Andrés Mountbatten-Windsor, desahuciado antes de tiempo del Royal Lodge por su hermano: los motivos de Carlos III para hacerlo, dos casas y una incógnita
El que fuera príncipe y duque de York ha puesto rumbo a un hogar provisional. ¿Vivirá en paz? No parece, pero al menos quizá no se le volverá a ver.
A Andrés Mountbatten-Windsor poco le queda de lo que tenía. Su caída en desgracia fue prácticamente total y solo pudo retener su lugar en la línea de sucesión. Teniendo en cuenta que Carlos III tiene dos hijos y cinco nietos, su posibilidad de reinar es tan remota que el esfuerzo para eliminarle era demasiado para tan poco resultado.
Se aferró como pudo al Royal Lodge, la residencia en Windsor que ocupó desde 2003 y en la que deseaba pasar el resto de su vida pagando un alquiler irrisorio por una propiedad así. Y a su lado Sarah Ferguson, de la que estaba divorciado, pero con la que compartía techo y ¿gastos? Ella también cayó en desgracia por sus vínculos con Epstein y una vez se acabó el chollo del Royal Lodge, sus caminos se han separado.
Faltaba por saber en qué momento se marcharían de allí, lo que llegó en los inicios del segundo mes del año. Con nocturnidad para evitar ser visto, el que fuera príncipe de Reino Unido cogió las maletas y se fue entre el 2 y el 3 de febrero de 2026. Así lo reveló The Sun. Si bien su partida se había fijado para el 31 de enero, se le habían dado unas semanas más, al menos hasta que cumpliera 66 años el 19 de febrero.
Sin embargo, Carlos III, a quien se ha acusado de indulgencia hacia su impresentable hermano, dijo basta. Le había dado un plazo razonable para mudarse. Y lo hizo pese a su tozudez anterior a negarse a abandonar la mansión real hasta que no hubo lugar para esconder tanta vergüenza. Pero es que incluso así ha dado todavía más motivos para el bochorno.
Porque Epstein lleva muerto desde 2019, pero su sombra es tan alargada que tantos años después de dejar este mundo por voluntad propia sigue golpeando a quienes fueron sus amigos y cómplices. La revelación de tres millones de archivos de Epstein salpicó a muchos poderosos y por supuesto hundió más en la miseria a quien ya estaba en el fango, al menos a nivel de imagen: Andrew.
En los archivos revelados aparecen dos fotos en las que el expríncipe está a cuatro patas en el suelo sobre una mujer con el rostro oculto. Ambos están vestidos. Hay correos en los que Andrés acepta conocer a una joven rusa de 26 años que le quiere presentar Epstein. Queda también claro que el hijo de Isabel II invitó al criminal sexual a Buckingham Palace.
Existen además conversaciones entre Epstein y otra persona donde se comenta que Andrés pensó abdicar (aunque eso él no podía hacerlo porque no es el rey) porque en 2011 su madre le dijo que sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, no podían tener ya escolta financiada por los contribuyentes y que debían encontrar empleos privados porque no iban a representar a la Corona. Y claro, él se enfadó mucho. Por si fuera poco, en un email Andrés expresa a Epstein su deseo de ser su mascota.
Mientras tanto, Sarah Ferguson también se puso en evidencia con Epstein en los tiempos en los que él ya había sufrido una primera condena. Entre otras cosas le llama 'el hermano que siempre deseó tener' y llegó a pedirle que se casara con ella.
Llovía sobre mojado. Y Carlos III enloqueció de rabia al ver que, con el escándalo en pleno apogeo otra vez, el hermano que en su momento parecía sentirse más capacitado que él para ostentar el trono se dejaba ver alegremente por los terrenos de Windsor montando a caballo como si nada pasara y dejándose fotografiar en su coche. ¿Perfil bajo? No, gracias.
Primero Wood Farm, luego Marsh Farm
Así que dijo basta y le ordenó que saliera inmediatamente del Royal Lodge. El problema es que todavía no estaba lista Marsh Farm, residencia privada del rey en los terrenos de Sandringham que estaba siendo adecuada para Andrew. Porque como Dios aprieta, pero no ahoga, Carlos III dejó claro a su hermano que tendría un techo en el que vivir.
Así que hasta entonces se instaló en Wood Farm, una vivienda también en Sandringham que se popularizó cuando Felipe, duque de Edimburgo, la eligió para retirarse allí tras su jubilación a los 95 años. Y allí vivió feliz hasta que llegó la pandemia y fue confinado con Isabel II en Windsor, donde murió el 9 de abril de 2021 a los 99 años.
En Wood Farm le esperan unas semanas hasta que las renovaciones de Marsh Farm acaben para principios de abril. Entonces Andrew tendrá una casa privada que se le ofrece con la esperanza de que nunca tenga que volver a aparecer en público. Eso si no se termina yendo a tierras más cálidas al estilo emérito. Allí parecen quedarle buenos amigos.
El 'premier' británico quiere que testifique en el Congreso
De todos modos, los deseos de Carlos III pueden no hacerse realidad si el asunto Epstein se pone más feo todavía. La prensa británica comenta por un lado que la policía asegura que revisará la acusación de que Epstein envió a una mujer a Reino Unido para tener relaciones sexuales con Andrew en el Royal Lodge. Por otro lado tenemos a nada más y nada menos que al primer ministro británico, Keir Starmer, declarando que el expríncipe Andrés debería testificar ante el Congreso de Estados Unidos sobre sus vínculos con Epstein.
En ese sentido, J.D. Vance, vicepresidente de los Estados Unidos de América, recogió el guante y señaló en conversación con Daily Mail que escuchó lo que dijo Starmer y que está abierto a ello. ¿Ocurrirá? El tiempo lo dirá.
¿Y Sarah Ferguson?
Y volviendo a Sarah Ferguson, ahí está la incógnita, o una de ellas. La que fuera duquesa de York, caída en desgracia, sin casa gratis, sin presidencias de honor, con su fundación preparando el cierre, sin contratos literarios, apartada de la familia real y con sus hijas Beatriz y Eugenia avergonzadas tanto de su padre como de su madre, no está en su mejor momento.
Lleva media vida encadenando deudas que le llevaron precisamente a estrechar vínculos con Epstein y a tener que vivir con su exmarido. Ahora que Andrés no le puede proporcionar una buena casa sin coste, se desconoce qué va a ser de ella.
De momento ha logrado mantener en privado bajo qué techo espera pasar lo que le queda de vida. A Sandringham no se ha ido, aunque tiene dos hijas económicamente bien situadas que pueden hacer algo por ella. Seguramente pronto sabremos más porque colorín colorado, esta historia todavía no ha terminado.