El 'orgullo intersex' para acabar con la invisibilidad dentro y fuera del colectivo LGTBIQ+: "Es como si exigir nuestra dignidad fuera excesivamente radical"
La 'I' del colectivo sigue sin ser reconocida incluso dentro de las personas LGTBIQ+ y siguen enfrentándose a criterios hormonales y médicos que no les tienen en cuenta.

"¿Y ese círculo morado qué significa?", se escuchaba preguntar en el Orgullo Crítico de Madrid que recorrió el pasado 28 de junio las calles de Carabanchel sobre la conocida como Bandera del Progreso.
Esta insignia, además de los seis colores del arcoíris que popularizó Gilbert Baker en 1978, incluye desde 2018 otros colores que hacen referencia a grupos del colectivo tradicionalmente marginados: personas trans, las personas racializadas y las personas intersexuales.
Precisamente esa insignia amarilla con con círculo morado fue diseñada en 2013 para representar al colectivo intersexual. Pero esa pregunta solo demuestra el desconocimiento que hay detrás de esta insignia y de esta "I". A pesar de ser uno de los más numerosos, sigue invisibilizado tanto dentro como fuera del colectivo LGTBIQ+ y, sobre todo, no se comunica correctamente lo que representa ya que no se trata de un orientación sexual, ni de una identidad sexual.
Tal y como lo define Kaleidos, la única asociación española de personas intersex, se trata de "una variedad de condiciones corporales con las cuales una persona nace con características sexuales (cromosomas, genitales, gónadas, niveles hormonales…) que parecen no encajar en lo que se considera típicamente masculino o femenino". Esto puede ir desde una variación cromosómica a determinadas características físicas.
Un grupo de personas que, aunque representen a un 1,7% de la población nacional —se suele comparar con la tasa similar de pelirrojos a nivel mundial—, comenzaron a agruparse en España poco antes de la pandemia de la covid-19 bajo la asociación Kaleidos, integrada dentro de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales (FELGTBI+) y cuyos avances se han visto limitados.
Más aún, cuando la indiferencia o el desconocimiento se convierte en violencia con ejemplos mediáticos como el de la boxeadora argelina Imane Khelif, víctima de todo tipo de bulos y comentarios tránsfobos durante su participación en los Juegos Olímpicos de de París 2024.
Cuando se dan estos casos es que, la violencia debajo de los titulares es aún mayor. Según el informe Being Intersex in the EU de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) publicado en 2025 señalaba que "España es el segundo país de la UE con más agresiones físicas o sexuales contra personas intersex en los últimos cinco años, donde cuatro de cada 10 han sufrido estas violencias".
Por ello, desde FELGTBI+ acordaron tender la mano al colectivo intersex este 2026 reivindicando los "derechos humanos" bajo el lema 'Corporalidades Intersexuales: derechos reales'. Con ello, han querido poner sobre la mesa que las personas intersex siguen siendo víctimas de intervenciones médicas y medicalización injustificada, así como de la invisibilización pública.
"Las personas intersex han sido sistemáticamente excluidas de los discursos médicos, educativos, legislativos y sociales", apuntó la presidenta de FELTGBI+ Paula Iglesias, quien recordó que "además, enfrentan a diario estigmatización, vulneraciones de derechos y prácticas médicas no consentidas". "Por eso, este año trabajaremos para poner en el centro del debate público, político y social las realidades y demandas de las personas intersex porque la invisibilidad también es una forma de violencia", añadió.

El desconocimiento incluso dentro del colectivo y enfrentarse a una medicalización injusta
Aunque en los últimos años se hayan tomado medidas para mejorar la realidad intersexual, el ilustrador y activista intersex sevillano Bernar Usk, cuyo nombre real es Bernardino Julio Sañudo Franquelo, cree que los pequeños pasos de estos últimos años no han sido suficientes para poner sobre la mesa la problemática del colectivo.
"Seguimos aún bajo una gran losa de invisibilidad. Aún estamos en ese punto en el que casi tenemos que agradecer que no se olviden de la 'I' al deletrear todas las siglas y estamos hablando incluso dentro de espacios del mismo colectivo, fuera ya ni te cuento", bromea.
