Los entrenadores de running coinciden sobre el ‘plogging’, la última moda en Nueva York: agacharte a recoger basura mientras corres equivale a hacer sentadillas
El término nace de la unión entre el jogging y la expresión sueca plocka upp (“recoger”), y ha ido ganando seguidores en distintas ciudades del mundo.

La escena del running en Nueva York está viviendo una transformación inesperada. A los tradicionales grupos de corredores que buscan mejorar su marca o socializar se suma ahora una tendencia que combina deporte y conciencia ambiental: el plogging, una práctica que consiste en recoger basura mientras se corre.
El término nace de la unión entre el jogging y la expresión sueca plocka upp (“recoger”), y ha ido ganando seguidores en distintas ciudades del mundo. Sin embargo, en la metrópoli estadounidense ha adquirido un impulso notable gracias a iniciativas impulsadas por organizaciones como New York Road Runners, que integran esta actividad en eventos previos a grandes carreras.
Lejos de ser solo una moda pasajera, el plogging ha encontrado un equilibrio entre ejercicio físico y limpiar. Los participantes no solo entrenan, sino que también contribuyen a limpiar las calles, generando un impacto visible en su entorno. Esta combinación ha atraído tanto a corredores habituales como a personas interesadas en la sostenibilidad.
Desde el punto de vista deportivo, los entrenadores destacan que el ritmo del plogging es necesariamente más pausado. Las paradas constantes para recoger residuos impiden mantener velocidades altas, pero eso no lo convierte en un entrenamiento menos eficaz. Al contrario, permite trabajar en zonas aeróbicas más suaves, favoreciendo la resistencia, la recuperación y la quema de grasa.
Además, el gesto repetido de agacharse introduce un componente de fuerza que no suele estar presente en el running tradicional. Movimientos como las sentadillas o las zancadas se integran de forma natural en la actividad, lo que contribuye al fortalecimiento muscular, especialmente en las piernas.
Otro de los aspectos que más valoran los expertos es su carácter inclusivo. A diferencia de otras modalidades donde el ritmo marca la diferencia, aquí corredores de distintos niveles pueden compartir la experiencia. La imposibilidad de correr rápido mientras se recoge basura iguala a los participantes y fomenta una dinámica más social.
El crecimiento del plogging también responde a un factor emocional. La sensación de contribuir al bienestar colectivo, sumada al ejercicio físico, refuerza la motivación de quienes lo practican. Y, en muchos casos, se convierte en una actividad grupal que ayuda a combatir el aislamiento y a crear comunidad.
Aunque sus impulsores reconocen que recoger basura no resolverá por sí solo los problemas medioambientales, sí destacan su capacidad para generar conciencia y provocar cambios de hábito. La idea es sencilla: pequeñas acciones repetidas por muchas personas pueden tener un efecto significativo.
