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15/02/2013 08:23 CET | Actualizado 16/04/2013 11:12 CEST

Déficits humanitarios de la Marca España

Nos preocupa enormemente el que uno de esos países donantes, España, esté desmantelando su ayuda humanitaria y se haya retirado de la lucha contra la gran pandemia de las últimas décadas, el sida. Esta decisión va a tener un enorme coste humano. Estos fondos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

0. A cero se reduce la contribución de España al Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis en 2012. Cero fue también la contribución en 2011. Si nadie lo remedia, será cero en 2013.

10. Diez fueron los millones de euros prometidos por España al Fondo Mundial en la Conferencia Internacional sobre el Sida de Washington en julio de 2012. Una cifra escasísima.

55 %. Es la medida de la última aportación de España al Fondo Mundial, en 2010: 189 millones, un 55% de lo que había comprometido.

90 %. Es el recorte sufrido por la ayuda humanitaria pública española entre 2009 y 2012: ha pasado de 465 millones de euros a menos de 50. Las previsiones para 2013 dibujan un escenario nefasto: el borrador de Presupuestos anuncia menos de 20 millones de euros.

Estas son las cifras del desastre: España le ha dado la espalda a la lucha contra el sida y a la respuesta a las crisis humanitarias, dejando en la cuneta a las poblaciones vulnerables que recibían una ayuda vital en todo el mundo. Los recortes empezaron con el Gobierno anterior, en 2009, y se han agravado exponencialmente en los últimos tiempos.

Esta marcha atrás es el resultado de una opción política no una cuestión presupuestaria: no nos dejemos engañar por el discurso que enfrenta a los pobres "de aquí" con los pobres "de allí". Esta dicotomía es más un acto de manipulación política que una justificación aceptable: ética y conceptualmente, no hay ninguna razón para dejar de responder a las necesidades de un grupo de personas porque haya otro grupo distinto con necesidades diferentes.

"Los de allí" son los refugiados sudaneses cobijados bajo plásticos en Sudán del Sur, son los niños que pueden morir de desnutrición en Níger, son las incesantes víctimas del cólera en Haití, son los pacientes de VIH que reciben tratamiento y los que aún no han tenido esa suerte. Son personas que no pueden esperar, y cuya asistencia reposa la mayoría de las veces en agentes externos: en agencias internacionales financiadas por países donantes y en organizaciones como Médicos Sin Fronteras.

Por eso nos preocupa enormemente el que uno de esos países donantes, España, esté desmantelando su ayuda humanitaria y se haya retirado de la lucha contra la gran pandemia de las últimas décadas, el sida. Esta decisión va a tener un enorme coste humano. Estos fondos, que no deberían ser víctima propiciatoria de la crisis económica, pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para quienes la reciben: España estaba marcando esa diferencia y ha dejado de hacerlo.

Tras años de sólidos compromisos, España se ha convertido en un donante irrelevante en el panorama internacional, y eso justo en el momento en el que retoma sus ambiciones de regresar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el bienio 2015-16. A la hora de conseguir aliados, podrían resultar determinantes los votos procedentes de ese gran número de países afectados por la pandemia del sida y otras emergencias ahora descartadas por los fondos públicos.

El "firme compromiso" internacional que el presidente del Gobierno defendió en su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado se demuestra apoyando a organismos como el Fondo Mundial, que actualmente financia la mitad de la cohorte mundial de pacientes en tratamiento contra el VIH en el mundo: casi 4 millones de personas, de los 8 millones que han salvado la vida gracias a la terapia antirretroviral. España había llegado a ser el quinto donante del Fondo, con aportaciones de más de 200 millones al año.

Dejar su contribución en cero, o mutilar las partidas de ayuda humanitaria pública y otras aportaciones a organismos multilaterales, aparte de no resolver el déficit, lanza un mensaje de desinterés por las emergencias que afectan a una gran parte de la población del planeta. El Gobierno debe decidir qué parámetros quiere que definan la Marca España, y este déficit humanitario seguramente no es el más conveniente.

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