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03/08/2015 07:06 CEST | Actualizado 02/08/2016 11:12 CEST

Gusanos en Canal 9

Desde sus inicios, Canal 9, sus periodistas y buena parte de sus trabajadores, despertaban recelos y envidias por sus privilegiadas condiciones laborales entre el resto de colegas. En algunas ocasiones despertaban ODIO, sin matices. Con los años, esa inquina inicial se encontró con argumentos de peso.

EFE

Desde sus inicios, Canal 9, sus periodistas y buena parte de sus trabajadores, despertaban recelos y envidias por sus privilegiadas condiciones laborales entre el resto de colegas y entre otros tantos colectivos. En algunas ocasiones despertaban ODIO, sin matices.

Daba igual cómo hubieran accedido a sus plazas o en qué condiciones hubieran ganado sus puestos de trabajo por oposición. Lo turbio de las últimas convocatorias de acceso, llenas de denuncias que, lamentablemente, no llegaron a más porque nadie se empeñó lo suficiente (sindicatos incluidos), servía de razón para una enmienda a la totalidad.

Es algo, la animadversión, que desde el primer momento me impresionó y que, con el paso del tiempo, comprobé en primera persona cuando dejé el periódico en el que trabajaba y me fui a la tele tras recibir una oferta de trabajo.

Con los años, esa inquina inicial se encontró con argumentos de peso: la manipulación informativa, la degeneración moral de esa tele que representaba todo lo que NO se ha de hacer nunca en un medio de comunicación.

También me llamó siempre la atención que periodistas de medios privados con marcadísimas líneas editoriales y que nunca ponían pegas a cualquier tejemaneje, a cualquier desmán informativo que sucediera en su medio, saltaran como un resorte cada vez que se cometía alguna tropelía en la tele pública, y arremetieran sin tregua contra los periodistas de la cadena que permanecían impasibles ante la censura, la mentira, el atropello informativo. Y nunca me valió como respuesta lo de que "es que ellos son un medio público" como si el (buen) ejercicio del periodismo dependiera de la titularidad del medio.

Es verdad, muchas de las peores páginas del periodismo valenciano se han escrito desde Canal 9 pero, y eso también es verdad, los episodios de mayor resistencia y compromiso frente a la manipulación informativa de todo el periodismo valenciano también los han protagonizado periodistas (y cámaras y técnicos, nunca hay que olvidarlos) de Canal 9. Muy pocos, sí, poquísimos diría yo. Podría juntarlos ahora mismo en mi cocina...

Viene a cuento todo esto por el asunto de la reapertura o no de la Radiotelevisión Pública Valenciana. ¿Necesitamos una tele pública? Sin duda. ¿La demanda la sociedad civil? Por supuesto que no. Al fin y al cabo, estuvieron casi 20 años con una mierda de televisión en todos los sentidos, así que nadie tiene en la cabeza "diez cosas buenas que la tele autonómica puede hacer por ti".

¿Tiene todo el mundo claro (profesionales, mandatarios varios) que, bajo ningún concepto, se pueden volver a cometer ni uno sólo de los DELITOS que cometió la anterior RTVV? Yo diría que sí. ¿Creen los ciudadanos que esta vez no les defraudarán, que no se volverán a avergonzar, primero, y a dar la espalda definitivamente, después, a su tele autonómica? La verdad, no lo sé.

Así las cosas, el tema es básicamente el siguiente. Es compleja la legislación para reabrirla. Hay un ERE que fue declarado nulo y, por tanto, si la tele se abre de nuevo, por ley habría que volver a readmitir a todos.

Pero los profesionales que votaron en su día recibir las indemnizaciones, en lugar de impugnarlo todo y esperar (en la asamblea ganó el 60% frente al 40%), perdieron en ese momento toda la legitimidad política y moral para reivindicar su puesto de nuevo, aunque sea, por supuesto, devolviendo el dinero recibido. Es verdad, la legitimidad legal la mantienen. Pero sólo esa.

Más cosas. No todos en esa tele son iguales. Hubo profesionales batalladores desde el principio hasta el final. Hubo batalladores durante un tiempo. Y hubo gusanos que se arrastraron siempre. Los gusanos también tienen derechos legales a volver a ser readmitidos junto a los batalladores.

Los gusanos manipularon, censuraron, ocultaron, malversaron los caudales, acosaron, se sometieron, despojaron al periodismo de su esencia. Y se quedaron, casi todos, en la tele, cuando el primer ERE, arbitrario y ruin, echó a la calle a buena parte de los batalladores. Es un poco simple el razonamiento, lo sé. Pero seguro que los lectores del Huff agradecen que no me ande por las ramas con más florituras. Ellos YA LO SABEN.

La batalla a librar va a ser dura. Ojalá no vuelvan nunca a ganar los gusanos.

#CuandoElDescansoEsUnSueño