El Gobierno considera que tendría un coste económico demasiado elevado, de unos 360 millones de euros al año, y reduciría la competitividad de las empresas.
Hay escenas que en 2016 asombran y duelen. Un famoso entrevista a un conocido futbolista que está casado con una conocida periodista. El famoso, que presenta el programa en la televisión pública, le pregunta al futbolista, cuando ella ya ha salido del cuadro, si ahora que ha sido madre cree que volverá a trabajar.
Antes de que encendáis las antorchas y vengáis a por mí, dejad que me explique. Quería quedarme en casa. Soñaba con tener un hijo y quedarme en casa para cuidarlo y quererlo todo el día. Me leí todos los estudios habidos y por haber sobre el tema, pero me di cuenta de que no me sentía cómoda.
Últimamente es frecuente encontrar titulares con mujeres conocidas que deciden incorporarse a su trabajo tras un par de semanas de baja maternal. ¿Dónde queda la ternura compartida del tiempo con la pareja y el hijo? ¿Dónde queda la lactancia materna exclusiva doblemente beneficiosa? ¿Dónde queda el afecto, el descanso, el gozo de poder cuidar a tu bebé, de estar con él?
Aquí estoy, escribiendo con una mano y sosteniendo el chupete en la boca del bebé con la otra, mientras uso el pie derecho para acunar la silla infantil en la que se echa una siesta. Eso me deja el pie izquierdo libre para, no sé, hacer claqué. He aquí cómo es estar en casa con un recién nacido.
Dolorida. Al principio el pecho duele más que el alma, después alma y pecho duelen por igual. Arrastrando el chandalismo. Termina el reinado de la ropa holgada. Revisas los trámites para hacerte ciudadana noruega pero finalmente vas de compras.
Las empresas deberían entender que las mujeres tenemos derechos iguales a los hombres, seamos o no madres, y por lo tanto queremos tener una vida profesional y una jubilación satisfactoria. Para ello pagamos nuestros impuestos y cotizamos a lo largo de nuestra vida. Esto también forma parte del Estado del bienestar.