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02/12/2013 07:29 CET | Actualizado 31/01/2014 11:12 CET

RTVV: No la echaremos de menos

Nadie va a echar de menos la tele pública valenciana, que ni era pública, ni era buena, ni servía a nadie ya con su pírrica audiencia, ni entretenía a nadie, ni nos mantenía informados de lo importante, ni cumplía su función, la única función que tenía. ¿Qué perdemos los valencianos con este apagón de la radio y la tele sufragadas por todos? Nada relevante, la verdad.

Bien, se acabó. Estamos en negro. Valencia se quedó el viernes 29 de noviembre de 2013 sin televisión autonómica. Ha habido mucho ruido, sí, pero todo volverá de nuevo a la tranquilidad en breve. Solo la angustia laboral de los 1.800 profesionales que se quedan sin trabajo (aunque más de 1.200, los afectados por el ERE que la justicia ha tumbado, ya hubieran tenido tiempo de hacerse a la idea), va a seguir latente. Lo demás, la tibia preocupación ciudadana, los gritos concienciados de quien estuvo casi 20 años sin conciencia, la atención informativa del resto de los medios... Todo se irá diluyendo, por una poderosa razón: nadie va a echar de menos la tele pública, que ni era pública, ni era buena, ni servía a nadie ya con su pírrica audiencia, ni entretenía a nadie, ni nos mantenía informados de lo importante, ni cumplía su función, la única función que tenía.

¿Qué perdemos los valencianos con este apagón de la radio y la tele sufragadas por todos? Nada relevante, la verdad. Sé que decir esto en estos momentos es muy muy incorrecto, pero vamos, a estas alturas, nadie espera de mí que sea contemporizadora, ¿no? Supongo que solo esperan que sea franca. Así que allá voy. Qué teníamos:

DESPRESTIGIO

Nada peor que eso para una tele pública. Desprestigio ganado a pulso. Tras visitas, papales y ninguneo del accidente de metro, loas bárbaras a presidentes, informativos banales que omitían, siempre, lo que el PP no quería que se supiera, nos ganamos para siempre estar en el centro de ese mapa de la manipulación informativa. Y nadie puede echar de menos el desprestigio.

DECADENCIA MORAL

De no ser así, nunca un tipo como Vicente Sanz, peso pesado de la dirección de la cadena y en sus tiempos del PP valenciano, (e imputado ahora mismo, a la espera de juicio) podría haber abusado y acosado sexualmente a tres periodistas de la cadena. Y nadie puede echar de menos a los sátrapas

FERIAS Y FIESTAS

Retransmisiones falleras, con las falleras mayores llorando cuando la falla se quemaba. Y a Rita Barberá y a ellas mismas, anunciando en directo la mascletá, etc. Francamente, creo que en el siglo XXI, los valencianos podremos sobrevivir sin eso. No vamos a echarlo de menos tampoco.

ESTRELLAS MADRILEÑAS

En el pasado, cuando había pasta a espuertas, desfilaron por nuestros platós para que nosotros tuviéramos claro lo que era ser provinciano y periférico, multitud de periodistas, de fuera, afines al PP. Venían de Madrid a presentar o participar en nuestros debates (en los que se podía hablar de ETA pero no de Gürtel, qué curioso), y luego se iban a comer con nuestros representantes políticos. Cobraban una pasta por todo eso, claro. Y entonces, las loas a la tele pública estaban garantizadas y ninguno cuestionaba el modelo de televisión. Vamos a ver ejemplos, que es algo que me encanta.

1. Fernando Sánchez Dragó. Poco después del cierre de Canal 9 dijo que todas las teles públicas deberían cerrar. Que lo diga ahora, cuando ya no tiene cobijo ni en Telemadrid ni en La 2 ni en Canal 9 (12.000 euros se levantaba cada semana por El faro de Alejandría, un programa que duró desde 1999 hasta 2004), seguro que es casualidad.

2. Miguel Ángel Rodríguez. Un histórico de la cadena. Empezó a venir cuando aún no lo hacía nadie, porque el exportavoz de Aznar siempre dio juego. Un hombre sin pelos en la lengua, que percibía unos 800 euros cada vez que venía. Además del viaje, el hotel, la comida, o los puros. Pero ahora está muy seguro de que las cadenas públicas no sirven para nada, que hay que cerrarlas todas. Es su mantra favorito, que repite en sus tertulias de las TDT party. Él puede decir eso y además acusar a Wyoming de traficar con cocaína.

3. Isabel Durán. Ahora está en Más claro agua, de 13tv, pero antes estuvo con nosotros. En 2010, cuando aún no había AVE, venía desde Madrid supongo que en avión, para presentar un debate de actualidad, DBT, se llamaba. Camps, presidente entonces, le estaba muy agradecido porque ella arremetió contra el sastre famoso en el caso de los trajes (una palabra que, por cierto, no se usaba en nuestros informativos) y le pidió que presentara nuestro debate. Era un hombre con principios, como ya saben, y amigo de sus amigos. Estos días también la hemos oído arremeter contra las públicas, como cualquier liberal de pro.

4. Alfonso Rojo. También participaba en nuestros debates y ahora también está en contra de las públicas. Ayer en La Sexta dijo que "si Canal 9 era un nido de ladrones dedicado a manipular, no entiendo la razón de mantenerlo". (Hay una bonita historia protagonizada por ambos. Cuando estaban en Valencia, en Canal 9, en el citado debate, la cadena pública que ahora ha cerrado les facilitaba los medios técnicos para que pudieran realizar en Intereconomía radio su tertulia nocturna. ¿Es bonito o no? Se le pidieron explicaciones en su día al director general, López Jaraba y nunca contestó. Claro que él no solía contestar nunca: es el mismo directivo que se volvió de espaldas ante la tremebunda historia de Sanz y su acoso sexual, que yo nunca voy a dejar de recordar, por cierto.)

6. Carlos Dávila. Yo le recuerdo cuando venía a Parle vosté, calle vosté. Pero entonces no era aún el abanderado del periodismo conservador (con todos mis respetos para Marhuenda, Nacho Villa, etc). Allí debía cobrar unos 1.000 euros cada viernes. Una vez me dijo que no iba a entrar al plató a hablar del tema que habíamos planteado. El tema era la homosexualidad. Se quedó en el camerino y cuando cambiamos de tema, entró. Con el tiempo llegó a conducir y presentar otro espacio de entrevistas, en perfecto castellano. Se llamaba En Exclusiva.

PERIODISTAS SUBLIMES, REPENTINAMENTE

Aquella imagen de los periodistas que se habían salvado del ERE, ocupando el plató y protestando por primera vez en su vida en la cadena, me puso on fire. Escribí este artículo en el minuto uno, fuera de mí, lo reconozco. Y vamos, está mal que yo lo diga, pero... parece que tenía razón. Con el paso de los días se convirtieron en objeto de críticas diversas, y no solo las mías, y un poco en el hazmerreír. No, nadie creyó en ellos. ¿Cómo hacerlo? Los periodistas que cogieron el micro el último día de emisión son los mismos editores, reporteros, directores de programas, que habían estado ahí agazapados haciendo como que estaban pero sin estar, a veces callando ante la necedad, o ante la tormenta, o ante el delirio, o ante la náusea.

No, nadie va a echarles de menos.

SOMOS LO QUE HACEMOS