‘Backwards shopping’, el último fenómeno viral: empezar por vaciar la nevera antes de ir al supermercado promete un ahorro de hasta 700 euros al año
Una forma de recortar compras impulsivas y rebajar el gasto anual.

En un contexto en el que la inflación sigue apretando los bolsillos y cada visita al supermercado se siente un poco más cara que la anterior, aprender a comprar mejor se ha convertido casi en una habilidad de supervivencia cotidiana. Ya no se trata solo de llenar la nevera, sino de hacerlo con cabeza, evitando gastos innecesarios y aprovechando al máximo lo que ya tenemos en casa en un momento en el que cada euro cuenta más que nunca.
En esa búsqueda de fórmulas para estirar el presupuesto sin complicarse la vida, ha ganado fuerza una tendencia tan simple como efectiva: darle la vuelta a la forma en la que hacemos la compra. De eso trata el backwards shopping o “compra al revés”, que consiste en abrir la nevera, revisar la despensa y el congelador, y solo después hacer la lista con lo imprescindible. Una forma sencilla de evitar compras impulsivas, reducir desperdicios y ahorrar más de lo que parece a final de mes.
El método, popularizado por la influencer y bloguera británica Lauren Thorpe, se presenta como una forma de recortar compras impulsivas y rebajar el gasto anual en torno a 700 euros, tal y como recoge el medio francés Presse Citron. Todo ello sin grandes sacrificios, simplemente aprovechando mejor los alimentos que muchas veces terminan olvidados al fondo de la nevera o la despensa.

Aprovechar hasta el último ingrediente
La lógica es sencilla y, precisamente por eso, está conectando con mucha gente: en lugar de decidir la compra por antojo y acabar duplicando productos que ya tienes, se hace el camino al revés. Primero, inventario; después, comidas; y por último, compra. Algunas versiones de esta tendencia incluso consultan a la inteligencia artificial para convertir los ingredientes olvidados en recetas aprovechables.
El atractivo de esta fórmula no es solo económico, sino que también ataca uno de los grandes problemas domésticos del desperdicio alimentario. Y es que gran parte de la comida que acaba en la basura no se tira porque esté en mal estado, sino porque se compra de más, se olvida o termina caducando en el fondo de la nevera. Revisar primero lo que ya hay en casa ayuda a consumir antes esos productos y a reducir un despilfarro que tiene un importante impacto medioambiental.
El backwards shopping no promete milagros ni exige vivir con el puño cerrado, pero sí pone freno a dos hábitos muy caros: comprar por inercia y dejar caducar lo que ya estaba en casa. En un momento en el que la comida pesa cada vez más en el presupuesto familiar, esta sencilla forma de organizar la compra se está convirtiendo en un pequeño gesto capaz de marcar una gran diferencia a final de mes.
