Andrés Suárez: "La gente no se pronuncia porque tiene miedo de perder un seguidor"
El cantautor presenta su nuevo disco 'Lúa' y una gira con la que pasará los próximos 13 y 14 de marzo en la Riviera.
24 de febrero de 2023, viernes de lanzamiento y Andrés Suárez publica el que probablemente sea el disco más vitalista de su trayectoria: Viaje de vida y vuelta. Entonces, el gallego recibe un mensaje que dice "A ver cuándo te separas y haces un discazo".
Entonces, asegura en su entrevista con El HuffPost, eso le provocó un ataque risa. Lo que no sabía es que iba a ser una especie de premonición autocumplida. El divorcio llegaría y, con él, una depresión que asegura todavía sufrir desde mediados de 2024 y que vuelve a traer el Suárez más desgarrado con este Lúa, que vio la luz el pasado 27 de febrero.
En estos tres años, Suárez ha transitado sus "infiernos" y ha puesto coto a la que considera su adicción más difícil: el teléfono móvil. "La única droga de las que consumí que me generó síndrome de abstinencia, mono y ansiedad se llama teléfono móvil. Soy adicto al teléfono móvil y todavía me estoy curando", asegura. Paró un año para componer este trabajo, que no comulga con las directrices ni las normas que marca hoy en día la industria.
De hecho, el cantautor que asegura que sus días más tristes a nivel personal los vivió mientras llegaba el éxito de Moraima y de temas como Números cardinales o Vuelve y que no quiere volver a ser número uno. "A mí me importa una mierda ser número 1, yo sé que este disco lo cantaré dentro de cinco años y que es el momento de ser más humano que nunca", zanja. Ni tampoco pretende callarse en un entorno cada vez más polarizado y con más violencia en redes sociales.
¿Has pasado del vitalismo de Viaje de vida y vuelta a la introspección de Lúa? ¿Ha sido algo catártico?
A mí me hizo tanta gracia una cosa que me pasó que lo cuento siempre, y me parece brutal. Es que en Viaje de vida y vuelta, que como todos mis discos cuento lo que beso y conozco y en 25 años de carrera hay alegría, dolor, subidón, otros fallece alguien que quiero, era un disco pospandémico y estaba yo vestido de rojo, riéndome, diciendo “joder, la vida es maravillosa”. Yo estaba acomodado, con dinero en el banco, casado, enamorado, mis perros paseaban en la playa conmigo... Ese era el disco.
En el vídeo este de las 12 de la noche que hacías cuando sacabas el disco, el primer comentario era de un chico, que no conozco pero lo amo y quiero abrazarlo, que ponía “a ver cuándo te separas y haces un discazo”. A mí me dio un ataque de risa de 15 minutos y me caí al suelo, pero esconde muchas cosas eso. Es decir, hay un sector de mi público que está feliz porque esa introspección de la que me hablas, yo la llamo depresión.
Depresión diagnosticada, desde mediados del 2024 y todo el año 2025, un momento horrible. Casi tanto como cuando yo estaba en Moraima, que es mi disco más vendido y fue un éxito, que estaba hundido, estaba llorando en los hoteles cuando se llenaban las salas.
Entonces estoy, no en un momento igual porque también hubo amor y demás, pero estuve en un momento horrible y hay una parte de mi público que se frota las manos. Me encantaría decirte que escribo mejor acomodado, como te decía, dinero en el banco y paseando los domingos, pero no es verdad.
Uno cuando conoce el infierno, como yo lo conocí a mediados del 24... Yo escribo mejor ahí. El disco comienza con Durmiendo con mi enemiga, con Cuánto daría, con Seríamos reyes, con mucho dolor, mucho dolor... Luego me oirás en un tema en el que tengo la voz almibarada, azucarada, porque voy a México y me enamoro... No me aburro nunca, la verdad, fue brutal. Así que te diría que es esa traslación desde un infierno que está quedando atrás a un enamoramiento mexicano.
¿Qué ha llevado a un gallego a San José Almería?