Las demandas de las personas intersexuales van más allá de las que se implantaron con la Ley Trans, que recogían las llamadas correcciones genitales a menores intersex que, sin embargo, siguen realizándose en muchos casos esgrimiéndose que la vida del bebé puede correr peligro. "Cosa que no es cierta", asegura Bernar. "Todo eso se junta con que en el lenguaje del día a día se confunda síndrome genético con enfermedad", explica el sevillano, quien denuncia que la falta de información llega precisamente en una época tan delicada en muchos casos como es la adolescencia.
"En otras ocasiones estas intervenciones se plantean como algo humanitario para ayudar al bebé a encajar dentro de un futuro estereotipo de género. Por eso es fundamental formar a los profesionales a la vez que se desarrolla el reglamento que aplica la ley para prohibir estas prácticas", destaca.
Para el activista, en ocasiones al colectivo intersex se les exige "lentitud". Es decir, que se adapten a los tiempos que han sufrido otras siglas como gais, lesbianas, bisexuales e incluso las personas trans cuyas reclamaciones asociadas llevan más años en marcha.
"Parece que a la hora de redactarse la nueva Ley LGTBI estatal se va a contar seriamente con todas nuestras propuestas y, de golpe, nos quedamos con casi todo el texto fuera, como si exigir nuestra dignidad fuera excesivamente radical", reivindica. "De hecho, lo poco que pudo entrar dentro de la ley no se aplica por la falta del desarrollo de un reglamento específico", denuncia.
En esta demanda coincide con Elsa Rojas, mexicana intersex residente en España desde hace cinco años, quien recuerda que en su país todavía queda mucho por hacer a nivel de normativas si comparamos con nuestro país.
"Además de que es un tema tabú del que, excepto asociaciones como Brújula Intersexual, nadie habla. Los protocolos médicos siguen incluyendo estos procedimientos, sin el consentimiento por supuesto del bebé que sufrirá las consecuencias de por vida, ni, en muchos casos, de sus progenitores", destaca.
Rojas asegura que, además como mujer intersex bisexual, se ha encontrado a personas del colectivo que ni sabían lo que era. "Me decían como 'eres trans' o no binario, la gente no tiene nada claro que yo soy una persona cis con unas condiciones determinadas, como que nací con cromosomas XY, pero tengo genitales asociados al género femenino", recuerda.
"En mi día a día, además de determinadas características físicas, he tomado correctores hormonales para ajustar mis niveles de estrógenos y testosterona prácticamente toda mi vida. Pero eso es ignorado por buena parte del resto de las siglas del colectivo", se queja Rojas.
Para el ilustrador sevillano, el punto positivo viene precisamente por el paso del tiempo y el relevo generacional que, a nivel médico, se va dando entre profesionales formados en la época franquista y nuevas generaciones que sí que conocen o, al menos, se forman en nuevos protocolos.
"Cada vez desciende más el número de profesionales que niegan nuestra existencia, porque cuando hicieron la carrera en la era franquista, los estudios de genética no estaban tan desarrollados como ahora. Básicamente se están jubilando. Hace una década compartíamos muchas anécdotas así entre diferentes activistas", recuerda en relación a sus vivencias personales.
Para Bernar, aunque se han dado pasos a nivel médico, denuncia que "es necesario más personal en las plantillas, porque los pocos que hay están tan desbordados que no tienen ni tiempo para formarse".
Una búsqueda personal por la representación: de los estudios históricos al cine con películas como la nueva 'Mi querida señorita'
Tanto para el sevillano como para la mexicana, la falta de representación y normalización también han hecho mella en la invisibilización. Así se añaden también los estereotipos y las malas representaciones públicas que se han hecho, como el mencionado caso de Khelif o el de la atleta sudafricana Caster Semenya, a la que una sentencia del Tribunal de Estrasburgo admitió que había sido discriminada por su intersexualidad al ser descalificada por sus niveles hormonales.
En el ámbito cultural, este 2026 la nueva versión de Mi querida señorita estrenada en Netflix, producida por Los Javis y con guion de la escritora trans Alana Portero ha marcado un antes y un después gracias también a contar con Elisabeth Martínez, una actriz intersex. Pero también al mostrar en el guion explícitamente la intersexualidad de su protagonista, algo que no hacía la cinta de José Luis López Vázquez.
