Wiktoria, joven de 18 años, sin límites con su pasión por los viajes: "He aprendido que siempre hay un vuelo de regreso"
“Me he vuelto mucho más abierta y valiente”, asegura.

Viajar ya no es solo una forma de ocio o evasión, para muchos jóvenes se ha convertido en una manera directa de aprender y crecer. Conocer otros países implica entrar en contacto con nuevas culturas, tradiciones y lenguas, ampliar la mirada y desarrollar una mayor autonomía personal. En esas ganas constantes de aprender se enmarca la historia de Wiktoria Wierzewska, una joven que ha hecho del mundo su mejor aula.
Con tan solo 18 años, esta joven residente de Langula, un pequeño pueblo alemán, se considera una “ciudadana del planeta”. Wiktoria nació en Mühlhausen, creció en el distrito de Vogtei y desde entonces ha viajado por varios continentes. Aunque creció bilingüe hablando alemán y polaco, su antiguo profesor de italiano en el Tilesius-Gymnasium de Mühlhausen, Stefan Witzmann, la recuerda por su facilidad con los idiomas.
Wiktoria aprendió inglés desde primaria y añadió italiano a su repertorio de lenguas en quinto curso, tanto es así que en décimo grado ganó en el concurso estatal de italiano de Turingia. Su último gran viaje fue a Australia, donde trabajó como au pair cuidando a dos niños, desde Perth. "Tenía las condiciones ideales: solo tenía que trabajar cada dos semanas y, entre semana, podía viajar. Invertía todo mi dinero en eso", cuenta en declaraciones a Thüringer Allgemeine.

Un 2026 cargado de viajes
Durante su estancia, aprovechó para conocer Bali, Singapur y Malasia, un ejemplo de cómo combina trabajo y viajes para financiar su curiosidad. La experiencia australiana, dice Wiktoria, la transformó: “Me he vuelto mucho más abierta y valiente. Me imagino simplemente estudiando, aunque aún no tengo claro qué trabajo conseguiré más adelante. He aprendido: siempre hay un vuelo de regreso”, unas palabras que resumen su modus operandi de viajar para aprender.
Para este mes de febrero, Wiktoria tiene planeado viajar con su abuela polaca a Marrakech, donde celebrará su 19º cumpleaños. Pero esto no se queda ahí, después de pasar una estancia en casa, tiene previsto viajar con una amiga hasta Helsinki, y más adelante realizará prácticas en un instituto cultural alemán en Italia. En definitiva, 2026 se presenta como todo un año cargado de experiencias antes de decidir su futuro académico.
Aunque su maleta rara vez está quieta, Langula y la casa de sus abuelos en Polonia siguen siendo su ancla. En su hogar se habla polaco, ven la televisión y leen libros en ese idioma, una forma de mantener viva la conexión con la tierra natal de sus padres. Para ella, viajar a distintos países no es solo ocio, sino que es una inversión en experiencia y capacidad de decisión profesional. Aunque hay momentos de nostalgia, Wiktoria valora la independencia que le han dado sus viajes y no descarta estudiar en el extranjero en el futuro.
El caso de Wiktoria encarna una tendencia más amplia: jóvenes que combinan estancias en el extranjero, trabajo temporal y aprendizaje de idiomas como forma de educarse fuera de las aulas tradicionales. De momento, la joven sueña “simplemente” y, como acostumbra en sus viajes, deja que la próxima puerta se abra sola: “Me gusta ser espontánea”, dice, con la seguridad de quien ya ha comprobado que, aunque se vaya lejos, siempre existe la posibilidad de volver a casa en el siguiente vuelo.
