¡¡¡Yo soy españoool, españo, españ...: cuando un éxito de país tiene fecha de caducidad en las calles y balcones
La victoria de la selección española en el Mundial de fútbol pintó casas, calles y caras con un sentimiento de unidad (y banderas) ya desaparecido. El barro político vuelve al terreno de juego. ¿Quedará algo de lo que vivimos hace días? Reflexionamos con un reputado sociólogo.

Y sobre todo una cosa, no os olvidéis, juntos somos más fuertes, lanzaba con su penúltimo hilo de voz Luis de la Fuente en plena celebración del Mundial. Sus palabras, rematadas con un ¡Viva España¡ coreado por millones de personas en Cibeles, parecían lanzar una suerte de petición: que lo que el fútbol ha unido no lo separe la polarización. Pero esto es España y hasta el buen rollo tiene fecha de caducidad.
Pensar en cualquier otro escenario resulta ingenuo. Las banderas que entre martes y domingo plagaron balcones, plazas y tiendas comienzan a esconderse. Los gritos se callaron la mañana del martes, a medida que la (peor) política asomaba de nuevo en el centro del debate. Apenas cinco días después de ser reyes del mundo futbolístico, hoy vivimos un intercambio de insultos a gran escala con el país en llamas.
"El fútbol no elimina esa polarización estructural que vivimo o sufrimos en España, ha sido solo una pausa", lamenta Francisco Javier López Carvajal, sociólogo, politólogo y miembro del Observatorio de Estudios Demoscópicos de la UCAM. Lo admite sin esconder cierto pesar, consciente de que la victoria en el Mundial "modifica el clima emocional temporalmente, pero no cambia las causas".
Para el miembro de la UCAM, la clave de esta unión temporal social está en la propia naturaleza de la selección. "Han transmitido un buen rollo y un sentimiento de pertenencia muy transversal, por encima de ideologías o territorialismos. Todos cabían en este grupo", apunta en conversación con El HuffPost.
La tristeza de la reflexión anterior se torna en algo parecido a la indignación cuando se le pregunta por la politización por parte de políticos de diferentes signo de la victoria de la selección. Del desprecio de unos por los orígenes familiares, el color o la fe de jugadores nacidos en España como Lamine Yamal o Nico Williams a quienes se limitan a reducirles a personas negras de familias migrantes, sin ver en ellos lo que en verdad son, futbolistas de élite. "Los políticos, en una gran mayoría, viven en una realidad paralela y se alimentan de la polarización, a uno y otro lado", apunta.
"Lo tienen tan metido en su cabeza que son incapaces de sumarse al 'subidón' colectivo y lo que hacen es llevarse la victoria, el fútbol, a su parcela ideológica", complementa al respecto.
Preguntado por si seremos capaces de mantener esa conexión entre vecinos, López Carvajal es pesimista. Realista, cabría matizar. "Esta victoria ha demostrado que las identidades nacionales no compiten y que puedes tener ideas diferentes, pero encajamos todos en algo común, en este caso la selección. Pero como sociedad vivimos instalados en esa misma polarización".
Con todo, el sociólogo y experto de la UCAM ve algo que nos podrá unir, al menos mientras dure la prórroga que parece querer revivir la afición argentina. "Hay una polarización fuerte que tiene que ver con la reacción de estos aficionados, que en sus ataques han activado una respuesta de orgullo de país, de defender nuestro triunfo en el campo y nuestros valores posteriores". "Aquí siempre hemos sido de unirnos cuando había un cierto 'enemigo común' y quizás esto nos mantenga unidos algo más", bromea.
Habla de días, acaso semanas. Lo que dure la 'moviola' de una polémica que acabará apagándose cuando surja algo mayor. "No quepa duda de que en septiembre volveremos a esa polarización política, pero también social y futbolística, porque el del Atleti volverá a animar solo al suyo, como el del Barça o el del Madrid y no a mirar por un 'todo' como ha sido hasta el domingo", apunta López Carvajal.
El sociólogo sonríe cuando se le pregunta si acabaremos agarrándonos a esta bonita conexión social alrededor del fútbol como aquel amor de verano del todo inolvidable así pasen los años. "Pensemos que nuestro Mundial de 2026 en casas, bares y plazas será nuestro lugar al que volver", remata.