Amo ese lugar. Cuando vivo una separación traumática y dolorosa, me voy con mi perro, una bolsa de ropa y una guitarra a San José de Almería porque mi mejor amiga me ofrece su casa para alejarme. Y aquel amanecer, aquel anochecer, aquella naturaleza, yo que soy de aldea, aquella playa, aquella verdad y aquella noche compartida con una artista que pinta cuadros con granos de café hizo que escribiera una canción que le viene muy bien a esa cara A de la Lúa, a esa luna negra, antes de volverse jacaranda, porque por lo menos hay un halo de esperanza. Le debo mucho a esa persona porque me devolvió la esperanza y la ilusión y ese es el proceso.
Desde hace unos años se habla mucho de salud mental, de artistas como Valeria Castro que visibilizan esa necesidad de parar. ¿Tú has preferido visibilizarlo a través de tus letras?
Para empezar, estamos en un punto y un lugar donde, en tu oficio, en el mío o en la hostelería, nos enseñan o nos dicen que no se puede parar, que está prohibido. Cuando anuncié que iba a parar, tras la gira de Viaje de vida y vuelta, que luego llegó encima esta separación, depresión y demás, pero ya venía muy jodido de atrás, me di cuenta de que hice 110 conciertos en un año y un mes. Cuando digo que voy a parar, la gente que más me quiere, mis allegados, familia y amigos, me decían “vas a perder tu oficio”.
Mira en qué punto estamos de puta locura, que nos están diciendo que yo no puedo parar un año. Llevo desde los 14 trabajando y tengo 43 y te estoy diciendo parar un año, que lo hice porque pude económicamente, si pudiera parar tres, paraba.
Tengo mucho que leer, hay mucho que ver en Filmin, en Netflix, en HBO, tengo mucho que viajar, tengo mucho que conocer y que besar... Yo estaba metido en una rueda, no me di cuenta, pero era “publica esto el viernes, haz una colaboración, haz tal...”. Yo iba viendo mis redes sociales, mi Instagram, y no sé cómo no me dio un infarto, tres posts al día, o dos, o tal... No sé todavía qué voy buscando, pero desde luego me estaba alejando de mí mismo, entonces paré y eso fue lo que me salvó.
Me hablas de gente a la que quiero, de Valeria, ahora de Rozalén, de tal... Pero cómo coño no vas a parar, si estamos todo el día sin parar. De hecho, yo podría hacer una canción cada viernes, pero es una mierda de canción. El otro día me decía un amigo de una plataforma de películas y series: “Andrés, nosotros estamos publicando basura”. La gente quiere consumirla. Yo podría hacer la producción de dos años y medio en dos meses, pero es una basura de luz, de contraste, de sonido, de todo. Pero la publico y se consume.
Yo prefiero ir despacito. Esa fue la vida que yo conocí, la industria que yo conocí, cuando Simone Bosé estaba en Emmy y salió Moraima hace 14 o 15 años. Es la primera multinacional discográfica en la que yo entro y aprendí ciencia. En primer lugar, antes tú ibas en la discográfica y había como un foro y una guitarra. Te decían “eres músico, cántanos, convéncenos”. Ahora te sientas y te dicen “¿cuántos números tienes? ¿cuántos seguidores tienes?”. Eso es la hostia. Estamos todos un poquito zumbados.
También por aquel entonces, hablar de una depresión, como yo estoy hablando contigo tan cómodamente, eras un loco, un enfermo mental. Hostia, hablemos de una maldita vez de esto porque parece que hay más gente. Cuando yo lo cuento, ahora que empieza la promoción, recibo 300 mensajes de Instagram que me dicen “estoy así”, joder, ve al médico o con un profesional porque eso se llama o depresión, o ansiedad, o un montón de cosas que nos tragamos y que no podemos contar o hablar. Hagámoslo, ayudémonos, en vez de insultarnos en redes echémonos una mano.
¿Te sirven las redes sociales para conectar así con los fans?
Yo las utilizo para eso. Ahora que estoy en terapia y ayuda profesional con Elena, que es una psicóloga acojonante, me he dado cuenta que la única droga de todas las que consumí, que fueron todas en mi vida, que me generó síndrome de abstinencia, mono y ansiedad, se llama teléfono móvil. Soy adicto al teléfono móvil y todavía me estoy curando.
Ahora lo tengo capado a dos horas, pero yo consumía diez horas diarias de teléfono. Dejé las sustancias ilícitas de la noche sin que me temase el pulso. Todas, incluyendo el alcohol. Soy un mal ejemplo, pero es increíble que hoy estemos hablando de la droga de la verdadera adicción y sea el teléfono móvil.
