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Manuel Valdivia: "A pesar del horror cotidiano que vivíamos, intentábamos ser felices, divertirnos y disfrutar"

Manuel Valdivia: "A pesar del horror cotidiano que vivíamos, intentábamos ser felices, divertirnos y disfrutar"

El guionista de series tan míticas como 'Médico de familia' o 'Compañeros' presenta su primera novela, 'Querer o no querer'.

Manuel Valdivia, autor de 'Querer o no querer'.
Manuel Valdivia, autor de 'Querer o no querer'.

Manuel Valdivia,  guionista, creador y productor ejecutivo, es un nombre conocido y reconocido en el mundo audiovisual por ser uno de los ideólogos de las tramas de las series más míticas de la ficción española: Médico de familia, Compañeros, Punta Escarlata, Policías... Ahora, ha decidido cambiar de formato: sigue narrando, escribiendo historias, pero esta vez es la suya y es una novela Querer o no querer.

La historia toma como punto de partida la figura de su madre y bucea en la salud mental de la España de posguerra a partir de una historia familiar atravesada por el trauma, el silencio y la huella emocional de varias generaciones. Una novela que emociona, que saca alguna sonrisa, y que atraviesa la luz y las sombras de varias décadas de nuestra historia reciente con las que el lector, sin esfuerzo, puede sentirse identificado.

"Cuando hacía series, disfrutaba muchísimo haciéndolas y luego me daba un poco más de pereza lo de tener que presentarlas y todo eso, pero con el libro, la verdad, estoy cogiendo el gustillo por un motivo. El otro día, por ejemplo, en la presentación en el Ateneo, se me acercaron varias personas que no conocía absolutamente de nada y que habían leído la novela. Entonces ese contacto directo con alguien que, además, te cuenta que le ha emocionado, me pareció precioso", explica 

En esa presentación, Ángeles Caballero dijo que tu novela es un ejercicio de memoria histórica, ¿no?

Yo no escribo la novela para decir ‘voy a hacer una recuperación de la memoria histórica, de la memoria democrática y tal’ sino que, yo que me he dedicado tantos años a hacer historias de ficción, pues de repente, de manera muy instintiva, se me metió en la cabeza la necesidad de contar esta historia real que nunca había contado a nadie. Ni mis mejores amigos sabían nada. La historia empieza en la Guerra Civil, pero atraviesa décadas y me afecta a mí personalmente, a mis hermanos, con una historia muy dura que, salvo mi pareja y poco más, nadie sabía. Cuando empecé a escribirla no era con la idea de hacer este ejercicio de recuperación de la memoria, pero, claro, la historia es tan poderosa, pasan tantas cosas... O sea, Ángeles Caballero, por ejemplo, en la presentación sí que resaltó cómo la historia personal de mi familia en realidad es un retrato de muchas familias que pasaron cosas muy diversas, tanto por traumas de la guerra como luego por la propia evolución de la sociedad. Mis padres, por ejemplo, al día siguiente de casarse, metieron todas sus cosas en una maleta, ellos eran de Martos, de Jaén, y como tantos y tantos andaluces inmigrantes llegaron a Madrid.

Entonces ha sido a posteriori cuando me han hecho ver que esto era memoria democrática, también memoria democrática de hechos, de traumas que sufrió mi madre. Pero además es un ejercicio de memoria democrática contar que ella fue paciente y víctima durante años y años de la psiquiatría de la época y en particular, que eso es increíble, a través de la beneficencia fue paciente de Juan José López Ibor, que era el psiquiatra estrella del franquismo, que la sometió a unas sesiones horribles de electrochoques, a una lobotomía... Sin pretenderlo, sí que he hecho al final un ejercicio de recuperación de la memoria.

Esto me lo ha transmitido mucha gente, gente que vivió también cosas parecidas. La historia nace de ese disparo que voló la cabeza de mi abuelo Antonio que, por una concatenación de circunstancias, le provocó a mi madre una enfermedad mental muy grave, que a su vez provocó que su marido, mi padre, descubriese en la misma noche de bodas que su mujer era una enferma mental, y todo eso provocó una infelicidad crónica en la pareja que de alguna manera también hemos heredado los hijos. O sea, que esa tragedia antigua, como que el epicentro de error que hubo en esa noche de 1937, pues llega hasta hoy con heridas abiertas que no se han acabado de cerrar. O sea, que es como que han conformado también, sin saber de dónde venía, nuestra identidad.

Manuel, ¿se han cerrado un poco más esas heridas al escribirlas?

