Rama, youtuber experto en viajes: "Estuvimos 17 días en barco para llegar a Tristán de Acuña"
No tiene aeropuerto, solo se puede acceder en barco.

A menudo, en los grandes viajes, el destino final importa menos que todo lo que sucede antes de alcanzarlo. Las horas de espera, la incertidumbre, la convivencia forzada y el tiempo invertido convierten el trayecto en parte esencial de la experiencia. Hay lugares a los que no se llega rápido ni fácil, y precisamente por eso el camino se transforma en un proceso que pone a prueba la paciencia y redefine la idea de viajar.
Ese fue el caso del youtuber Rama en una de sus más recientes travesías. Un viaje que no se midió en kilómetros sino en días de navegación, aislamiento y convivencia en alta mar hasta alcanzar uno de los lugares habitados más remotos del planeta: Tristán de Acuña. El creador de contenido, conocido por su canal de viajes, narró en una entrevista la epopeya que vivió para llegar hasta este enclave.
A la pregunta de cuál es el lugar al que más le ha costado llegar, Rama respondió: “Solo por tiempo, el Tristán de Acuña porque estuvimos 17 días en barco”. El viajero cuenta que la llegada implicó mucho más que kilómetros, suponiendo un choque con la soledad y una ventana a una comunidad autosuficiente y prácticamente desconectada. Este archipiélago británico en el Atlántico Sur tiene un asentamiento principal, el Edimburgo de los Siete Mares, que concentra la casi totalidad de su población, unas 200 personas.
Una vida de autosustento
La isla no cuenta con aeropuerto, sino que el acceso se realiza mediante embarcaciones desde puertos como Ciudad del Cabo y las frecuencias de paso son limitadas, por lo que cualquier viaje debe planificarse con antelación. “La tierra más cercana queda a 2.000 kilómetros, pero solo de navegación son 14 o 15 días”, cuenta Rama, una cifra que da dimensión del aislamiento extremo del archipiélago y explica por qué llegar hasta allí es ya una aventura en sí misma.
El youtuber resaltó también el efecto que la distancia tiene en la vida cotidiana de los habitantes. Según relata, el internet es algo relativamente reciente para la comunidad, llegó hace cosa de un año, hasta entonces los habitantes “vivían sin muchas preocupaciones: se conocen entre todos, tienen su huerto, algunas cabras, unas vascas, su pesca… Es un poco economía de subsistencia”. Una forma de vida marcada por el autosustento y la cooperación entre vecinos.
Rama subrayó la dependencia de las islas de los suministros exteriores: “El barco llega una vez al mes con cosas del exterior y con eso viven”. Si bien el calendario de barcos puede variar según operadores y temporadas, la llegada de embarcaciones de carga y pesca es una de las pocas conexiones regulares con el exterior, y el desembarco depende en buena medida de las condiciones meteorológicas.
En tiempos en que los viajes se miden tanto por experiencias como por logística, la historia de estos 17 días en alta mar recuerda que, detrás del atractivo de los lugares remotos, hay realidades concretas: economías de subsistencia, infraestructuras mínimas y una dependencia crítica de las líneas de suministro que conectan a Tristán con el resto del mundo. Para muchos viajeros la recompensa es conocer de primera mano esa forma de vida.
