociación de Líderes hemos conseguido reunir. Poco a poco aparecen los participantes más ilustres, entre los que destacan, entre otros, Antonio Flores, presidente de la Asociación Hispana de Colegios y Universidades; Luis Fernández, presidente de Univisión Studios; o Dina Siegel Vann, que además de dirigir el Instituto Latinoamericano del Comité Judío-Americano en Washington, es colaboradora de The Huffington Post. No obstante, las mayores estrellas se cuentan entre los miembros de la Asociación de Líderes Hispanos, sobre la que quisiera detenerme.

La Asociación, producto de la inteligencia pragmática de sus integrantes, es en parte un lobby. Quizá el término pueda levantar suspicacias entre los lectores menos avisados y es que los lobbies estadounidenses son el fiel reflejo de la interpretación de la democracia en este país: un sistema pluralista en el que, además de los partidos políticos, diversos colectivos procedentes de la sociedad civil y legalmente establecidos rivalizan por que sus intereses se introduzcan en la agenda política. Y he aquí la clave del asunto, la estrecha interconexión que en Estados Unidos se da entre el sistema político y el social, entre el mundo público y el privado, lo que no hace sino dotar de transparencia a las legítimas ambiciones de cada cual y enriquece al tiempo las virtudes cívicas de la población, además de forjar entre sus miembros más activos las facultades del liderazgo.

En este sentido, la Asociación de Líderes Hispanos --además de fomentar la voz hispana-- puede vanagloriarse de contar con figuras que ya tienen experiencia en la Administración Obama, como Dan Restrepo, o que han recibido las más altas distinciones por parte del Estado español, como Esther Aguilera y Patria Julnes, condecoradas con la Cruz de la Orden de Isabel la Católica y expresidentas, ambas, de la Asociación. Pero muchos más líderes brillarán sin duda en el futuro, ahora todavía en cargos más técnicos, pero cuya proyección es imparable.

Una mezcla de expectativas, esperanzas e inquietudes se entreveran momentos antes de cualquier acontecimiento: los actores de teatro conocen bien estos sentimientos que, por muchas tablas que se tenga, se repiten día tras día, antes de cada actuación. Más atenuada es la impresión de impaciencia que se suscita entre una nueva generación de estadounidenses biculturales a la que todos predicen buenos augurios. Pero a menudo no hay nada más paralizante que saberse el blanco de todas las miradas y depositario de promesas casi inalcanzables. Ante ambos tempos, el de la inminencia de la determinación y el de la cadencia aparentemente más pausada de un porvenir que de pronto se precipita, la clave del buen actor, así como la del gran líder, es conservar el temple, dejar fluir las sensaciones y saber detectar la oportunidad de deslumbrar y tomar la decisión pertinente en el instante adecuado. Así lo harán sin duda los hispanos en el día de mañana, literal y metafóricamente hablando: el futuro es suyo.

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