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20/12/2012 08:30 CET | Actualizado 18/02/2013 11:12 CET

Por qué ha cerrado la nuclear de Garoña

La hipótesis (no oficial) que se maneja en círculos ecologistas es que Garoña se cierra por graves problemas de seguridad. Ya en su momento el informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) obligaba a serias mejoras en la central para alargar su vida. Pero el accidente de Fukushima ha complicado las cosas.

El cierre "definitivo pero reversible" de la central nuclear de Garoña va a dar todavía mucho que hablar. Garoña, la nuclear española más antigua en funcionamiento, se apagó el domingo 16 de diciembre dejando, sin embargo, muchas incógnitas abiertas. Inaugurada por Franco en 1971, Garoña se ha situado una vez más en el centro de la polémica. Ya lo fue en 2009, cuando al vencer su permiso de funcionamento el Gobierno de Zapatero tuvo en su mano la posibilidad de cerrarla definitivamente. Pero no se atrevió a hacerlo y postergó su cierre definitivo hasta 2013, sabiendo ya entonces que era más que probable que un Gobierno del PP no cosumaría aquella decisión.

Efectivamente Rajoy hizo bandera en la campaña electoral del alargamiento de la vida de la central nuclear por diez años más. De hecho durante el mandato de Zapatero, el PP hizo resonar sus tambores pronucleares, de la mano de una campaña de presión de la empresa propietaria, Nuclenor (propiedad al 50% de Endesa e Iberdrola), para evitar su cierre. Ahora todo parece venírsele abajo al PP, con la decisión de Nuclenor de echar el cierre.

Pero, ¿por qué ha cerrado la nuclear de Garoña?

En esto, como en todo lo que rodea a la vida de las centrales nucleares hay muy poca transparencia. Los ciudadanos conocemos una parte de la realidad, pero probablemente no toda. De manera oficial Nuclenor informa de que cierra Garoña porque "en caso de aprobarse el Proyecto de Ley de Medidas Fiscales para la Sostenibilidad Energética con su redacción actual, Garoña debería hacer frente a impuestos adicionales en 2013 valorados en 153 millones de euros". Al parecer esa cifra le parece excesiva a la empresa, y prefiere cerrarla.

Sin embargo no parece demasiado creíble que la empresa cierre una central nuclear ya amortizada como medida de presión contra un impuesto del Gobierno.

La otra hipótesis (no oficial) que se maneja en círculos ecologistas es que Garoña se cierra por graves problemas de seguridad. Ya en su momento el informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) obligaba a serias mejoras en la central para alargar su vida. Pero el accidente de Fukushima ha complicado las cosas. De hecho, el reactor es de un diseño similar al reactor 1 de la nuclear japonesa, que sufrió aquel grave accidente en marzo de 2011. La central de Garoña presenta, según Ecologistas en Acción, graves problemas de corrosión y fisuras en la vasija, una degradación similar a la central nuclear belga de Doel 3. Las inversiones necesarias en seguridad serían tan altas que, ahí sí, no compensan a la empresa propietaria continuar con su explotación.

Parece, por tanto, que Garoña ha echado el cierre definitivo, pero por problemas de seguridad. Y tal vez las empresas propietarias estén utilizando el asunto en forma de pulso al Gobierno para evitar las medidas fiscales que se impondrían a las nucleares en el nuevo marco de política energética que aprobará el Gobierno. Pero eso no parece la razón real.

Veremos qué nos depara el caso en los próximos meses, pero mientras tanto, el cierre de la nuclear debería servir para avanzar hacia una política energética más sostenible y más limpia, a través de un cambio en la política energética que devuelva a las renovables un protagonismo que nunca debieron perder en España.

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