El giro de la casa real británica ante el cáncer: la apertura de Carlos III, el caso de Kate Middleton y el silencio que marcó a Isabel II, su marido y sus padres
Lo ocurrido con el rey y la princesa de Gales mostró lo que se hizo bien y lo que no, y que los tiempos han cambiado les guste o no.
Las casas reales han sido tradicionalmente muy herméticas. Todas ellas entendían que cuanto menos conociera el público, mejor les iría. Y aunque puede que eso funcionara en el pasado, con el avance de los medios de comunicación, la irrupción de internet y posteriormente de las redes sociales, se hizo evidente que no era así.
Si hay una corte que ha sabido manejar muy bien la comunicación y las relaciones públicas, esa es la británica. Bien es cierto que durante décadas ha ido de escándalo en escándalo, y que muchos de sus miembros han odiado y odian profundamente a la prensa, y si pudieran, la desterrarían de sus vidas. Pero saben que no pueden.
Además, han sido y son conscientes de la importancia de comunicar y de hacerlo bien para mantener el favor de los medios y de la ciudadanía. Y aunque la monarquía ha sufrido grandes crisis, como la más reciente con el expríncipe Andrés y los archivos Epstein, siempre ha salido adelante. Incluso algunas de ellas la han fortalecido, como la surgida por la abdicación de Eduardo VIII, un trauma en su momento que dio paso al reinado de Jorge VI, padre de Isabel II. Es evidente que aquí las cosas terminaron saliendo bien.
Un claro ejemplo de cómo han cambiado los tiempos ha sido en lo referente a las enfermedades. En el pasado muy lejano, y en otro que no lo es tanto, se optó por el oscurantismo y por ocultar la verdad.
En un pasado algo más cercano, uno fue lo más sincero posible, mientras que la otra contó a medias en un primer momento, lo que llevó a una situación insostenible que solo se resolvió con la verdad. Se hizo patente que lo que podía servir para una época ya no valía para un presente en el que todo ha cambiado.
Porque el cáncer, una enfermedad que desgraciadamente todo el mundo conoce, o bien por experiencia propia, o por la de un familiar o amigo, también ha tocado a los Windsor, y además de tener que manejar esta dolencia y sus consecuencias, les dejó claro qué camino debían seguir y cuál evitar.
La polémica de ¿dónde está Kate Middleton?
2024 no pudo empezar peor para la familia real británica. El 16 enero, la princesa de Gales se sometió a una operación abdominal programada en Londres. No se dieron más explicaciones, pero se reconoció que su baja se prolongaría, al menos, hasta después de Semana Santa.
Dos semanas después volvió a casa para recuperarse, pero no lo haría tranquila porque no tardaron en surgir rumores que dieron la vuelta al mundo. Las redes sociales fueron un hervidero de comentarios e incluso de locas teorías.
La pregunta era: ¿dónde está Kate Middleton? La respuesta era obvia: en su casa. Sin embargo, en el mundo de la imagen y de la inmediatez, resulta chocante no tener noticias de una de las mujeres más famosas de la tierra.
Por si fuera poco, el 5 de febrero, Buckingham Palace comunicó que Carlos III tenía cáncer. La enfermedad había sido descubierta durante su intervención de próstata. Desde el primer momento hubo una gran transparencia y se hizo hincapié en que el rey mantendría su agenda oficial en la medida de lo posible.
Lo que el monarca no quiso decir, ni entonces ni ahora, es qué tipo de cáncer padece. Su enfoque es que si es más específico, se podría especular con su estado de salud presente y futuro, su tratamiento, sus posibilidades de recuperación o si esta enfermedad fuera curable o crónica.
Mientras Carlos III había sido claro, o todo lo que se podía esperar, la rumorología llegó a tanto que se especuló con problemas en el matrimonio de los príncipes de Gales, señalando en concreto a Rose Hanbury, marquesa de Cholmondeley y amiga de la pareja real, como amante del príncipe Guillermo. La cosa llegó a unos límites que ya no se podía callar más.
Así, el 22 de marzo de 2024 se publicó un vídeo protagonizado por Kate Middleton en el que confirmaba que aunque en un primer momento no se trataba de cáncer, se había descubierto la enfermedad pocas semanas después de su operación abdominal y que se iba a someter a quimioterapia preventiva. El mundo calló, escuchó, y quien tuvo que hacerlo, pidió disculpas.
La princesa de Gales nunca dijo de qué tipo de cáncer se trataba, pero a lo largo de los siguientes meses fue dando detalles sobre cómo iba evolucionando, y como hizo Carlos III, visitó hospitales y a personas que recibían tratamiento contra su misma enfermedad. En enero de 2025 confirmó que estaba en remisión.
La Reina Madre nunca quiso hablar del cáncer
Por su parte, en las generaciones anteriores no fue así y no supimos que el cáncer había afectado también a los reyes Jorge VI e Isabel, a Isabel II y al duque de Edimburgo cuando había fallecido.
En el caso de Jorge VI, ni siquiera él supo que la verdadera dolencia que padecía y por la que fue operado en 1951 era un cáncer de pulmón. Falleció el 6 de febrero de 1952 sin conocer realmente lo que le pasaba. Tampoco lo supo la opinión pública hasta mucho después.
Lo mismo con la Reina Madre, que se sometió a una operación en 1966 por un cáncer de colon, y a otra por un tumor mamario en 1984. Nunca se supo la verdad hasta 2009, cuando siete años después de su muerte, William Shawcross publicó una biografía de la madre de Isabel II en la que lo contó.
