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11/11/2015 07:03 CET | Actualizado 10/11/2016 11:12 CET

Votar al PP es abrir de par en par las puertas a la tiranía

manifestacionSi queremos mantener una democracia real en España, la clave es no volver a escoger al Partido Popular para gobernar. Debemos ejercer nuestro poder mediante el voto, no hacerlo es un error. Y es también una irresponsabilidad como ciudadanas/os cuando están en juego nuestros derechos fundamentales. Oponernos al PP es resistir, es desobedecer, y es democráticamente sano y necesario.

Según las últimas encuestas del CIS, el Partido Popular volvería a ganar las elecciones generales con más de un 29% de los votos.

Parece una broma de mal gusto, o una noticia ficticia publicada por un periódico de humor... Pero no, son datos reales que se corresponden con las opiniones de ciudadanos y ciudadanas reales... Esto es lo más terrible de todo. La ciudadanía sigue apostando por votar al partido que, gracias a la mayoría absoluta, ha sido capaz de sacar leyes que no eran respaldadas por ningún partido de la oposición, del tipo de la ley mordaza.

Es el partido que se ha visto atravesado por los escándalos de corrupción más grandes de este país, mientras recortaba en educación, sanidad y vivienda.

Deberíamos analizar lo que supone votar de nuevo por el Partido Popular para gobernar una legislatura más. Desde la perspectiva de los Derechos Humanos y los Derechos de las Mujeres.

Votar por el PP significa apoyar la ley mordaza, la llamada Ley de Seguridad Ciudadana, la cual restringe derechos fundamentales como el derecho de protesta, el derecho de reunión, o el derecho a la libre expresión. Una ley señalada por observadores de la ONU como represiva e incompatible con la garantía de los Derechos Humanos.

El control de la protesta ciudadana otorga al Gobierno una inmunidad total para actuar a su antojo, mientras la policía opera como guardiana del orden. Orden represivo que vigila cualquier movimiento o tentativa de desobediencia, y que amenaza a los manifestantes, en muchas ocasiones, con multas más elevadas que sus salarios.

Imagen: FEMEN

También la corrupción ha sido uno de los puntos más importantes que deberíamos recordar a la hora de confiar la democracia a los populares de nuevo. Tramas y casos que han sacado a la luz como imputados e investigados a numerosos miembros del Partido Popular, desde alcaldes hasta ministros, diputados y eurodiputados.

Casos de corrupción que, en algunos casos, terminaban asociados al consumo de prostitución . Como "el volquete de putas" con el que quería celebrar Alejandro Halffter, ex viceconsejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, la declaración de agentes implicados en los seguimientos a políticos en la Comunidad por no culpar a los responsables políticos en sus declaraciones. O como en el PP de Asturias y Galicia, donde algunos cargos supuestamente consumían prostitución a cuenta de la empresa Agbar, investigada en la Operación Pokemon.

Por si esto fuera poco, a su vez, los recortes en servicios públicos han marcado el ritmo del Gobierno popular. Los recortes a ayudas en educación han ido afectando progresivamente cada año a más familias, al mismo tiempo que el PP ha favorecido la sanidad privada, desatendiendo la sanidad pública y dejando sin atención médica a aquellas personas que no poseyeran tarjeta sanitaria, negando un derecho universal, como es la salud, a seres humanos por el hecho migrantes.

Sin embargo, y como mujer, me veo en la obligación de centrarme especialmente en las violencias estructurales contra las mujeres que ha llevado a cabo este Gobierno durante su mandato. Desde la reforma de la ley del aborto hasta los inaceptables consejos que ofrecía el Ministerio de Igualdad para evitar la violación.

Oponernos al PP es resistir, es desobedecer, y es democráticamente sano y necesario.

El PP ha involucionado en materia de igualdad, atentando contra el derecho fundamental de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, proponiendo una reforma que nos retrotraía a una época anterior a los primeros tiempos de la democracia. Nos han querido negar el derecho al aborto. Un derecho sexual y reproductivo que, en este país, salió de la clandestinidad y se configuró como un derecho de salud gracias a la lucha feminista y al compromiso social.

Han permitido que ministros como Gallardón propusieran leyes con la mano en la Biblia, y no en la Constitución, poniendo en jaque la vida reproductiva de las mujeres españolas en base a la moral religiosa, dejando que el lobby católico interviniese dentro del Estado.

No obstante, no se han dado por vencidos. Nuestro derecho al aborto libre, seguro y gratuito sigue estando amenazado. Recientemente, el PP restringió el acceso de las menores entre 16 y 18 años a decidir sin el consentimiento de sus padres. El código penal estipula que las menores con esta edad podrían dar su consentimiento para mantener relaciones sexuales, pero, según la óptica de los populares, no serían suficientemente adultas para escoger si quieren ser madres o no...

No podemos bajar la guardia, pues día tras día vemos cómo representantes populares se llenan la boca con comentarios sexistas, mientras los casos de violencia machista van en aumento. Ellos son el espejo de quienes quieren gobernar la vida de las españolas. Tampoco las políticas de protección y apoyo a las víctimas se han visto reforzadas en absoluto, sino que han visto recortado su presupuesto hasta en un 30%. ¿Acaso no se dan cuenta de lo grave que es la situación de muchas mujeres?

Se establecen días de luto por numerosas tragedias, pero no ha habido un día en que la bandera de la Moncloa o el Congreso estuviese a media asta por las mujeres asesinadas por el machismo.

Imagen: Archivo FEMEN

Si queremos mantener una democracia real en España, la clave es no volver a escoger al Partido Popular para gobernar. Debemos ejercer nuestro poder mediante el voto, no hacerlo es un error. Y es también una irresponsabilidad como ciudadanas/os cuando están en juego nuestros derechos fundamentales.

Oponernos al PP es resistir, es desobedecer, y es democráticamente sano y necesario.