Cisma científico por la supuesta presencia de microplásticos en el cuerpo humano: "El estudio sobre el cerebro es un chiste"
"Esto nos obliga a reevaluar todo lo que creemos saber sobre los microplásticos en el cuerpo humano".

Los plásticos como contaminante están siempre en la actualidad sobre salud planetaria, pero también pública: los famosos disruptores endocrinos y que se suele situar como fuente de todo mal, definiendo nuestros cuerpos modernos como un "mar" de microplásticos y por ende, causantes de mil males y enfermedades. ¿Es realmente así?
¿Se puede dudar de estudios rigurosos, de científicos reputados y de artículos extensos sobre el tema como los de The Guardian? Pues parece que sí. Buenas noticias para los hipocondríacos, los "no es para tanto" o "eso está por ver", aplicado a los microplásticos.
Durante los últimos años, los microplásticos han pasado de ser un problema ambiental a una inquietud sobre la salud humana. Titulares de todo el mundo han asegurado que estas partículas se han encontrado en el cerebro, la sangre, los testículos, la placenta o las arterias.
Algunos estudios incluso sugieren que su presencia podría estar aumentando con rapidez.
Pero ahora, un grupo creciente de científicos pide frenar y revisar con lupa esas conclusiones. No porque el problema del plástico no exista —es real y masivo—, sino porque parte de la evidencia podría estar basada en errores metodológicos, contaminación de muestras y falsos positivos.
Y eso, en ciencia, es una bomba.
Qué dicen los estudios… y por qué se cuestionan
Las investigaciones publicadas en revistas de alto impacto y difundidas por medios como The Guardian han afirmado detectar microplásticos y nanoplásticos (MNP) en tejidos humanos mediante autopsias y análisis clínicos. El mensaje ha calado: el plástico ya está dentro de nosotros.
El problema es que las partículas que se intentan medir están en el límite de lo que la tecnología actual puede detectar con fiabilidad, sobre todo cuando se analizan tejidos humanos ricos en grasa o expuestos a contaminación ambiental.
Un análisis reciente identificó 18 estudios que no tuvieron en cuenta un factor clave: algunos tejidos generan señales químicas muy similares a las de los plásticos comunes, lo que puede dar lugar a errores graves.
El caso del cerebro: "una broma", según un químico
Uno de los estudios más citados afirmaba que los niveles de microplásticos en el cerebro humano habían aumentado de forma significativa entre 1997 y 2024. El impacto fue enorme. Meses después, varios científicos publicaron una crítica formal señalando controles de contaminación insuficientes y falta de validación de resultados, tras publicarse nada menos que en Nature.
El químico ambiental Dušan Materić, del Centro Helmholtz de Alemania, fue todavía más contundente en una carta publicada: "El artículo sobre microplásticos en el cerebro es una broma. El cerebro tiene alrededor de un 60% de grasa, y la grasa produce falsos positivos en las pruebas de polietileno".
Según Materić, más de la mitad de los estudios de alto impacto sobre microplásticos en tejidos humanos presentan dudas serias.
El gran problema: cómo se mide el plástico
Una de las técnicas más utilizadas es la pirolisis acoplada a cromatografía de gases y espectrometría de masas (Py-GC-MS). Simplificando: la muestra se quema, se analizan los gases liberados y se identifica su composición química.
El fallo es conocido: algunas moléculas procedentes de grasas humanas son indistinguibles de las que genera el plástico al quemarse.
Un estudio liderado por la química ambiental Cassandra Rauert, publicado en enero de 2025, fue claro: "Actualmente, la Py-GC-MS no es adecuada para identificar polietileno o PVC en tejidos humanos debido a interferencias persistentes".
Rauert va más allá y cuestiona la plausibilidad biológica de algunos resultados: "No he visto evidencia de que partículas de entre 3 y 30 micras puedan atravesar el torrente sanguíneo en esas cantidades".
El riesgo de alarmar… y de equivocarse
Nos encontramos aquí con un dilema incómodo. La evidencia débil puede provocar políticas públicas erróneas, pero también puede servir de munición para los lobbies del plástico para desacreditar riesgos reales. En la sociedad de la información, hay tanta que dudas de todo. ¿Cuidarse lo más posible en salud o pensar que exageran?
Roger Kuhlman, químico con experiencia en la industria, lo resume en declaraciones a The Guardian así: "Esto nos obliga a reevaluar todo lo que creemos saber sobre los microplásticos en el cuerpo humano. Y, siendo honestos, no es mucho".
No existen todavía protocolos analíticos estandarizados para medir MNP en tejidos humanos, algo que en química analítica básica se considera imprescindible: blancos de control, mediciones repetidas, pruebas con muestras enriquecidas y exclusión rigurosa de contaminación ambiental.
¿Hay microplásticos en nuestro cuerpo?

La respuesta honesta es: probablemente sí, pero no sabemos cuántos ni con qué efectos reales. Así de simple y de inquietante para unos, un alivio para otros.
Algunos estudios, como el que detectó microplásticos en sangre en 2022, defienden la validez de sus resultados y reconocen márgenes de error amplios. Otros investigadores admiten que el campo es todavía inmaduro y que muchos trabajos proceden de equipos médicos sin una sólida base en química analítica.
Ante la incertidumbre, los propios científicos recomiendan medidas sencillas y prudentes, no tratamientos milagro —algunos se venden por más de 10.000 libras sin evidencia científica—.
- Evitar calentar alimentos en recipientes de plástico.
- Reducir el uso de botellas de plástico, especialmente con bebidas calientes.
- Ventilar bien el hogar para disminuir partículas en suspensión.
- Filtrar el agua con carbón activo si existe preocupación.
Como dijo Materić, tenemos plásticos en nuestro interior y es razonable asumirlo, pero aún no sabe cuánto ni si debería preocuparnos de verdad.
Unos datos para que construyas tu opinión y decisiones
La producción mundial de plástico se ha multiplicado por 200 desde 1950 y podría superar los 1.000 millones de toneladas anuales en 2060. El problema ambiental es indiscutible. El sanitario, todavía no.
Los datos de microplásticos a nivel mundial en 2025 revelan una contaminación omnipresente: 17 millones de toneladas anuales generados, con partículas en océanos (11 Mt/año), aire (1.300 part./m²/día), suelos (3,6 Mt acumulados) y humanos (>50.000 part./persona/año inhaladas).
