José Ángel Morales, neurobiólogo: "Un eclipse no es solo un espectáculo visual, sino un estímulo que activa un sistema diseñado para convertir la sorpresa en conocimiento"
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José Ángel Morales, neurobiólogo: "Un eclipse no es solo un espectáculo visual, sino un estímulo que activa un sistema diseñado para convertir la sorpresa en conocimiento"

Los eclipses provocan curiosidad, que a su vez libera dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y a la motivación.

Ver un eclipse solar total es todo un acontecimiento y afecta a las personas más de lo que crees.Jaap Arriens

Cada vez que se produce un eclipse, millones de personas levantan la vista al cielo para contemplarlo. Algunos recorren cientos de kilómetros para situarse en el mejor punto de observación y otros organizan viajes con años de antelación. 

¿Qué tiene este fenómeno astronómico para generar semejante expectación? Para el neurobiólogo José Ángel Morales, la respuesta está en el propio funcionamiento del cerebro humano, como explica en la web científica Sinc.

"Un eclipse no es solo un espectáculo visual, sino un estímulo especialmente eficaz para activar un sistema diseñado para convertir la sorpresa en conocimiento", explica el investigador en el artículo de opinión. En otras palabras, la fascinación que despierta no es únicamente cultural o estética: tiene una base biológica profundamente arraigada.

Todo ello viene a un eclipse próximo e histórico en España

No queda nada para comprobar lo que dice el neurobiólogo. El próximo eclipse visible en España es un eclipse total de Sol el 12 de agosto de 2026. Será visible al atardecer y, en España, se verá como total en buena parte de la mitad norte peninsular y como parcial en el sur.

En A Coruña, por ejemplo, el eclipse del 12 de agosto de 2026 comenzará a las 19:31, tendrá su máximo a las 20:28 y terminará a las 21:22, poco antes de la puesta de sol. No será posible ver otro eclipse solar total desde España hasta 2053.

Para observarlo, hacen falta gafas solares certificadas o métodos de observación indirecta; no debe mirarse nunca el Sol sin protección adecuada.

  Un eclipse solar total.Getty Images

Un fenómeno que cautiva desde hace miles de años

Los eclipses han despertado el interés de la humanidad desde tiempos remotos. Diversas civilizaciones los interpretaron como señales sobrenaturales o presagios divinos, mientras que otras intentaron registrar sus ciclos para anticipar cuándo volverían a producirse.

Según Morales, esa necesidad de comprender lo que ocurría en el cielo impulsó la observación sistemática y contribuyó al desarrollo temprano de disciplinas como la astronomía o las matemáticas. 

Aunque hoy conocemos perfectamente la explicación científica de estos eventos, la reacción emocional que provocan sigue siendo extraordinariamente intensa. La razón es que el cerebro identifica un eclipse como un acontecimiento excepcional: es raro, visualmente impactante y rompe con la normalidad cotidiana, elementos que captan de inmediato nuestra atención.

El cerebro se concentra y "se olvida de sí mismo"

El neurobiólogo explica que uno de los modelos más aceptados interpreta la fascinación como la respuesta a una "brecha de información". Cuando percibimos que existe algo relevante que desconocemos, el cerebro activa mecanismos destinados a resolver esa incertidumbre.

Durante un eclipse participan regiones relacionadas con la atención y la detección de acontecimientos inesperados, mientras disminuye la actividad de la denominada red neuronal por defecto, asociada al pensamiento introspectivo y a la autorreferencia.

Ese cambio ayuda a explicar una sensación que muchas personas describen durante este tipo de experiencias: durante unos minutos dejan de pensar en sus preocupaciones cotidianas y concentran toda su atención en lo que sucede frente a sus ojos.

La curiosidad también activa el sistema de recompensa

Lejos de limitarse a una reacción emocional, contemplar un eclipse puede estimular circuitos relacionados con la motivación y el aprendizaje.

Morales señala que estructuras cerebrales implicadas en el sistema de recompensa liberan dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y a la motivación

Lo interesante es que esa recompensa no depende únicamente de bienes materiales o experiencias agradables, sino también del propio acto de adquirir conocimiento o resolver una incógnita.

Por ello, observar un eclipse y comprender lo que está ocurriendo puede resultar especialmente satisfactorio desde el punto de vista neurológico.

Además, la interacción entre estos circuitos y el hipocampo —una región fundamental para la memoria— favorece que este tipo de acontecimientos permanezcan grabados durante años

Muchas personas recuerdan con precisión dónde estaban o con quién compartieron un eclipse importante, precisamente porque el cerebro lo registra como una experiencia significativa.

¿Por qué algunas personas apenas sienten interés?

Pero hay gente para todo. No todo el mundo vive un eclipse con la misma intensidad. Según explica el neurobiólogo, existen diferencias individuales relacionadas con la organización funcional del cerebro y con determinadas condiciones neurológicas o psicológicas.

Personas con una menor sensibilidad al sistema de recompensa o con una elevada necesidad de respuestas cerradas y ausencia de incertidumbre pueden experimentar menos asombro ante este tipo de fenómenos naturales. En algunos casos, incluso pueden percibirlos con indiferencia o cierta incomodidad.

Sin embargo, para buena parte de la población ocurre justo lo contrario: la combinación de rareza, belleza y carácter efímero convierte el eclipse en una experiencia altamente estimulante.

Mucho más que un evento astronómico

Desde esta perspectiva, la fascinación que generan los eclipses cumple una función adaptativa. La sorpresa despierta la curiosidad, la curiosidad impulsa la búsqueda de respuestas y esa búsqueda activa mecanismos cerebrales que facilitan el aprendizaje y consolidan la memoria.

Por eso, sostiene José Ángel Morales, estos acontecimientos no deben entenderse únicamente como espectáculos visuales de enorme belleza. También representan una demostración de cómo el cerebro humano transforma lo inesperado en conocimiento y convierte un instante fugaz en un recuerdo duradero.

La próxima vez que la Luna oculte parcialmente al Sol o que la Tierra proyecte su sombra sobre el satélite, millones de personas volverán a mirar al cielo. Y, según la neurociencia, no será solo por admirar el fenómeno: será porque sus cerebros están programados para dejarse fascinar por aquello que aún despierta preguntas.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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