Lorena Cos, psicóloga deportiva: "Vivimos en una cultura tan orientada al éxito que la derrota se vive como algo negativo"
La especialista analiza por qué la obsesión de nuestra sociedad con la victoria es tóxica y reivindica el error como la verdadera materia prima del aprendizaje.

Vivimos inmersos en un mundo extremadamente competitivo. Desde que somos muy pequeños, normalmente a través del deporte escolar, nos taladran la cabeza con la importancia absoluta del éxito. Expresiones tan manidas como “tener mentalidad ganadora” o “el segundo puesto no vale” evidencian la obsesión de nuestra sociedad con la victoria.
Esta peligrosa fijación no se queda atrás en la infancia, sino que nos acompaña durante toda nuestra vida adulta, mutando hacia conceptos tan de moda hoy en día como la famosa "mentalidad de tiburón" en el mundo laboral o empresarial.
La psicóloga deportiva Lorena Cos ha abordado este espinoso tema en una reciente entrevista con el diario El País. La profesional subraya que la derrota no debe asimilarse jamás desde una perspectiva puramente trágica o adversa, sino como una parte fundamental e innegociable del proceso.
“El error no es la excepción en el camino, sino el camino mismo: es la materia prima del aprendizaje, el lugar donde se revela lo que aún no sabemos y desde donde realmente crecemos”, apunta.
La toxicidad de una sociedad obsesionada con el éxito
Cos afirma que el gran error de base reside en nuestra absoluta dependencia del triunfo a nivel social. “Vivimos en una cultura tan orientada al éxito que la derrota se vive como algo negativo”, sostiene.
La psicóloga quiere dejar claro un matiz vital: “Perder forma parte natural del aprendizaje. Enseñar a gestionar la derrota no es normalizar el fracaso, sino dar herramientas para sostener, aprender y seguir adelante cuando las cosas no salen como esperábamos”, aclara.
Permítete sentir: el inmenso valor de la vulnerabilidad
La especialista destaca que es completamente normal (y necesario) experimentar emociones que solemos tachar de "negativas", como la frustración, la tristeza e incluso esa sensación de vacío que en ocasiones aparece en nuestras vidas. “Lo importante es permitir sentirlo, sin juzgarse, y entender que estas emociones son parte de vivir”, señala.
“El dolor enseña tanto como la victoria si sabemos acompañarlo y no huimos de él. Si los niños ven que los adultos también atraviesan emociones difíciles y saben cómo gestionarlas, aprenden que está bien sentir y procesar”, agrega Cos.
En este mismo sentido, la psicóloga hace referencia al miedo al fracaso, detallando que experimentarlo y aceptarlo es clave para poder actuar con plena conciencia en el futuro. “Afrontarlo desde esa vulnerabilidad nos hace más fuertes y nos enseña algo real sobre nosotros mismos”, concluye.
