Amelia, periodista, apunta las lecciones que le enseñó su padre artista: "No pospongas ni esperes a que llegue la inspiración"
Varios consejos que se han convertido en una guía profesional y vital.
En la vida, pocas enseñanzas perduran tanto como las que se aprenden en casa. Más allá de las palabras explícitas, los padres transmiten valores a través de sus hábitos, su manera de trabajar y su forma de mirar el mundo. En el caso de Amelia Gentleman, las lecciones heredadas de su padre no llegaron como normas rígidas, sino como ejemplos cotidianos que con el tiempo se convirtieron en una guía profesional y vital.
La periodista ha reunido en una pieza las lecciones que le legó su padre, el pintor y diseñador David Gentleman, ahora autor de Lessons for Young Artists, un manual de supervivencia creativa que condensa décadas de trabajo y hábitos. Entre los principios que subraya Amelia, y que han resonado entre lectores y críticos, destaca una enérgica advertencia: “No pospongas ni esperes a que llegue la inspiración”, según escribe en un artículo publicado por The Guardian.
En su texto, Amelia recuerda una educación doméstica sin sermones técnico-artísticos: si los niños querían dibujar, su padre les daba lápices y los dejaba experimentar; si preferían otra cosa, también estaba bien. Esa libertad, combinada con la disciplina de un profesional que ha pasado la mayor parte de su vida dibujando, alumbran el tono práctico del libro. David Gentleman, que fue el artífice del emblemático mural de la estación de Charing Cross, aparece en las páginas como ejemplo de constancia y oficio aplicado.
Sus consejos de vida
De entre las ideas que Amelia destaca, varias pueden leerse como reglas sencillas para cualquier creador artístico:
- Construir una vida en torno a lo que te entusiasma.
- No procastinar ni dejar todo para después.
- Buscar inspiración saliendo de casa.
- Seguir una rutina de trabajo aun cuando la inspiración parezca esquiva.
- No rehuir los proyectos difíciles.
- Mantener la curiosidad.
En muchas de esas lecciones hay un hilo conductor claro: el contacto constante con la naturaleza. Pasear, observar el cielo, fijarse en los árboles, las flores o los cambios de luz no es una distracción del trabajo, sino una parte esencial del proceso creativo y de la forma de estar en el mundo. Para Amelia, esa atención a lo cotidiano y natural acabó convirtiéndose en una fuente de equilibrio, curiosidad e inspiración que atraviesa tanto la obra de su padre como su propia manera de ejercer el periodismo.
La organización del taller aparece como otro rasgo definitorio: materiales ordenados, superficies despejadas y herramientas siempre a mano facilitan la tarea. Para Amelia, ese orden no es mera pulcritud, sino que se convierte en parte de la disciplina profesional que permite que la creatividad se convierta en trabajo productivo y remunerable. Otras lecciones que Amelia recoge y reelabora incluyen el valor de dibujar aquello que no es convencionalmente bello y aceptar los errores como parte del aprendizaje.
En conjunto, esas recomendaciones trazan una ética creativa que combina trabajo, observación constante y tolerancia al fallo. El testimonio de Amelia ha reavivado el interés por una idea sencilla pero difícil de llevar a la práctica, y es que el talento es útil, pero la rutina y la atención al mundo son lo que permiten transformar la creatividad en una trayectoria consolidada. “Las ideas surgen cuando estás sentado en un escritorio con un lápiz en la mano”, defiende su padre.