Un estudio con 4.151 niños lo confirma: cada día más de juego al aire libre antes de los cinco años mejora las opciones de tener buena salud mental
Ha sido publicado en la revista científica Journal of Child Psychology and Psychiatry.
Jugar en el parque, correr al aire libre o inventar aventuras fuera de casa podría tener beneficios que van mucho más allá del entretenimiento. Una investigación realizada con 4.151 menores ha encontrado que los niños que pasan más tiempo jugando al aire libre durante la etapa preescolar tienen más probabilidades de mantener una buena salud mental a medida que crecen.
El trabajo, liderado por la Universidad de Exeter y publicado en la revista científica Journal of Child Psychology and Psychiatry, analizó la evolución emocional y conductual de miles de niños desde los cuatro hasta los ocho años. Los investigadores querían averiguar si el tiempo dedicado al juego al aire libre entre los dos y los cuatro años podía influir en su bienestar psicológico años después.
Los resultados apuntan a que sí existe una relación. Los menores que jugaban fuera con más frecuencia durante esos primeros años tenían más posibilidades de mantenerse dentro del grupo con menos dificultades emocionales y de comportamiento durante la infancia. Por el contrario, aquellos con menos oportunidades de juego al aire libre presentaban una mayor probabilidad de desarrollar o mantener problemas de este tipo.
El estudio tuvo en cuenta síntomas relacionados con la salud mental que pueden manifestarse de formas muy diferentes. Entre ellos se incluyeron comportamientos como la impulsividad, la hiperactividad o la agresividad, así como señales más internas, como la ansiedad o el estado de ánimo bajo.
Uno de los datos más destacados es que cada día adicional de juego al aire libre en una semana habitual durante la etapa preescolar se asoció con un aumento de entre el 6% y el 14% en las probabilidades de conservar un perfil de buena salud mental hasta los ocho años.
Para evitar que otros factores distorsionaran los resultados, el equipo investigador tuvo en cuenta variables como el sexo del menor, el nivel educativo del hogar, la situación laboral de los padres, la presencia de problemas físicos de salud o si la familia tenía acceso a un jardín o a zonas de juego cercanas a casa.
Los autores del estudio destacan el papel que desempeñan parques, áreas verdes y otros espacios comunitarios, especialmente para aquellas familias que no disponen de jardín propio. Garantizar que estos lugares existan y se mantengan en buenas condiciones, señalan, puede convertirse en una herramienta útil para favorecer el bienestar infantil. La investigación contó con la colaboración de la Universidad de Glasgow, el University College de Londres y la Universidad Complutense de Madrid.