Ni el mayor responsable, ni el pequeño libre: la psicología lleva décadas demostrando que los estereotipos del orden de nacimiento son reales pero no determinan quién eres
¿Quién es el favorito?

¿Eres el hijo mayor responsable o el pequeño rebelde? Muchos creen que el orden de nacimiento con respecto a los hermanos puede ser determinantes para nuestra personalidad. Pero, Catherine Carr, pisocóloga y autora de ¿Quién es el favorito? Las Realidades Amorosas y Caóticas de las Relaciones entre Hermanos, no está de acuerdo. En conversación con Newsweek asegura que el orden de nacimiento pueden moldear la identidad sin definirla nunca completamente.
"La dinámica entre hermanos es casi infinitamente compleja", explica la experta. "El primero siempre será el primero, y a menudo se sienten desplazados por los hijos posteriores. Y el bebé siempre será el último y, por tanto, nunca será 'destronado' de la misma manera. Es infinitamente interesante de analizar", continúa.
Su experiencia
Carr es la mediana de tres hermanas. Su infancia estuvo marcada por el divorcio de sus padres. Cuando tenía 11 años su madre se mudó y se llevó a su hermana menor. Ella se quedó con la mayor. Esta experiencia fue determinante en su vida, y sobre todo, le hizo ser plenamente consciente de "lo frágiles que pueden ser los lazos entre hermanos".
Esta experiencia, asegura la psicóloga, "significó que nos perdimos muchas experiencias, que es lo que normalmente se necesita para tejer una infancia de recuerdos compartidos con los hermanos". Como resultado, "todas somos muy conscientes de esos vacíos y hemos trabajado para intentar rellenarlos".
Para explicar la importancia que le damos a orden de nacimiento, Carr se fija en la teoría de psicoterapeuta austriaco Alfred Adler, quien sugirió que "los primogénitos tienden a ser concienzudos y cargados de responsabilidad", "los más pequeños más arriesgados y encantadores", "y los del medio son adaptables pero inseguros". Pero ella cree que no es una tesis que dar por sentado, "aunque insinúen algo real".
El hijo favorito
El favoritismo, en particular, puede dejar huellas duraderas. Según Carr, que cita a un estudio en el diario británico, "muchos padres reconocen en privado tener un hijo favorito, aunque pocos lo admitan abiertamente". El favoritismo puede manifestarse con el tiempo," el dinero o la tolerancia, y los sentimientos no resueltos al respecto" pueden hacer que las relaciones entre hermanos adultos sean "especialmente tensas". "La dinámica familiar puede complicar aún más las cosas", culmina.
