Un catedrático de bioquímica analiza una lata de bebida energética: tiene el equivalente a 15 sobres de azucarillo o todo el azúcar que deberías consumir en tres días seguidos
Hay adolescentes que toman hasta cuatro latas al día, lo que supone ingerir el equivalente a 12 cafés diarios.

Si bebes una lata de bebida energética de 500 mililitros, estás consumiendo el equivalente a 15 sobres de azúcar. Es más, esa sola lata concentra todo el azúcar recomendado en tres días, según explica en este vídeo del canal de YouTube de La Sexta, dentro del programa Equipo de Investigación, un catedrático de Bioquímica al analizar su composición real. Y no es lo único preocupante.
El experto desmonta el discurso habitual de estas bebidas: lo que se vende como "energía" no es más que una mezcla de cafeína y azúcar en dosis elevadas. El resto de ingredientes, como taurina, carnitina o guaraná, tienen más que ver con el marketing que con los efectos reales en el organismo.
Qué lleva realmente una bebida energética
La fórmula de una lata estándar de 500 ml incluye:
- Agua carbonatada.
- Ácido cítrico (acidulante).
- Citrato de sodio (corrector de acidez).
- Conservantes como el sorbato potásico.
- Colorantes y aromas.
- Extractos como guaraná.
- Vitaminas o antioxidantes.
- Taurina y carnitina.
Sobre el papel parece una combinación compleja, pero el análisis revela que muchos de estos ingredientes no aportan beneficios demostrables. Según el experto bioquímico, apoyándose en informes de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), ni la taurina ni la carnitina han demostrado efectos positivos relevantes sobre la Salud. Son lo que denomina 'ingredientes estrella': están en la etiqueta porque venden, no porque funcionen.
La clave está en la cafeína (y en grandes dosis)
Si algo explica el efecto estimulante, es la cafeína. Una sola lata puede contener unos 160 mg, lo que equivale a dos o tres cafés solos.
El problema llega con el consumo habitual. Hay adolescentes que toman hasta cuatro latas al día. Eso supone ingerir el equivalente a 12 cafés diarios, una cantidad que supera con creces los límites de seguridad.
Las consecuencias no son menores: insomnio, irritabilidad, alteraciones cardíacas y riesgo de sobredosis aguda de cafeína. De hecho, incluso en adultos, cuatro latas ya superan el consumo máximo recomendado.
El azúcar: el gran problema oculto
Más allá de la cafeína, el dato más contundente está en el azúcar. Una lata contiene unos 56 gramos, lo que equivale a 15 azucarillos, el total recomendado para tres días.
Organismos como la OMS recomiendan no superar los 25 gramos diarios de azúcar añadido en adultos. Esta bebida duplica esa cifra en una sola toma. El resultado es una combinación especialmente problemática: azúcar más cafeína, que genera picos de energía rápidos seguidos de bajones, favoreciendo además el consumo repetido.
Un consumo extendido entre menores
Según datos citados por el experto, el 80% de los adolescentes en la Unión Europea consume bebidas energéticas y cerca del 20% de los niños entre 3 y 10 años también las toma. Son cifras elevadas para un producto con este perfil nutricional.
El término 'bebida energética' es engañoso. No hay una fuente real de energía más allá del azúcar y la cafeína. Lo que hay detrás, explica el experto, es marketing pseudocientífico: se destacan ingredientes como la taurina o el ginseng para dar una apariencia técnica, aunque su impacto real sea mínimo.
El experto plantea incluso medidas más drásticas, como limitar o prohibir su consumo en menores, al nivel de otras sustancias reguladas como el alcohol o el tabaco. No es una postura aislada. En varios países europeos ya se debate restringir su venta a menores o endurecer el etiquetado.
Por qué muchos investigadores ven tan nocivo el azúcar como el alcohol y el tabaco
El consumo excesivo y crónico de azúcar añadido genera daños poblacionales comparables a los del tabaco y el alcohol: dispara la enfermedad cardiovascular y metabólica, altera el metabolismo hepático y se integra en alimentos ultraprocesados con potencial adictivo.
Un grupo de investigadores de la Universidad de California (Lustig, Schmidt y Brindis) argumentó en Nature que el azúcar añadido debería regularse como una sustancia de riesgo, porque cambia el metabolismo, eleva la tensión, altera hormonas y daña el hígado de forma similar al alcohol.
Señalan que el nivel de consumo actual en países occidentales es suficiente para provocar toxicidad hepática, síndrome metabólico, hipertensión y diabetes tipo 2, además de caries, gota, varios cánceres y múltiples eventos cardiovasculares, según un umbrella review en BMJ (con 73 meta‑análisis).
Hay evidencia creciente de que muchos ultraprocesados ricos en azúcar activan los circuitos de recompensa del cerebro de forma parecida a sustancias adictivas, generando craving, pérdida de control, uso pese a consecuencias negativas y tolerancia.