Mi psicóloga trata adicciones al móvil con adolescentes y me habla de suicidios. Un chaval de 14 años se tira por una ventana si le quitas el teléfono de noche para dormir. Me habla de que cuando tú haces scroll, alguien cobra y no somos nosotros. Se lo han montado de puta madre los de arriba.
En Twitter pasa una cosa que es que en España, un país europeo súper desarrollado occidental, todo el mundo tiene un miedo, un pavor, que a mí eso sí que me da miedo. Que es un “no te pronuncies sobre esto”, “no te pronuncies sobre Gaza”, “no digas nada contra la homofobia porque vas a perder seguidores”. La gente tiene miedo de perder un seguidor y no se pronuncia y no duerme tranquilo por la noche.
Yo no borro nada. En Twitter yo digo que estoy en contra de la homofobia, de la tauromaquia... Todo desde el respeto, que es algo que desde el 2020 este país se perdió. En mi público viene gente de derecha, muy de derecha, nacionalistas, ácratas... y hasta ahora no era un problema. Pero resulta que por poner esto en Twitter, me dicen “é dónde vive tu madre y la voy a matar”, “sé dónde viven tus hermanos”, “estás muerto, voy a asesinarte”, “eres un hijo de...”, “tus abuelos tenían que morirse”. Todo esto está escrito ahí. La pregunta es ¿qué más tiene que pasar para que suceda algo en este país y protejan, de verdad, los que más lo necesitan, que son los menores? Porque a mí lo que me diga el “Pérgolas__55, símbolo de Batman” me produce mucha risa, pero a una niña de 14 años que le digan alta, baja, gorda, fea, guapa... Igual estás jodiendo la vida, cabrón, desde una cuenta falsa.
Ojo, porque a lo mejor el Pérgolas es una madre o un padre de familia que tiene una doble vida y para desahogarse se dedica a insultar en Twitter. No vale de nada. Primero, protección a los menores, ya. Y luego, DNI electrónico. Probablemente yo sea de las personas que más bares y afters hayan pisado en su vida y en ninguno de esos bares a mí me han dicho “voy a matar a tu madre”. Jamás. Entonces, esto del DNI electrónico, quiero saber quién dice eso para saber dónde mandar a la policía. Estamos absolutamente desprotegidos, es acojonante yo no lo entiendo.
También las redes sociales ejercen como altavoz de discursos de odio.
Mira, yo dejé los bares también porque vienen a mi casa, que es maravilloso. El bar, la trinchera que tengo en casa lo paso muy bien, vienen amigos y demás... Todo hasta 2020, lo tengo localizado. Hasta entonces, la sobremesa en la cena, había besos, había risas, carcajadas... Gente que está hoy en el Parlamento, de derechas, de izquierdas, del medio... No pasaba nada.
Hoy es “rojo de mierda, facha de mierda”. Supongo que tendrá que ver, sin ser yo sociólogo, con la polarización de las redes, con los algoritmos. Porque yo soy progresista, me salen toda la unidad de progresistas y me salen esto que hoy es gratis también, que son los bulos y las fake news. Que se pierda una familia, un grupo de amigos, unas navidades, por un rojo y un facha de mierda, a mí me da una pena, la verdad.
Se habla todo el tiempo de la buena salud de la que goza la industria de la música, especialmente en directo, pero mientras se llenan grandes recintos, grupos pequeños se ven obligados a cancelar o cierran salas. ¿Cómo ves tú, que empezaste en el Libertad 8, la situación?
Bueno, yo voy a tocar en salas, aunque la más grande es La Riviera. Pero la gente piensa que voy a dar pasos atrás, son pasos hacia adelante. Este disco lo hice con IA, Inteligencia Animal, quien venga a mis shows a esperar un espectáculo pirotécnico, no lo va a encontrar. Con todo mi amor a compañeros, hoy en día vas a un concierto y es un show, un espectáculo de fuegos fríos, pantallas... Yo llevo tres alfombras, unas lámparas de madera y a unos músicos tocando en directo, no tengo mucho más que contarte.
