María Martín-Gamero, psicóloga: "Si pides perdón por todo, hasta por respirar, escucha esto"
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María Martín-Gamero, psicóloga: "Si pides perdón por todo, hasta por respirar, escucha esto"

Se trata de una "respuesta de complacencia".

Maria Martin-Gamero@mariamartingamero

La forma en la que nos comunicamos expresa más que una opinión o un comentario. También se puede intuir, a través de las palabras y por la manera en la que las decimos, cómo estamos a nivel emocional. 

Para muchas personas, frases como "perdón que te moleste" o "perdón por escribirte"  forman parte del lenguaje cotidiano casi sin darse cuenta. Sin embargo, la psicóloga y divulgadora María Martín-Gamero advierte de que pedir disculpas constantemente puede ser una señal de alerta emocional. 

En su cuenta de TikTok @mariamartingamero la especialista ha explicado que si pides perdón por todo, hasta por respirar, este comportamiento puede estar relacionado con una respuesta automática del sistema nervioso ante la tensión. 

La responsabilidad de complacencia 

Según Martín-Gamero, muchas personas no piden perdón porque realmente hayan cometido un error, sino porque su cuerpo interpreta cualquier cambio en el entorno como, por ejemplo, un silencio o un gesto o un tono de voz como una posible amenaza. 

A esto se le conoce como una "respuesta de complacencia", que según explica, es una estrategia inconsciente donde se prioriza excesivamente las necesidades de otros para reducir el conflicto antes de que ocurra. "Tu 'lo siento' no es una disculpa, es una forma de regular esa tensión", señala.

Este patrón suele desarrollarse como mecanismo de adaptación, especialmente en entornos donde anticiparse a las necesidades de los demás era clave para evitar conflictos o sentirse seguros. 

Baja autoestima y necesidad de aprobación

El problema surge cuando este hábito se hace constantemente. Según la psicología, pedir perdón en exceso puede estar vinculado a la baja autoestima, necesidad de aprobación o miedo al rechazo.

El psicólogo Alberto Soria lo explica en su blog que muchas veces hay dos capas en este comportamiento. La visible que es la educación y prudencia, y otra más profunda que es el pensamiento de: "¿Me van a querer si incomodo?". Así, el acto de disculparse funciona como una herramienta rápida para mantener el vínculo y evitar tensiones, aunque sea a costa del propio bienestar.

Detrás de este patrón suele haber lo que los expertos denominan la estrategia del "niño bueno". Se trata de aprender que ser complaciente y no generar problemas ya que tiene la mentalidad de que si se anticipa a los demás aumentarán las probabilidades de sentirse aceptado. 

Cuando te conviertes en una molestia para ti mismo

Martín-Gamero advierte de que cada vez que alguien pide perdón sin motivo real, está enviando a su cerebro el mensaje de que molesta. Esto refuerza una percepción negativa de uno mismo y genera agotamiento emocional. "Eso es agotador", señala la psicóloga Martín-Gamero.

Además, asumir constantemente la responsabilidad de las emociones ajenas impide atender las propias, creando un desequilibrio difícil de sostener a largo plazo. Es darle constantemente la prioridad a una persona antes que a ti mismo. 

Para cambiar este patrón los expertos coinciden en que el objetivo no es dejar de ser amable, sino recuperar el equilibrio. No se trata de pasar de la complacencia a la frialdad, sino de ganar libertad emocional.

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Redactora en El HuffPost España, donde aborda actualidad y estilo de vida. Graduada en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo, inició su carrera como becaria en este mismo medio, que ha sido su verdadera escuela. Madrileña con raíces manchegas, escribe sobre una amplia variedad de temas como: sociedad, cultura, viajes, salud y consumo. Siempre con el objetivo de informar, orientar y despertar la curiosidad del lector.

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