Pedro Almodóvar, 76 años: "La negrura de Lanzarote es muy dramática y espiritual, es un paisaje perfecto para desaparecer, esconderse o llorar"
No es la primera vez que Almodóvar rueda en Lanzarote.

Pocas localizaciones han marcado tanto el universo cinematográfico de Pedro Almodóvar como Lanzarote. La isla volcánica canaria vuelve a convertirse en escenario de una de sus películas y, para el director manchego, no es una elección casual. A sus 76 años, el cineasta asegura que su paisaje transmite una fuerza difícil de encontrar en otro lugar.
"La negrura de Lanzarote es muy dramática, muy cinematográfica y muy espiritual: un paisaje perfecto para desaparecer, para esconderse, para llorar o para morir", afirma al explicar por qué decidió regresar a la isla para rodar Amarga Navidad.
Un regreso a uno de sus lugares favoritos
No es la primera vez que Almodóvar rueda en Lanzarote. Ya lo hizo años atrás con Los abrazos rotos, protagonizada por Penélope Cruz y Lluís Homar, una película en la que uno de los momentos más recordados transcurre en la Playa del Golfo. El director recuerda aquella escena con especial cariño. En ella, los protagonistas descubren, al revelar una fotografía, a una pareja abrazada y escondida entre las rocas de la playa.
Ahora, esa imagen vuelve a aparecer en Amarga Navidad, aunque trasladada a otro escenario muy distinto: las escaleras del Sacré-Cœur de París, donde otra pareja se abraza con la misma intimidad, como si el mundo desapareciera a su alrededor.

Un paisaje marcado por el volcán
El magnetismo que Almodóvar encuentra en Lanzarote está estrechamente ligado a su origen volcánico. La isla es conocida por sus extensiones de lava solidificada y por sus playas de arena negra, formadas cuando la lava entra en contacto con el mar o por la erosión de las rocas basálticas a lo largo de los siglos.
Espacios como Playa del Golfo, Playa de Janubio, el Charco de los Clicos o Playa Quemada se han convertido en algunos de los paisajes más reconocibles de la isla gracias al contraste entre el negro de la roca volcánica, el azul del océano y la escasa vegetación. Para el cineasta, ese entorno posee una intensidad visual que va mucho más allá de la belleza del paisaje.
El lugar donde afrontar el duelo
En Amarga Navidad Lanzarote no es únicamente un escenario. También forma parte de la historia. La protagonista, Elsa, viaja hasta la isla para enfrentarse al dolor por la muerte de su madre, ocurrida un año antes. Junto a ella está Patricia, una amiga que atraviesa una crisis personal tras abandonar a su marido, incapaz de soportar más sus continuas infidelidades.

Mientras Elsa encuentra en el silencio de la isla la fuerza para reconstruirse y recuperar las ganas de escribir y volver a rodar, Patricia descubre que el viaje no basta para romper con una relación de la que sigue dependiendo emocionalmente. En ese contraste entre ambas mujeres, Almodóvar convierte el paisaje volcánico en un reflejo de sus emociones.
Cuando el paisaje también cuenta la historia
El director explica que el silencio, el sonido constante del mar y el movimiento de las palmeras crean una atmósfera que acompaña el proceso interior de los personajes. No es la primera vez que el manchego utiliza un espacio natural como un elemento narrativo, pero reconoce que Lanzarote posee una personalidad única.
Su oscuridad, nacida de la lava, y la sensación de aislamiento que transmite convierten a la isla en mucho más que un decorado. Para Almodóvar, es un lugar donde los personajes pueden enfrentarse a sus pérdidas, esconderse del mundo o encontrar el impulso necesario para volver a empezar.
