Raquel Marín, neurocientífica: "Para dormir necesitas bajar un grado la temperatura del cerebro. Si no la alcanzas, no vas a desconectar"
La especialista alerta sobre cómo las noches tropicales sabotean nuestro descanso y explica el mecanismo fisiológico que utiliza la cabeza para "refrigerarse".

El verano no solo trae consigo la trágica y recurrente amenaza de los incendios forestales para nuestros ecosistemas, sino que el calor extremo se ha colado de lleno en el día a día de millones de españoles, cobrándose un peaje altísimo en nuestra salud. Y es que las altísimas temperaturas que venimos registrando están dinamitando por completo el descanso ciudadano.
Cada vez es más común escuchar quejas generalizadas sobre fatiga mental y agotamiento corporal, especialmente durante estos meses de canícula. Las culpables directas son las temidas noches tropicales (aquellas en las que el termómetro se niega a bajar de los 20 grados), una realidad meteorológica cada vez más frecuente que se ha convertido en una auténtica pesadilla a la hora de conciliar el sueño.
Para arrojar luz sobre este agotador fenómeno, la neurocientífica Raquel Marín ha pasado por los micrófonos del programa La Ventana de la Cadena SER. Durante su intervención, la especialista ha ahondado en la vital importancia de que nuestro cerebro logre "ventilarse" correctamente.
El bostezo, nuestro ventilador natural
“No hay que olvidar que el cerebro está metido en un cráneo que tiene pocos sitios por donde ventilar y una forma natural de ventilar es el bostezo. De alguna manera, bostezar ayuda a refrigerar el cerebro”, apunta Marín, desvelando uno de los motivos fisiológicos de esta acción tan cotidiana.
Asimismo, la especialista advierte de que la funcionalidad de nuestra materia gris se ve gravemente comprometida cuando pasamos demasiado calor. “Nuestro cerebro por encima de los 37 y algo grados no va a funcionar adecuadamente y es posible incluso que deje de funcionar”, señala.
Sin bajada de temperatura no hay apagón mental
Para poder gozar de un descanso verdaderamente profundo y reparador, la temperatura corporal juega un papel innegociable. “Para dormir necesitamos bajar la temperatura sí o sí, tanto la del cerebro como la del cuerpo, por lo menos entre medio grado y un grado; si no, no vas a dormir”, puntualiza.
“Es decir, es necesario para poder conciliar el sueño. Si no alcanzas una temperatura adecuada para dormir, no vas a desconectar”, complementa.
Para terminar, Marín pone sobre la mesa un dato demoledor que evidencia cómo el calentamiento global está alterando directamente nuestro ritmo circadiano a nivel planetario. “Hay un estudio que demuestra que el cambio climático a escala mundial hace que toda la población duerma de media unos 30-40 minutos menos”, concluye la científica, dejando claro que el calor nocturno es mucho más que una simple molestia pasajera.