No, la verdad es que no. La historia, que es muy compleja, sobre todo en los años más recientes, que deriva en que cuando parecíamos una familia ya normal y llevábamos una vida más o menos normal, porque mi madre aparentemente se había curado de la neurosis con la lobotomía, todos estábamos ahí como con una especie de veneno antiguo. Por carencias afectivas porque, por ejemplo, yo desde los 11 meses hasta los 12 años estuve separado de mis padres porque, como luego lo descubrí más tarde, era por mi propia protección, porque yo no estaba seguro con mi madre. Entonces todo ese tipo de cosas, de alguna forma, nos han conformado. Y cuando ocurrió algo inesperado, pero también al mismo tiempo producto de esa infelicidad crónica, que fue otra enfermedad mental en la familia, la de mi padre con una demencia senil, pues la familia explotó, la familia se desmoronó con conflictos, con desavenencias... 

A la hora de escribir este libro, yo dudé mucho hacerlo, por si reabría heridas que no estaban cerradas y que estaban ahí soterradas bajo una capa muy fina, ¿sabes? Luego, según iba avanzando en el proceso, a lo mejor por tener un hilo de esperanza, me di cuenta de que esas heridas estaban ya, la familia ya estaba rota, entonces escribir el libro, paradójicamente, sería la única forma de restaurar las relaciones rotas entre los hermanos. Yo con mi madre hacía tres años que no me veía cuando empecé a escribir el libro, con alguno de mis hermanos igual. La única manera de poder recuperar una cierta normalidad en nuestra relación como familia sería precisamente saber qué nos ha pasado, averiguar por qué llegamos a esa situación y reconocer en qué nos equivocamos. A día de hoy, después de publicado el libro, para lo que además conté con la colaboración absolutamente generosa tanto de mi madre como de todos mis hermanos, a todos les ha dolido parte del libro. Pero la mayor parte del libro les ha asombrado porque ha habido ese ejercicio de recuperación de la memoria, de secretos que yo he averiguado por aquí, por allá, hablando con familiares, con tíos, que fueron decisivos también para que la familia tuviese al final la deriva que tuvo. Entonces, gran parte de la historia en ese sentido, y sobre todo a través de mi hermana mayor, que es con la que más se ha hablado, pues les ha asombrado, pero hay una parte que les ha dolido.

¿Y habéis encontrado respuestas entonces en esa investigación?

Más que respuestas, explicaciones a de dónde venimos. Sí, porque a mí también me contaron de pequeño muchas veces cómo fusilaron a mi abuelo, pero había otras muchas cosas de mi abuela, que también sufrió un trauma tremendo durante la Guerra Civil... Mi padre siempre fue una persona muy callada, muy introvertida, absolutamente incapaz de transmitir sus emociones y guardaba un secreto tremendo que nunca contó a nadie y yo lo he descubierto ahora.

Entonces, respecto a la pregunta que me hacías, a cómo podemos ahora recomponernos, es que, con la especie de rompecabezas que he armado, de esta historia complejísima en la que he desarrollado casi una investigación policial, he ido averiguando muchas cosas que hace que se entienda todo mejor porque al final, como familia, décadas después, a día de hoy, seguimos de alguna manera pagando las consecuencias.

'Querer o no querer', la primera novela de Manuel Valdivia.
  'Querer o no querer', la primera novela de Manuel Valdivia.

En el libro dices que no es lo mismo querer que querer querer. ¿Esa es la conclusión a la que has llegado tras escribir la novela?

Bueno, cuando me meto en una historia, me pasaba con las series, no vivo más que en ese universo de la historia, o sea, que estoy a todas horas ahí. De repente, un día, de madrugada me despierto y digo ‘hostia, querer o no querer’, ya tengo el título de la novela. Me desperté así, con esa especie de intuición que luego vi que, afortunadamente, no se había utilizado en ninguna novela ni película. Pero sí que es el título de un bolero, que además a mí me encantan los sones cubanos y todo esto. Entonces hay un tema que es subterráneo, pero que arma toda la historia, que es el tema de las encrucijadas en la vida, ese tipo de momentos en los que tu vida podría haber sido otra muy distinta si en lugar de decidir una cosa hubieses decidido otra. Y a veces es algo que ni siquiera tú decides, sino que son otros o es el puro azar. Incluso, a veces, son cosas muy banales. Pongo como ejemplo en el libro, en un momento determinado, que si el que fusiló a mi abuelo, que era empleado suyo en la funeraria que tenía mi abuelo, en el último momento se hubiese apiadado de él y, en lugar de dispararle a la cara y volarle la cabeza, hubiese disparado al lado a otro, pues a lo mejor nada de todo esto habría ocurrido, ¿no? Entonces toda la historia está, ya digo, construida a base de estas disyuntivas, de estas encrucijadas, de tomar una cosa u otra, y querer o no querer como título tiene mucho que ver con eso.

