Sandra, experta en longevidad: "Nada envejece más rápido a una mujer que el estrés"
“La genética explica como mucho el 30 o 40% de la longevidad. El resto es estilo de vida”.

Viven más, envejecen más despacio y tienen una biología llena de ventajas. Pero también pagan un precio alto por la presión constante. Para la medicina de género, el gran enemigo silencioso de la longevidad femenina no es la genética, sino el estrés.
Las mujeres viven, de media, cinco años más que los hombres. Y si se cumplen las previsiones, la brecha seguirá creciendo: las niñas nacidas hoy podrían vivir hasta ocho años más que sus compañeros varones. Todo esto, paradójicamente, después de décadas de investigación médica centrada casi exclusivamente en el cuerpo masculino.
“Genéticamente, las mujeres parten con ventaja”, explica a derstandard la cirujana cardíaca y especialista en medicina de género Sandra Eifer, autora del libro How Women Live Longer. Dos cromosomas X, telómeros más largos, mitocondrias más resistentes y un sistema inmunitario más robusto juegan a su favor. Pero solo hasta cierto punto. “La genética explica como mucho el 30 o 40% de la longevidad. El resto es estilo de vida”, advierte. Y ahí aparece el gran problema.
El desgaste invisible
Según Eifer, las mujeres envejecen más lentamente… pero enferman más. Sobre todo a partir de los 70. ¿La razón? Una combinación explosiva de presión social, autoexigencia y estrés mental sostenido durante décadas.
“Nada envejece a las mujeres más rápido que el estrés”, afirma sin rodeos. La necesidad de cumplir expectativas —en el trabajo, en la familia, en la apariencia física— acaba pasando factura al corazón, al cerebro y al equilibrio hormonal.
A diferencia de los hombres, explica la especialista, las mujeres reaccionan al estrés con fluctuaciones mucho más intensas en casi todos los sistemas del cuerpo. “El mismo estímulo estresante provoca en ellas respuestas más fuertes en la presión arterial, el ritmo cardíaco y las hormonas”.
Bajar el ritmo también es medicina
Mientras el discurso sobre longevidad suele girar en torno a suplementos, biohacks y optimización extrema del cuerpo, Eifer propone algo mucho menos glamurizado: bajar el ritmo.
“Para los hombres, los datos muestran que el rendimiento físico es clave. Para las mujeres, la salud mental es mucho más decisiva”, sostiene. Y lo deja claro: “Ningún suplemento del mundo puede compensar un estrés constante”.
Meditación, deporte, hobbies, descanso real… todo suma. Pero hay un punto que la médica subraya especialmente: el derecho a parar. Y también a enfadarse. “La ira es una emoción infravalorada en la salud femenina. Las mujeres han aprendido a reprimirla, pero liberarla de forma constructiva —por ejemplo, con deportes intensos— tiene sentido desde el punto de vista médico”.
Los puntos críticos: 45, 60 y 70
En su libro, Eifer identifica tres edades clave en la vida de las mujeres. A partir de los 45 comienzan los cambios hormonales y se pierden los efectos protectores del estrógeno. A los 60, el cuerpo empieza a mostrar las consecuencias del estrés acumulado. Y desde los 70, el foco pasa a ser la vitalidad, la autonomía y las relaciones sociales.
Aquí entran en juego las llamadas Zonas Azules, regiones del mundo donde las personas viven más y mejor. “Las mujeres mayores solían tener un rol central en la comunidad. Se sentían necesarias, conectadas, activas”, explica. Esa combinación de movimiento, alimentación sencilla y sentido de pertenencia parece clave para llegar bien a edades avanzadas.
Menos perfección, más serenidad
¿La gran asignatura pendiente? Cambiar el enfoque social y médico sobre el envejecimiento femenino. Para Eifer, la prevención debería empezar en serio a partir de los 45: dormir bien, comer con conciencia, no normalizar el agotamiento ni el exceso de trabajo. Y, sobre todo, soltar el perfeccionismo.
