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Silvia Pérez Cruz: "Endiosando tanto a un artista hay muchas cosas que se pierden por el camino"

Silvia Pérez Cruz: "Endiosando tanto a un artista hay muchas cosas que se pierden por el camino"

La cantautora catalana presenta su disco, 'Oral_Abisal', en el que explora dos vías de expresión artística. 

Silvia Pérez Cruz durante su entrevista en 'El HuffPost'.
Silvia Pérez Cruz durante su entrevista en 'El HuffPost'.Aurora Pascual

Dentro de los engranajes que supone la industria musical, hay quien ha conseguido amoldarlos a una creación poética, tranquila, pero no menos "productiva" no en el sentido capitalista de la palabra sino en el creativo. Silvia Pérez Cruz, ganadora de dos premios Goya a Mejor canción, el último este 2026 por su colaboración con Alba Flores para el documental Flores para Antonio, no entra en los cánones de una artista de estadio, ni siquiera de un arena como el Movistar Arena, en donde se encuentra con El HuffPost. 

"Creo que en los conciertos pequeños es donde hay más sufrir, donde hay que apoyar más, que tiene mucho más que ver con el apoyo a la cultura", enfatiza la catalana, que presenta su disco Oral_Abisal, su sexto trabajo en solitario sin contar sus múltiples colaboraciones. 

En él, Pérez Cruz hace un doble trabajo, como si de un doble disco se tratara (que en vinilo se llega a ver físicamente): Oral, la parte poética instrumental, apoyada en guitarra, piano y cuerdas que la han acompañado buena parte de su carrera, y Abisal, como su nombre indica, un nuevo "abismo" creativo en el que se adentra en sintetizadores, la experimentación de un nuevo sonido.

Más allá de la experimentación creativa, la artista no esconde un mensaje social que, asegura, ahora es "más necesario hablar concretamente de las cosas". Aunque ya lo era cuando lanzó No hay tanto pan con esa emotiva interpretación en los Goya con un claro mensaje ante los desahucios.

Ahora, entre otros muchos, pone en voz de migrantes y las muertes en el estrecho con Mar Muerto: "Aquí hay esta ola de racismo, que nunca se ha ido, pero que se aprovechan para poner culpas a quien no las tiene". Pero más allá de la crítica, Pérez Cruz se transpone a través del ciclo del agua, un cambio de estado físico y mental.

Este Oral_Abisal son dos discos en uno, ¿te ha costado el doble de trabajo componerlo? ¿Cómo fue el proceso de composición?

No tengo la sensación de doble trabajo, porque al final lo entendí como un concepto entero. Pero sí que había dos maneras de pensar o de trabajar, de producir sobre todo: cómo pensar el sonido y el espacio a la hora de grabar. Ahí sí que había como dos trabajos diferentes. Pero como ya nació desde esa dualidad, la abracé y era lo que me inspiraba.

Salió primero de manera natural porque cuando empezaba a componer ya veía que tenía ganas de, por un lado, coger la guitarra y hacer armonías de canciones más de toda la vida y, por otro lado, más buscar sonoridades, rhodes, sintetizadores... Entonces abracé el concepto y ya trabajé esa dualidad en todos los aspectos. Fue divertido ordenarla así.

De hecho, juegas con las dos tendencias actuales del orgánico y de ahondar en esos sintetizadores, como con esa polarización que mezclas también a nivel estético con el azul y el rosa. ¿Lo viste así, como jugar con dos polos opuestos?

Sí, también veo estos dos polos que tú dices, porque en realidad es una búsqueda que va en mí siempre: ir a las raíces y seguir buscando. Lo que más me gusta de un artista es eso: el cuidar la memoria pero ser valiente para romper, por entregarte al abismo, al no saber para poder aprender cosas nuevas. Eso se puede ver a nivel musical, como de producción, como vital.

Había hecho un disco que era Toda la vida, un día, que era un recorrido por toda la vida, pero estos son como pequeños ciclos dentro de ese ciclo. Me voy de eje, vuelvo al eje. Me voy a la ciudad, vuelvo al pueblo. Me voy al sinte, vuelvo a la guitarra. Es como volver a casa para tomar aire y seguir buscando.

Han pasado tres años desde este disco con los ritmos tan frenéticos que marca la industria y el streaming hoy en día. Como artista que trabaja de forma orgánica sus discos y compone más bien desde la poesía, ¿lo notas a la hora de trabajar?