"Tenía todo el sentido actualizar la película original de 1972 y traerla al mundo actual. Yo no recordaba lo qué le pasaba al personaje, incluso los periodistas que me entrevistaban cuando estábamos rodando la peli ni siquiera entendían que se trataba de un personaje intersex, pensaban que era una persona trans", explicó a El HuffPost su director Fernando González Molina.
Bernar suma a esta adaptación la realidad intersex que han mostrado otras cintas como Los malos nombres, basada en hechos reales, que aborda la historia del maquis Florencio Pla Meseguer, conocido como 'La Pastora', utilizado como chivo expiatorio durante el franquismo.

"Ambas peliculas tienen perspectivas que ayudan muchísimo. El tema de lo intersex como lo central y, en el otro caso, como algo más secundario pero importante. Partimos directamente de que apenas ha habido nada. O como en el caso del Mi Querida Señorita de 1972 que ni se nombra como intersex", recuerda.
Para Rojas, algo que le cambió la perspectiva fue el libro Middlesex (Anagrama) de Jeffrey Eugenides, en el que el protagonista trata de investigar su herencia genética griega y también las variaciones genéticas que habían llevado a que hubiese varias personas intersex en su familia.
"Me abrió otra visión totalmente diferente", recuerda la mexicana, quien apunta a que ni siquiera las grandes plataformas están mostrando apenas realidades intersex. "En Disney, en Netflix, en las grandes productoras se ha hecho un esfuerzo muy bueno en mejorar la representación de otras siglas del colectivo LGTBIQ+. Nosotros, sin embargo, estamos ahora como podrían estar los homosexuales hace 50 o 60 años. Sí, hay gente que sabe que existimos, pero muchas de las noticias están relacionadas o con problemas médicos o con descalificaciones deportivas", apunta.
Para tratar de luchar contra este estigma y aportar un poco de luz a que la intersexualidad no es algo nuevo, aunque su asociación y sus reivindicaciones sí se hayan hecho públicas hace poco, Bernar, que acostumbra a publicar crónicas dibujadas de Sevilla reflejando sus gentes y sus tradiciones desde su óptica, publicó su fanzine Personajes intersexuales de la historia donde recoge hasta 30 biografías de personas intersex, entre las que se incluyen la mencionada 'La Pastora', la torera almeriense María S. Rodríguez Tripiana, apodada 'La Marimacho', o el diplómatico francés conocido como el caballero de Eon.
"Empecé a buscar con miedo... Me preguntaba '¿acabarán todos muertos en malas condiciones? ¿Les asesinaron? Será ese mi destino también?", bromea el ilustrador que, recuerda que al final encontró distintos relatos.
"Como cualquier otro ser humano pues hay gente que ha vivido bien, otros no tanto, alguno fatal y eso me tranquilizó. A lo mejor esto que digo suena horrible pero hay varios casos de mujeres en el bandolerismo entre Andalucía, Murcia y Portugal que, al verse como seres humanos extraños y ser marginadas, se echaban al monte con armas a vivir sin que nadie las molestara", ejemplifica.
"Todas acabaron fatal, pero oye quizás no está del todo mal esa libertad de desaparecer entre peñascos hasta se eche de menos en este mundo", recuerda y apunta que, aunque las realidades han cambiado, cree que todavía queda mucho por hacer, más aún cuando los sectores conservadores llaman a la puerta.
"Aunque este mundo se dice más progresista es bastante estresante y, en muchas ocasiones, nos sentimos incomprendidos e incluso diana de odios por parte de sectores más conservadores de la sociedad solo por el hecho de existir", reivindica.
Rojas se muestra optimista y cree que el cambio en la realidad intersex se dará también conforme pase el tiempo y confía en que haya una mayor visibilidad y representación. "Creo que ya poniendo nuestra bandera, con las asociaciones que hay que, aunque no pertenezca a ninguna, hacen gran trabajo, la gente puede llegar a derribar muchos prejuicios dentro y fuera de las clínicas médicas", sentencia.