El duque de Edimburgo ocultó ocho años un cáncer
Este oscurantismo se mantuvo en la siguiente generación, a pesar de haber ocurrido ya en pleno siglo XXI. Sabíamos que la reina Isabel había estado enferma en su último año y media de vida, pero palacio de Buckingham nunca lo dijo. Su certificado de defunción indicó la vejez como causa de su muerte, ocurrida el 8 de septiembre de 2022 a los 96 años. Pero la realidad era otra.
Poco después del deceso, Gyles Brandreth, que fue amigo del duque de Edimburgo, lanzó una biografía de la fallecida monarca en la que indicaba que había tenido un mieloma. Dos años después, Boris Johnson, el número 14 de los 15 primeros ministros del reinado de Isabel II, contó en su libro que Isabel II había sufrido un cáncer de huesos.
Y hay más, porque aunque todos pensábamos que el duque de Edimburgo, que dejó este mundo el 9 de abril de 2021 a los 99 años, no había sido afectado por esta enfermedad, Hugo Vickers se encargó de revelarlo a través de otro libro. En él contó que en 2013, al príncipe Felipe se le había diagnosticado un cáncer de páncreas con el que vivió 8 años.
Una forma de hacer las cosas que ya no sirve
Nos preguntamos por ello por qué la familia real británica se dejó guiar por esa falta de transparencia en cuanto a su salud, pese a haber implicado a los miembros más importantes de la casa real.
En ese sentido, Gustavo Egusquiza, consultor de Comunicación y Relaciones Públicas, cercano a la familia real británica, y que compartió círculo con Guillermo y Kate durante sus años de estudiantes en Escocia, que en conversación con El HuffPost cuenta que "los reyes hacen un juramento de servir hasta el día de su fallecimiento. Si se filtra que hay una enfermedad en la familia real, se produce preocupación del público. Lo primero es que no les gusta que se centre la atención en ellos como en personas, sino en lo que hacen. Y luego está la propia privacidad del paciente. Muchas veces no quieres que se especule con tu salud".
"Eran otros tiempos, y aunque parecen recientes, era otra manera de ver las cosas. La familia real británica siempre se ha movido con aquello de 'nunca te quejes, nunca des explicaciones'. Para ellos lo importante era que el foco estuviera en lo que hacían, y no en ellos o en lo que les pasaba", añade.
Efectivamente Isabel II se crio de otra manera, si bien pudo y supo adaptarse bien a los tiempos. Eso no quita para que al final de su vida decidiera que no se supiera su enfermedad, algo que como recalca Egusquiza, fue una decisión suya.
"Era una persona autónoma hasta el final que le permitió decidir a ella misma. Parece que fue más una decisión probablemente meditada de ella debido a la forma en la que había crecido, a la idiosincrasia que tenía y a la forma de entender la realidad de ella", sostiene. Por ello, optó por llevar su enfermedad en silencio para no preocupar a la ciudadanía y para que no se especulara con su muerte.
Pero menos de año y medio después, todo cambio. En ese 2024 tan duro para la familia real británica, Carlos III demostró que tenía una manera de hacer las cosas. Y aunque en un primer momento Kate Middleton parecía apostar por la forma de hacer las cosas del pasado, no tardó en darse cuenta de que ya no iba a ser posible.
"En el caso de Catherine nos enteramos después de toda la presión pública que hubo contra ella, porque nadie sabía lo que estaba pasando realmente. Hoy en día, con las nuevas tecnologías de comunicación, la prontitud de la información, y las fake news, es más fácil que la reputación de una institución como la casa real británica pueda verse afectada, entonces, hay que responder rápidamente. Y se ha hecho. Yo creo que a los equipos les pilló un poco de imprevisto esto y han tenido que adaptarse", manifiesta el consultor.
En cuanto a Carlos III, Egusquiza mantiene que "quiso proteger de alguna manera y derivar la atención de lo que estaba pasando con Catherine hacia él. Aunque también por transparencia de la propia Casa Real. Carlos es una persona muy avanzada para su tiempo que ha querido introducir cambios y lo ha hecho".
¿Y por qué lo acabó contando Kate Middleton? En ese sentido el consultor apunta que se dejó asesorar por los equipos de comunicación "ante la cantidad de información falsa que estaban circulando por todo el mundo. Había una especulación tremenda. Se hablaba de crisis y ruptura matrimonial durante mucho tiempo y era un tema de salud".
Por tanto, no tenía opciones, porque mientras en el caso de Isabel II ya era muy anciana y las cancelaciones de sus actos no extrañaban tanto, resultaba imposible para la joven princesa de Gales desaparecer tanto tiempo sin ofrecer explicaciones que resultaran convincentes. Cuando no las dio, todo fueron rumores amplificados por las redes sociales, que no existían en el siglo XX. Cuando por fin habló, la gente entendió y empatizó con ella.
"Podrían haberlo ocultado, pero hubiera tenido un coste público para ellos bastante importante. Estaba empezando a afectar a su imagen como pareja y no tenemos que olvidar que son los futuros reyes y eso exige también un cierto grado de transparencia", declara Gustavo Egusquiza, que añade que, al final, la corona y tanto Carlos III como la princesa de Gales salieron fortalecidos de una crisis en la que la falta de transparencia fue un error, mientras que la sinceridad fue clave: "El rey y Catherine han hecho muy bien en contarlo. Es una manera de conectar también con los enfermos de cáncer. Les hizo ganar popularidad".
Es evidente que los tiempos han cambiado y que lo que valía para una época y para unas personas, no vale para estos años y para otras personas. Sin duda, la casa real británica han aprendido de lo sucedido para el presente, y también para el futuro.