Parece que van a encontrar a los jóvenes así, pero es que los chavales están con el algoritmo, los chavales necesitan más mimos que nunca. Yo crecí en bares donde se fumaba y no había móviles y la peña iba a un bolo y lo veía. Cuando llamaba Julián de Libertad 8 y yo tocábamos y hablábamos de libros, llamé a Julián otro día y le dije “Tío, ¿de qué hablan los cantautores?” y me dijo “del algoritmo”. Sacan los móviles y a ver quién tiene más números. Los de arriba se inventaron un negocio de puta madre, tiraron una chuleta y mataos a por ello.
El que tenga más números gana, es lo que está pasando. Los jóvenes lo que necesitan es mimo, porque a una niña de 18 años le dices que no tiene talento porque no tiene cifras y le estás jodiendo la vida. Yo saco Lúa para dedicarme a la música dentro de 20 años y dedicarme a la música toda la vida.
Pero yo cuando fui mileurista lloré tres noches seguidas porque toqué para 20, 10 y 5 personas muchos años. Pero yo voy a vivir de la música toda la vida, no sé si en el Libertad 8 o en el Movistar Arena. Eso ya lo tengo.
Insisto, estoy en Warner y debería decirte “¡vamos a ser número 1!”. A mí me importa una mierda ser número 1, yo sé que este disco lo cantaré dentro de cinco años y que es el momento de ser más humano que nunca, de quitarse la pantalla, el algoritmo, las tendencias, las novedades viernes, y de pensar en arte, verso y música.
¿Volverá eso? ¿Volverá la música orgánica?
Yo creo que esto va a estallar por algún lado. Creo que es insostenible. Antes el Movistar Arena, tenía a ACDC, Scorpions, Serrat y Sabina, Alejandro Sanz. Una lista muy cerrada. Hoy miras la agenda un miércoles y toca una persona que lo petó en TikTok hace un mes. ¿Crees que eso es real? ¿Que eso se va a mantener? Es sostenible.
Entonces está sucediendo algo con lo que vuelvo a los jóvenes porque tenemos que mimarlos mucho. Antes, hace 25 años en el Libertad 8 que estábamos Marwán, Funambulista, Eva Amaral... No hablábamos de dinero, ahora hablan de dinero, que si con esto ganas tal, con esto otro ganas tal... ¿En serio no haces canciones por el dinero? Hostia tío, no tienes ni puta idea de qué va esto.
Dinero si entra guay, si ganamos todos dinero de puta madre, tú y yo, no te jode. Pero que parece que es lo único que importa. El “yo estoy de número cinco y tú de cuatro”. Hostia, tío, nos estamos yendo un poco al carajo, creo yo.
A un amigo de la industria le conté que con Lúa íbamos a hacer dos Rivieras, el 13 y el 14 de marzo, una está agotada y la otra a punto. Y me dijo “vaya mierda”. A mí me costó meter 5.000 personas 12 años.
Estuve con mi productor y mis músicos tres minutos abrazados en el camerino. Cuando vi a 2.500 personas cantando mis canciones, me hubiera quedado ahí. Para mí era el top, el techo. Tiene lógica, tienes el Movistar Arena, pero luego eso es pequeño, es el Metropolitano y ahora están haciendo un recinto de 70.000-80.000 en Madrid, más grande aún. ¿Estamos locos?
¿Qué pasa con el sonido en estos recintos?
Entiendo que es goloso. Esto es como, quién no va a querer un disco de oro o estar de número uno. Pero es que lo que sucede es que antes era una parada del viaje y lo disfrutabas, lo brindabas, y seguías. Joder, yo llené el Movistar Arena lo brindé, lloré y tal, y al siguiente día me fui a Argentina a tocar para 30 personas. Hoy tu meta es “más”: más discos, más dinero, más aforo.
El capitalismo se está comiendo al capitalismo y se va a comer por la cola a sí mismo y ya no sé cuál es el límite porque no te contenta. Más, más, más. El scroll es infinito ahora. Hostia, toca en una sala. Dale las gracias a cada persona que está ahí, que ha pagado 20 o 25 pavos, que la cosa está muy jodida. Delen las gracias a cada persona que está ahí que ha pagado. Que hoy en día está la cosa muy jodida para todos. Pagar 20, 25 pavos. Aprendí eso con el señor Glen Hansard y con Marketa Irglova cuando me fui de gira con ellos. Terminaban un bolo en el Vicar Street de Dublín y se iban corriendo por las traseras a la puerta de la calle a darles gracias a las 2.500 personas en la puerta. Eso lo vi yo con mis ojos y lo entendí todo.
