Erminia, 107 años: "Por la mañana desayuno un vaso de leche y un diente de ajo crudo. Luego, una copa de vino, queso fresco, jamón, salami y polenta"
La italiana asegura que espera vivir hasta los 120 años.
Cuando se pregunta a una persona centenaria por el secreto de su longevidad, las respuestas suelen incluir ejercicio moderado, una alimentación equilibrada o una vida tranquila. Sin embargo, Erminia Di Gianantonio, una italiana de 107 años, sorprende con una rutina muy diferente.
La centenaria, entrevistada por el diario Corriere della Sera, asegura que su fórmula para llegar a esta edad poco tiene que ver con dietas estrictas. "Tengo 107 años y pienso llegar a los 120", afirma con humor, convencida de que aún le queda mucho camino por recorrer.
Ajo en el desayuno y vino en la comida
Preguntada por sus hábitos diarios, Erminia responde sin rodeos. Cada mañana comienza el día con un vaso de leche templada acompañado de un diente de ajo crudo, una costumbre que mantiene desde hace años.
Su menú continúa con alimentos muy tradicionales de la cocina italiana. Para comer no faltan la polenta amarilla, el queso fresco, el jamón y el salami, acompañados de una copa de vino tinto. Su hijo Paolo, de 81 años, confirma que el vino ocupa un lugar especial en la mesa de su madre. "Cuando intento rebajarlo con agua, se enfada. Lo quiere solo", explica entre risas.
Cocinó hasta los 103 años
Aunque ahora reside en una residencia cercana a Pisa, Erminia mantuvo una vida completamente independiente hasta hace muy poco tiempo. Según relata su hijo, siguió cocinando para ella misma hasta los 103 años y tenía un estómago capaz de soportarlo casi todo.
"La encontraba friendo salami en mantequilla. Venía de una familia campesina donde criaban vacas, elaboraban sus propios productos y sacrificaban cerdos. Estaba acostumbrada a esa alimentación desde pequeña", explica.
Solo toma un medicamento
A pesar de haber superado el siglo de vida, Erminia asegura que únicamente toma una pastilla para controlar la presión arterial. Se levanta con la salida del sol, da un paseo diario cuando el tiempo lo permite y se acuesta alrededor de las ocho de la tarde.
Cuando le preguntan si cambiaría algo de su vida, su respuesta es rotunda: "Lo haría todo de nuevo". Y, al ser cuestionada sobre cuál ha sido el mejor momento de su existencia, tampoco duda: "El nacimiento de mis hijos".
La genética, el entorno, la actividad física, el acceso a la atención sanitaria y otros muchos factores influyen en la longevidad. Por ello, los hábitos de una persona centenaria no deben interpretarse como recomendaciones generales para la población, ya que cada organismo y cada historia de vida son diferentes.