Sí, soy consciente de todos los cambios que hay y solo le hago caso a los que me afectan a mí como oyente. ¿Qué paciencia tengo yo escuchando? ¿Cómo escucho yo ahora? A partir de ahí, preguntarme ¿cómo compongo? También en la manera de ordenarlo. El digital y el CD, que el CD es más simbólico pero existe aún, lo relaciono con el orden del CD. Pienso que estoy luchando con muchos más inputs, entonces tengo que hacer Oral y Abisal, alternar y que haya un cambio de ritmo.

En cambio, en el vinilo entiendo que no hay competencia. Cuando tú agarras un vinilo, no tienes canciones esperando ahí detrás que te van a saltar. Entonces, en vinilo lo que he hecho es separar Oral y Abisal porque entiendo que cuando tú vas a poner el disco, escuchas cómo estás y dices “estoy más para ir a la profundidad”, pues me pongo Abisal, porque hay un ritual diferente físicamente que hay que tener en cuenta. 

Luego sí que intento que cada canción a nivel individual tenga fuerza, porque sé que, sobre todo, van a sobrevivir solitariamente en las canciones. Pero a nivel de crear, no tengo tantos márgenes, me salen de una manera las cosas cuando son cosas que siento y las voy descubriendo, se me presentan de alguna manera cómo tienen que ir.

"Soy consciente de todos los cambios que hay y solo le hago caso a los que me afectan a mí como oyente. ¿Qué paciencia tengo yo escuchando? ¿Cómo escucho yo ahora? A partir de ahí, preguntarme ¿cómo compongo?"

Presentaste el disco en el Teatro Real de Madrid y en el Liceu de Barcelona en concierto antes de que saliera en plataformas y en formato físico. ¿Te ha influido ese tú a tú con el espectador a tu propia composición? ¿Hay un cierto feedback en ese proceso?

Presentarlo antes de lanzar el disco ya era como extraño, no fue buscado, fue por cosas de la fabricación. Pero pensé "está bien", porque incluso mi equipo y los músicos que me acompañan han entendido más Abisal cuando lo han visto, cuando lo he expresado visualmente se ha comprendido más de lo que hablaba. Pueden ser palabras que te cuente, pero ¿qué sonido estoy buscando? Tuve que expresarlo. Oral era más evidente para todo el mundo, era más conocido en mi mundo, pero lo que yo quería, la sensación de infinito, de romper el espacio, que no sepas dónde estás, que te lleve a otros tiempos, ha costado mucho. El poder hacerlo con Kuve, el trabajar las luces, el espacio... a todos nos ha ido bien.

También me ha afectado en el aprendizaje de lo que estaba escribiendo. Hay algo que lo descubro cuando está la gente ahí. Descubro que, por ejemplo, me tengo que sacar una ropa, y que entonces cambiando de estado, igual que el ciclo del agua que me inspira a la hora de crear el discurso. Porque lo intuyo, que necesito el ciclo del agua, pero de repente digo "si es que quiero cambiar de estado, quiero quedarme sola, evaporarme, luego entrar con el colectivo, sumergirte, e irte quitando todas esas capas", que estoy pensando también.

Es bonito llegar a ello desde lo intelectual, desde lo musical, y desde lo presencial, de habitarlo. El directo te da eso, al público le dices lo que le estoy contando con hacer un gesto.

Silvia Pérez Cruz durante su entrevista en 'El HuffPost'.
  Silvia Pérez Cruz durante su entrevista en 'El HuffPost'.Aurora Pascual

Con el boom de los grandes conciertos, el FOMO por estar en determinados eventos, ¿ha cambiado cómo se viven también los conciertos más reducidos en teatros o en salas?

No lo tengo muy claro. Creo que los grandes conciertos, sí que la gente ahorra para como una cosa social. Pero yo no noto mucha diferencia en mí, en mi tipo de concierto y de público, lo reconozco bastante igual. 

Creo que en los conciertos pequeños es donde hay más sufrir, donde hay que apoyar más, que tiene mucho más que ver con el apoyo a la cultura. Porque lo otro a veces es incluso social: “Tengo que ir a ese concierto que es histórico, que yo quiero estar ahí”. Y puede valer lo que sea, la gente ahorra para ir ahí. Pero el día a día de los conciertos, no sé aquí en Madrid, pero en Barcelona yo noto que hay más dificultad en las salas pequeñitas y hay que apoyarlo.

"Creo que en los conciertos pequeños es donde hay más sufrir, donde hay que apoyar más, que tiene mucho más que ver con el apoyo a la cultura. Porque lo otro a veces es incluso social: 'Tengo que ir a ese concierto que es histórico, que yo quiero estar ahí' Y puede valer lo que sea, la gente ahorra para ir ahí"

Ese Mar Muerto, para el que has colaborado con Soly Malamine y Mouhammad contando su propia historia, ¿quería poner un relato en primera persona tras las cifras de la migración?

