Ni una marca sin su tenista: los jugadores ya no son solo iconos deportivos, se han convertido en un filón para la moda
Wimbledon ha dejado claro que la relación entre las firmas de lujo y el tenis es cada vez más fuerte.

La simbiosis entre el tenis y la moda siempre ha estado presente. No en vano, los brazaletes de tenis se llaman así por el gusto de la tenista Chris Evert por este tipo de pulseras allá por los sesenta y nombres como Roger Federer, estrella de la pista en los 2000, han conseguido posicionarse no solo como grandes atletas, sino también como grandes iconos.
Ayuda y mucho que Anna Wintour, la mujer más poderosa de la moda durante décadas, sea gran aficionada a este deporte, pero la realidad es que la estética del tenis ha sabido traspasar hasta las tiendas y las calles. Es más evidente que nunca cuando llega el verano y el Grand Slam por excelencia, Wimbledon, que celebra este fin de semana las finales masculina y femenina en Londres.
Pero más allá de faldas plisadas, polos y vestidos en blanco impoluto, en las últimas semanas ha quedado claro lo que se venía cociendo en el último año: los tenistas se han convertido en los mejores embajadores de firmas de moda y lujo. Antes, esas colaboraciones se limitan a estilismos dentro de pista, pero ahora son los rostros de las marcas en sus campañas, hacen colaboraciones urbanas y se sientan en las primeras filas de sus desfiles.

A diferencia de lo que sucedía antes, cuando Federer, Nadal, Sharapova o Serena Williams acumulaban sponsors de este tipo, ahora el número de jugadores que son imagen de una firma de moda ha aumentado considerablemente.
Moda dentro de la pista
Los datos lo dejan claro: de las diez deportistas que más ingresan al año, siete son tenistas, y en lo más alto del ranking está Coco Gauff. La jugadora estadounidense, ganadora de dos Grand Slam, se ha posicionado como una de las tenistas más implicadas con la moda y cada kit, especialmente aquellos para los grandes torneos, está diseñado al milímetro en colaboración con la marca que la representa, New Balance.

En el último año, Gauff ha desarrollado una alianza con Miu Miu, la que fuera marca joven de Prada, para diseñar sus estilismos, demostrando que van más allá de los acuerdos con gigantes deportivos. ¿El resultado? Varios conjuntos de inspiración noventera con toques en azul marino, rojo o verde que han alcanzado su máximo esplendor en los últimos 15 días en Londres, donde ha elegido varios looks minimalistas para saltar a las pistas de Wimbledon que han captado la atención de los fans.
No es la única. Más mediática ha sido Naomi Osaka, que ha convertido cada una de sus apariciones de Grand Slam en lo más parecido a una pasarela que se ha visto en el tenis, con diseños creados especialmente para cada ocasión entre Nike y diferentes diseñadores. Desde la medusa de Australia hasta los destellos estilo torre Eiffel de París, sin olvidarse del impoluto kimono blanco que ha lucido en Londres.

A pesar de que Osaka ha tenido que soportar las críticas de un sector de los fans, las marcas han tomado nota y saben que en el momento de salir a la pista todos los ojos están sobre los jugadores. Por eso el estadounidense Taylor Fritz, número diez del mundo, ha lucido en Wimbledon un traje a medida de Boss, la firma que lo patrocina y viste durante la competición.
Además de los conjuntos para jugar, los accesorios han ido ganando cada vez más protagonismo, llegando a lucirse joyas de altísima calidad. El mejor ejemplo es Aryna Sabalenka, la número 1 del mundo, que en el último año ha llevado en todos los torneos los pendientes, collares y pulseras a medida que diseña en colaboración con Material Good. La tenista bielorrusa ha lucido, por citar algunos ejemplos, rubíes en Roland Garros, zafiros en Australia, diamantes en Madrid o más recientemente esmeraldas en Wimbledon.

