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Apología y refutación del catolicismo

Apología y refutación del catolicismo

Si no fuera por un pequeño detalle, una menudencia mínima, una nimiedad, yo sería católico.

Imagen de archivo de uno de los pasos de Semana Santa en Sevilla, en 2025.
Imagen de archivo de uno de los pasos de Semana Santa en Sevilla, en 2025.Getty Images

Si no fuera por un pequeño detalle, yo sería católico. Termino la Semana Santa recorriendo Sicilia y he ido saltando de belleza extrema en belleza extrema por sus iglesias como saltaba una ardilla de árbol en árbol para cruzar la península ibérica en la Alta Edad Media. A nadie puede extrañarle: el catolicismo ha sido el tema de las cumbres más elevadas del arte universal. La arquitectura más prodigiosa, capaz de manejar la luz y la piedra con el mismo prodigio con el que los mejores músicos de la historia —es decir, los músicos cristianos— manejan el sonido y el silencio. La pintura que mejor ha explicado los hitos de la condición humana, con ideas —del griego ἰδέα, imagen— tan rigurosas como conmovedoras. La escultura viva que cambia de postura cada vez que se mira.

Si no fuera por un pequeño detalle, una menudencia mínima, una nimiedad, yo sería católico. Mientras los luteranos creen que la racionalidad es la ramera del diablo, el catolicismo, en su obsesión por unificar razón y fe, ha producido cumbres de la filosofía universal como Tomás de Aquino. Contra totalitarismos monistas y arrianistas, Roma construye una ontología pluralista que revienta la distinción entre monoteísmos y politeísmos, una idea de razón incorporada en la acción, un concepto de realidad que ríete tú de Kant, el krausismo y el PSOE. Contra el psicologismo subjetivista —sigo sin quitarme de la cabeza a Noelia—, el catolicismo hace una propuesta materialista de comunidad en donde al menos la vida no es un absurdo sólo anestesiable gracias al placer individual.

(Paréntesis antes de desvelar el pequeño detalle: Cuando empecé a oír hablar de una película española buenísima sobre una adolescente que decidía entrar en un convento, supuse que contaría la historia de una chica que, asqueada por la banalidad del instagram, el reguetón, la identidad de género y los gatos, encontraba en el servicio a los demás, Chesterton y el desatenderse a sí misma, algo por lo que levantarse de la cama todos los días. No fue así, y cuando vi Los Domingos me encontré con una película de terror, de un terror escalofriante, realista, quirúrgico y certero, sobre una joven aturdida y rodeada de demasiadas malas personas que le sonríen. Tal como me habían advertido, estuve días sin poder quitarme Los Domingos de encima. Pero éste no es el pequeño detalle.)

El pequeño detalle por el que no soy católico es que Dios no existe. Digámoslo con la rotundidad con la que otros afirman su existencia. Pocas cosas me desconciertan tanto como vivir rodeado por personas convencidas de creencias que exigen suspender la incredulidad más que Star Wars. Sensatas, bondadosas y funcionales. Sé que la Iglesia católica es rica en opiniones diversas, pero dudo que exista una corriente atea en el Vaticano. El llamado "catolicismo cultural" es un tipo de ateismo, un oxímoron, ya que difícilmente un tipo de ateísmo puede ser un tipo de catolicismo. No creer en Dios, quieras que no, es un problema a la hora de hacerse católico. (Columna escrita en el móvil, bajo la mirada todopoderosa y redundante del Pantocrátor, con la piel de gallina, sentado en el Duomo de Cefalú).

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MOSTRAR BIOGRAFíA

Licenciado en Filosofía y doctor en Psicología. Es profesor titular de Psicología Clínica de la Universidad de Oviedo desde antes de que nacieran sus alumnos actuales, lo que le causa mucho desasosiego. Durante las últimas décadas ha publicado varias docenas de artículos científicos en revistas nacionales e internacionales sobre psicología, siendo sus temas más trabajados la conformación del yo en la ciudad actual y la dinámica de las emociones desde una perspectiva contextualista. Bajo la firma de Antonio Rico, ha publicado varios miles de columnas de crítica sobre televisión, cine, música y cosas así en los periódicos del grupo Prensa Ibérica, en publicaciones de 'El Terrat' y en la revista 'Mongolia'.

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