Totalmente, lo que quería con Mar Muerto es que estamos viviendo un tiempo de tanta poca empatía, que hay que decir lo obvio. Aquí explico primero hablo en la letra que he escrito de que, cuando uno deja su casa, no es por gusto. La mayoría de veces la gente lo hace por necesidad, en casa estaría mucho mejor, con su gente, con sus paisajes, con sus tradiciones... Pero que es por intentar conseguir una vida un poco más digna. Si no, ¿cómo se justifica arriesgar tu vida y cruzar un estrecho y que puedas morir ahí?

Me parece terrible que pase eso y terrible que ya no nos afecte. Es verdad que parecen números. Cuando yo terminé la canción, pensé "vale, sí ya está muy bien que tú quieras acompañarlo desde tu privilegio, pero hay que llenarlo de verdad". Y llamé a Open Arms y les pregunté primero si les gustaba, les di las gracias por todo lo que hacen y si creían que habría algún testimonio de alguien que hubiera cruzado el estrecho y que hubiera llegado hasta aquí, que quisiera colaborar.

"Aquí hay esta ola de racismo, que nunca se ha ido, pero que se aprovechan para poner culpas a quien no las tiene. Por lo menos, desde mi posición poder dar un abrazo"

Entonces hubo tres testimonios en realidad donde hablan del miedo a morir. Es que claro, no nos afectan las palabras ya y eso es peligroso. Es un pequeño intento de despertar por nuestra parte. Aquí hay esta ola de racismo, que nunca se ha ido, pero que se aprovechan para poner culpas a quien no las tiene. Por lo menos, desde mi posición poder dar un abrazo.

Es muy bonito en el directo, están siendo muy preciosos estos directos, no solo por lo artístico que intentamos siempre que sea lo mejor, sino por cómo afecta a la gente. Creo que me están escribiendo más. Siempre me escriben experiencias personales, pero lo noto como un poquito más con estos conciertos, como que a la gente le toca varios puntos y necesita expresarlos. Entre otras cosas, se hablan de cosas así, también de cosas emocionales, también de reírse, también de enfadarse, de compartir, de no sentirse solo, de formar parte del colectivo. Intento transmitir lo que me importa a mí.

¿Es la música una herramienta para luchar contra ese odio y ese racismo?

Sí, quiero pensarlo profundamente. Me cuesta. No sé cuánto es, no sé la cantidad, pero algo sí que pasa. Confío en que en ese momento en el que yo estoy abriendo mi corazón no está en peligro la gente. Entonces la gente se relaja, atiende sus vulnerabilidades y eso te hace un poco más empático con el de al lado. Aparte, la música tiene la capacidad de decirte con dos lenguajes, si hay palabra y música, un mensaje. 

En el caso de algo social, tú puedes explicar, lo tienes que resumir, que eso está muy bien porque hay mucha palabrería, hay mucho discurso, y yo, como un cuentito, te digo esto. Además, queda en los tiempos, se vuelve inmortal y además te estoy suavizando con la música, te lo estoy contando de una manera que tú no te puedas esconder. Es un doble ataque o doble camino. Aparte que está todo lo emocional, lo que uno siente.

Ahora veo que es más necesario hablar concretamente de las cosas, nombrarlas. Decir “esta persona, Mohammed, cruzó y casi se muere y vive aquí como puede”. Te lo digo porque veo que se nos va, o hablar del Gallo rojo, gallo negro, de Chicho Sánchez Ferlosio. Ese gallo negro está muy vivo. Cosas más concretas, pero antes lo que yo hacía, mi voluntad era que el espectador, el público, el ser humano, que está ahí conmigo se sienta vivo en un momento donde nos van volviendo atontados. Revivirnos y desde ahí actuar desde otra posición.

"Ahora veo que es más necesario hablar concretamente de las cosas, nombrarlas. Decir 'esta persona, Mohammed, cruzó y casi se muere y vive aquí como puede'. Te lo digo porque veo que se nos va"

¿Te ha costado alguna vez significarte políticamente?