De hecho, has reivindicado el hacer firmas, ese encuentro cercano con los fans.
¡Hombre, por supuesto! Agradezco tanto a mi equipo de Warner porque es muy jodido montar un espectáculo para algo que tiende a desaparecer. ¿Cuántos vinilos se fabricarán? Creo que cada vez menos. Los CDs se compran en el merchandising como objeto de regalo porque la peña no tiene lector de CD. Estoy sacando un disco que reivindico escuchar entero los 33 minutos, que veáis la portada, el color, la fotografía. Pero va a desaparecer porque estamos con el puto móvil. De hecho, me está pasando que hablo en la promo porque digo que se debe escuchar entero y me dicen “es que no sé si tengo 33 minutos”. ¿No tienes 33 minutos en un día? Háztelo mirar.
Nos están haciendo creer ya que la canción es TikTok que son 15 segundos. Empezó en un minuto, luego 30 segundos, luego 15... Hostia, ¿dónde vamos a acabar?
Hablabas antes del dolor que te produjo Moraima, ¿cómo miras a temas como Números cardinales cuando los tocas en directo? ¿Te duele?
Sí, me duele porque son canciones muy intensas como yo, como ya puedes comprobar. Pero no siento vergüenza de ello. Yo cometí errores en mi primer disco, tenía 18 años y lo oigo ahora y digo “hostia”.
Pero cuando la gente vive con un retrovisor en la frente pegado diciendo “¡Ay qué vergüenza me da esta etapa de mi vida! ¡Ay qué vergüenza que me casé! ¡Ay qué vergüenza de haber con este chico! ¡Ay qué vergüenza haber publicado esto!”. Al final vas a llegar al final del camino avergonzándote de tu vida. Si te casaste es que estabas muy enamorado, otra cosa es que te hayas divorciado y que hayas aprendido muchas cosas. Pero coño, te casaste, ¿no?
Aquel Andrés tenía veintipico años, vivía los excesos la noche y demás en Libertad 8 y ¡qué guay, me lo pasé! No hago apología en las drogas, no soy tan déspota y tan hipócrita. Se habla mucho de la libertad hoy en día y fui muy libre. Me gustaría ver a muchos de veintipico años y que entrasen muchos ceros en la cuenta y aplausos cada tres minutos y no volverse un idiota que es lo que fui. Pero lo viví intensamente, aunque insisto, he tenido discos menos exitosos donde yo me recuerdo feliz. En Moraima recuerdo llorar y estar triste en la habitación del hotel con la luz apagada, llorando postconcierto.
Entonces, ahora mismo el éxito para mí es publicar una canción, un disco donde compuse setenta canciones. Hablar de C con el amor con el que hablo. Hablar de Durmiendo con mi enemiga y haberme librado de eso, para mí ese es el éxito. No creo que sea como te digo top ventas como lo fue Moraima. Lo bueno es que sigo siendo el mismo. Soy el de Vuelve, soy el de Números cardinales y no me avergüenzo de nada.
¿Cómo te enfrentas a cuidar la salud mental durante la gira?
No preguntando. No mirándolo y agradeciendo. En la gira pasada, en Viaje de vida y vuelta, llamaba al equipo preguntando “¿cómo van las entradas aquí? ¿Qué podemos hacer?”. No dormía.
Yo ya tengo un equipo y delego. Tú dime si tengo que cantar en TikTok o tengo que subir un video a las ocho o tengo que decir aquí “bro”, que yo digo “bro”, no te preocupes. Pero dejadme con mi arte y yo os dejo con vuestro trabajo. Entonces ahora mismo yo estoy preocupado por tener la voz bien, he descansado un año y tengo la voz mejor que nunca. Por tener un aspecto guay, que sería vergonzoso tener casi 43 años y llegar con ojeras y oliendo a alcohol.
Soy otro, un poco más maduro. Tengo menos ansiedad, aunque tengo momentos intensos y muy nervioso. Estoy viendo a ver qué pasa con el disco, en otro momento de mi vida me verías pegando gritos por aquí. Lo de los sold out y los número uno ya no va conmigo.