Ni Venecia ni París: el pueblo sin coches con 176 puentes de madera que han coronado entre los más bonitos del mundo
Sus habitantes solo pueden desplazarse mediante bicicleta, caminando o navegando.

Existe un pequeño pueblo situado a apenas dos horas de París que cuenta con más de 170 puentes de madera y que ha sido escogido como el segundo pueblo más bonito del mundo de este año por la guía de viajes Le Petit Futé.
Se trata de Giethoorn, situado en Países Bajos, un lugar que no solo destaca por el hecho de que apenas hay tráfico, sino también por sus paisajes y senderos, los cuales le han llevado a ser uno de los pueblos más bonitos a nivel global. De hecho, según aconseja la conocida guía es un lugar que "hay que descubrir al menos una vez en la vida".
Los habitantes de este pueblo, que se encuentra dividido en tres zonas principales (el centro, el norte y el sur), solo pueden desplazarse mediante bicicleta, caminando o navegando. A pesar de su reducido tamaño, se estima que anualmente pasan por allí cerca de un millón de visitantes de todo el mundo. Además, una de las cosas que hace mágico a este sitio es que no cuenta con carreteras ni coches: aquellos que tengan uno deben aparcarlo fuera del pueblo, en aparcamientos especiales.
Según describen desde la página web oficial de Giethoorn, el lugar "cuenta con canales excavados a mano y pequeñas islas conectadas entre sí y con tierra firme por 176 puentes. De hecho, en todas estas islas hay casas (granjas) construidas en los siglos XVIII y XIX".
Conques-en-Rouergue (Francia): el pueblo más bonito del mundo
Por otra parte, en la lista de Le petit Futé, también señalan Conques-en-Rouergue (Francia), un pueblo medieval de menos de 300 habitantes considerado por la guía de viajes como el "pueblo más bonito del mundo entero". Algunos lugares que se pueden visitar son:
- Mirador Rue Gonzague Florens.
- Abadía de Sainte-Foy.
- Museo Joseph-Fau.
- Tímpano del juicio final.
- Fuente del Pló.
- Tesoro de Conques.
- Puerta de la Vinzelle.
Debido a su importancia, el pueblo, parte de la ruta del Camino de Santiago francés, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.