No me ha costado. Lo que pasa que antes no necesitaba tanto decirlo. Lo hacía desde esta parte más de dar vitalidad, en el sentido de vida. Pero creo que hay canciones que me ayudan a explicarlo muy bien, El gallo es un gran ejemplo, o No hay tanto pan cuando lo escribí, hablar de las relaciones de poder. Me gusta mucho hablar de estructuras que se repiten, más que atacar un nombre en concreto, hacerlo desde los valores que hay ahí detrás o las relaciones entre los humanos, entre el poderoso, el que no lo es, eso me interesa más desde esta manera. De una manera más visceral, más humana. Más poética porque es mi lenguaje y creo que desde ahí a veces se llega a más sitios. Pero bueno, me siento muy tranquila ahora, cada vez más, opinando.

Esa canción Chundwa cuenta con fragmentos en ahuaco en referencia a la población indígena de Colombia, ¿cómo surgió? ¿Qué vínculos te llamaron a poner sobre la mesa los pueblos indígenas?

Eso es un regalo de la vida. Yo estaba cantando en Bogotá el octubre pasado y entré en una librería pidiendo poesía indígena porque había musicado un poema que se llama Pastores de Vito Apüshana, que es un indígena wayuu de Colombia y le pregunté al librero y él era indígena también.

Entonces empezamos a hablar de su comunidad, justo yo tenía una foto que era de la comunidad de donde era él. Fue como muy especial esa charla, me dijo “quiero tener otra charla contigo”. No sé cómo contarte, fue de las charlas más importantes de mi vida, con todo lo delicado que es también, lo de los pueblos originarios siendo española, como viniendo de un país colonizador... 

Sentir que lo que les ha protegido es el silencio después de tantas masacres y que quiera compartir conmigo lo que más ama en una charla. Me sentí muy afortunada y con mucha responsabilidad de cuidar esas palabras. Me dio mucha fuerza para seguir en mi manera de contar, de cantar y de vivir. Entonces, le quise hacer esta canción. 

Además fue muy curioso porque yo estaba con el ciclo del agua como referencia a la obra de componer y lo primero que me recitó en la segunda charla fue un poema sobre la nieve y a mí me faltaba la nieve porque no la había encontrado a nivel creativo. No me lo podía creer, fue todo de una belleza que merecía una canción como mínimo.

"[Un artista] tiene que estar cargadísimo de humanidad, tiene que estar muy al día de cuidar sus valores porque tiene una responsabilidad tiene mucha gente que le escucha"

Ahora que estás inmersa en esta gira del disco, hay compañeros que tras una gira o un disco han anunciado un parón o se han visto obligados a parar por salud mental, ¿crees que están cambiando las dinámicas o que se está teniendo que mencionar el descanso para poder crear?

Creo que sí, que se están nombrando más cosas. Ahora se habla más de la humanidad del artista. Y, por otro lado no, se crean artistas como más artificiales. Pero se habla de la salud mental, se habla mucho más de eso.

Yo no me siento parte de este tipo de artista joven que empieza a currar muchísimo de una manera... Porque yo fui madre a los 25 entonces siempre he convivido la maternidad con el trabajo y eso te ordena. Lo que pasa que soy muy trabajadora trabajo mucho, pero no porque me arrastren o me pidan algo, sino porque soy muy creativa y genero mucho. Estoy muy activa y ahora sí que noto que necesito otro tiempo. A los 43, hasta ahora me servía este ritmo, pero ahora para atender como a mí me gusta, ya necesito un poco más de espacio y me lo planteo así.

Pero lo que me dices tú de si hay un cambio. Creo que sí que se está empezando hablar de más cosas, pero se tiene que hablar de mucho más porque de la imagen del artista, lo que se espera de un artista, cómo debe ser un artista, esta necesidad de endiosar... Yo soy muy al contrario, de trabajar la humanidad en el arte, porque creo que el arte tiene que ayudar al ser humano. Alejándolo tanto, endiosándolo tanto, hay muchas cosas que se pierden por el camino.

Me interesa más lo hermoso del arte, que estará siempre, aunque lo potencias o no, porque esa es mi religión: la música. Pero no hay que apretarlo, ya está ahí. Pero hay mucha reflexión sobre el artista y cómo vive y cómo se expresa.

¿Tiene que tener un poco los pies en la tierra?

Para mí sí, tiene que estar cargadísimo de humanidad, tiene que estar muy al día de cuidar sus valores porque tiene una responsabilidad tiene mucha gente que le escucha. Cada uno con su estilo y su evolución, no digo que haya una manera única. Pero sí con un pie en la tierra, por lo menos uno, por eso tenemos dos.

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Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, ha colaborado con diversas webs culturales y ha trabajado como coordinadora de proyecto en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. Desde 2017, en la sección de Life (antes Tendencias) de El HuffPost escribe sobre música, cultura y entretenimiento, pero también sobre feminismo y sobre el colectivo LGTBIQ+.

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