Los expertos en barbacoas nunca tocan las cenizas después de la comida: el método correcto que conserva la parrilla durante años
Cómo evitar que la parrilla se deteriore mucho antes de lo esperado.

Con el verano en pleno apogeo, las barbacoas vuelven a ocupar un lugar protagonista en jardines, terrazas y reuniones familiares. Entre risas, largas sobremesas y comidas al aire libre, hay un momento al que casi nadie presta atención: la limpieza de la parrilla. Sin embargo, la forma de apagar las brasas y retirar las cenizas puede marcar la diferencia entre una barbacoa que dura años y otra que empieza a deteriorarse mucho antes de lo esperado.
Fruto de la impaciencia, muchas personas echan agua sobre las brasas para apagarlas cuanto antes o retiran las cenizas mientras aún desprenden calor, dos gestos que los expertos desaconsejan por completo. El cambio brusco de temperatura puede provocar un choque térmico que deforme el metal, agriete el esmalte protector y favorezca la aparición de óxido con el paso del tiempo.
En realidad, el mejor método para conservar la parrilla en buen estado consiste en hacer lo contrario: dejar que se enfríe de forma natural y esperar hasta que las cenizas estén completamente frías antes de limpiar. Según recoge 20 Minutes, basta con colocar la tapa de la barbacoa y cerrar las rejillas de ventilación. Al cortar el suministro de oxígeno, las brasas se extinguen de forma gradual y la estructura metálica se enfría lentamente.
Estos son los pasos a seguir
Una vez la barbacoa se apaga por completo, el siguiente paso llega al día siguiente, cuando las cenizas están completamente frías. Solo entonces se aconseja retirarlas con una pala o un cepillo, una medida que no solo evita quemaduras accidentales, sino también el riesgo de que alguna brasa todavía activa provoque un incendio al desechar los restos, algo especialmente importante durante los meses de verano.
Después de vaciar el depósito, lo recomendable es limpiar el interior con un cepillo adecuado para eliminar el hollín y los restos de suciedad, sin recurrir a herramientas excesivamente agresivas que puedan deteriorar el acabado de la parrilla. También es importante secar bien todas las superficies para impedir que la humedad se acumule, ya que los especialistas sostienen que la mezcla de cenizas y humedad es uno de los principales enemigos de las barbacoas de acero.
Como último gesto de mantenimiento, muchos aficionados aplican una fina capa de aceite vegetal en las superficies metálicas y guardan la barbacoa protegida con una funda transpirable. Es un hábito de lo más simple que ayuda a crear una barrera frente a la humedad y permite que el equipo se mantenga en buen estado durante muchos años, listo para la siguiente comida multitudinaria al aire libre.