A muchos niveles es muy polisémico, pero también en este caso particular es una disyuntiva falsa: no se trata de que yo quiera querer a mi madre que, por cierto, falleció tres días antes de que diese por acabado el manuscrito. Esto de querer o no querer, pues tiene mucho que ver con, sobre todo cuando éramos niños y estábamos ahí en familia, que de puertas afuera parecíamos una familia absolutamente normal y nadie sospechaba nada, y de puertas adentro vivíamos un infierno. A mí en particular, por ejemplo, se me quedó grabado el día que mi madre, a grito pelado y llorando, decía que se iba a tirar por el balcón. Fue cuando yo descubrí en qué consistía estar 'mala de los nervios'. Entonces, en esa época éramos niños, jovencitos y tal, y pese a todo queríamos ser felices y queríamos querernos y queríamos querer a nuestros papás. Por eso, querer querer no es lo mismo que querer. O sea, ese es un poco el sentido del título.

¿Fue más doloroso para vosotros el que tu madre estuviese enferma o el querer ocultar que estaba enferma?

Pues en realidad, o sea, yo te puedo hablar por mí... Y hay que considerar la época. Mi madre empezó a estar enferma con la primera regla, me lo contó en las conversaciones que tuve con ella para este libro y, hasta que se casó era una vergüenza reconocer que tú tenías una enfermedad así y lo ocultaban. Y luego, cuando se vinieron a Madrid era inocultable. Entonces fue cuando empezó a ser tratada por psiquiatras y, digamos, no se podía tapar. Pero a nivel social con los vecinos, y ya te hablo sobre todo a partir del momento en el que yo me fui a vivir con mis padres con 12 años, al morir mi abuela, era algo de lo que yo no hablaba nunca, a nadie, creo que casi como pura protección. Es decir, yo veía cosas tan tremendas en casa porque mi madre imponía sus neuras en casa, tenía una neurosis obsesiva-compulsiva. Entonces, claro, eso es lo que vivíamos de puertas adentro, pero al mismo tiempo yo iba al colegio y jugaba al baloncesto con el equipo del colegio, tenía vida social, y yo no le contaba nada a nadie. Era casi intentar vivir una vida normal fuera de casa. Y supongo que, de un modo muy instintivo, era una manera de protegerme, de no volverme loco yo mismo.

Manuel es una historia crudísima, ¿tiene final feliz?

La novela, efectivamente, narra hechos muy dramáticos, pero yo también, en parte por mi instinto de guionista, he procurado que a lo largo de la historia haya momentos de luz, momentos luminosos, momentos incluso de puro humor. Para mí hay algo que lo define muy bien y es que en lo peor también cabía lo mejor; o sea, a pesar del horror cotidiano que vivíamos, intentábamos ser felices, divertirnos y disfrutar, y por puro contraste, disfrutábamos mucho más de las cosas que los demás, como cuando íbamos al Parque Sindical, que era una piscina colosal, para mí era como ir al Caribe, o sea, era una cosa maravillosa.

Sí me gustaría resaltar que la historia tiene también esperanza y tiene también luz, y tiene también un cierto optimismo.

¿Te planteas convertirla en serie y te planteas quedarte como novelista?

Sí, totalmente, porque mi pasión desde pequeñito, desde niño... Cuando estaba en el colegio y me hacían estos test de cocientes intelectuales y de personalidad si me preguntaban ‘¿qué quieres ser de mayor?’, yo decía director de cine porque era un poco lo que más asociaba a la cosa de contar historias. He tenido la gran suerte en mi vida de poder contar muchísimas historias a través de series y películas, y la escritura para mí es también otro marco. Siempre he sido un gran lector y esta novela creo que, te lo digo además con total honestidad, creo que es una muy buena también desde el punto de vista literario. Y bueno, pues estoy ya trabajando en otra historia, sin duda.

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Responsable de LIFE. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en Radio España, en la revista de Ana Rosa, dirigió la revista Turismo Rural y ha sido presentadora y moderadora de encuentros relacionados con el turismo, la gastronomía, el medioambiente o la literatura. Además de coordinar LIFE es la editora de branded content de El HuffPost.

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