El caso de Sabalenka es el más llamativo y el más sofisticado ya que son piezas creadas en exclusiva para ella, pero otros rostros jóvenes como la estadounidense Amanda Anisimova, imagen de Tiffany, también son ejemplo de que algo está cambiando. La joven tenista suele lucir habitualmente en sus partidos piezas de la firma de joyería en cada uno de sus partidos. Igual que la número uno italiana Jasmine Paolini, que no se separa de sus pendientes de Damiani desde que la casa italiana la nombró embajadora junto a su compatriota Luciano Darderi.
Las caras visibles fuera de la pista
Las acciones en pista seguirán presentes, pero lo que se está haciendo cada vez más evidente es que las marcas no solo buscan el impacto durante la competición, sino que han entendido que los jugadores son figuras con relevancia fuera de los estadios y en el último año se ha visto una incesante cascada de firmas que presentan a sus nuevos embajadores tenistas. A la cabeza del fenómeno están Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, embajadores desde hace años de Gucci y Louis Vuitton, respectivamente.

En el caso del español, la firma francesa no explota demasiado el tirón del murciano -basta con recordar su portada de Vanity Fair de hace unos meses-, mientras que en el caso de la marca italiana, se han volcado con el actual número 1 del mundo. Cada ciertos meses se repiten cenas en su honor, campañas en las montañas de su infancia y presencia en sus desfiles. Ahora Sinner no está solo al frente de la casa italiana ya que Gucci también ha fichado recientemente a Aryna Sabalenka, dejando claro que su apuesta por el tenis está funcionando.
Ellos son las caras más visibles del deporte, pero no los únicos que han cerrado grandes contratos. El italiano Lorenzo Musetti fue nombrado embajador de Bottega Veneta en 2025 coincidiendo con una campaña que celebraba el trabajo artesanal de la marca y de la que el tenista formaba parte. El detalle por el que es conocida Bottega Veneta es un match perfecto para el tenis del italiano, popular por la estética de su juego, más propio de otros tiempos. Desde el año pasado, Musetti ha seguido ejerciendo de imagen de la firma y luciendo espectaculares creaciones de la marca dentro y fuera de la pista.
Otra alianza ganadora es la del inglés Jack Draper con Burberry, que lo fichó en marzo del año pasado como embajador, siguiendo la nueva línea de la marca de reivindicar la cultura británica. El tenista ha participado en campañas de la firma, como en la que este año celebraron los 170 años de su icónica gabardina y se ha sentado en primera fila en sus desfiles junto a Anna Wintour, que ha ido a apoyarle en varios encuentros. Draper, conocido por sus experimentales cortes de pelo, no solo ha cerrado su colaboración con Burberry sino que en los últimos meses ha diseñado una línea de deportivas inspiradas en los Grand Slam con la firma sueca Axel Arigato.
Y si el británico ha compartido confidencias con Anna Wintour, el francés Arthur Fils se ha paseado en los últimos meses por la alfombra roja del festival de Cannes después de ser fichado por Balenciaga. Es más, la casa fundada por Cristóbal Balenciaga lo sentó esta misma semana en primera fila para presenciar el debut de Pierpaolo Piccioli al frente de la Alta Costura de la legendaria marca.
En el circuito femenino la gran estrella para las firmas de lujo es la campeona olímpica Qinwen Zheng, que se convirtió en un filón tras ganar la medalla de oro en París. Zheng es embajadora de Dior y protagoniza de manera recurrente campañas de la maison francesa e incluso portadas de Vogue, convirtiéndose en la primera atleta en ocupar la cubierta de la edición china.
El tenis ha impregnado tanto la cultura popular en los últimos años que no solo ha revolucionado el mundo del lujo. Firmas de accesorios como Coach también han visto una oportunidad y han elegido a la polaca Iga Swiatek, ganadora de seis majors, como su nueva imagen. De hecho, en la antesala de Wimbledon organizaron varios eventos, desde una charla relacionada con la lectura hasta una cena con numerosos rostros conocidos.
También se han sumado a esta fiebre marcas más asequibles como Mango, que fichó el otoño pasado al noruego Casper Ruud como embajador de su línea de hombre. El tenista ha protagonizado varias campañas luciendo sus novedades tanto en foto como en vídeo.
Con decenas de activaciones y eventos, Wimbledon ha vuelto a dejar claro que el tenis está en todas partes, pero este furor todavía no ha tocado techo. A la vuelta de la esquina, finales de agosto, se celebra el US Open, el último Grand Slam del año, y en él muchas marcas aprovechan para hacer anuncios o lucir a sus embajadores, por lo que no sería de extrañar que algún otro tenista sumara una nueva firma o que los jugadores lo den todo con sus looks para saltar al estadio más grande del mundo en Nueva York.
