'Turandot', un gran espectáculo con debate y polémica
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'Turandot', un gran espectáculo con debate y polémica

Les Arts cierra temporada con el montaje espectacular de un clásico y un polémico final que ha agotado entradas para todas las representaciones antes de su estreno.

Imagen de la escenografía de 'Turandot'.©Miguel Lorenzo-Mikel Ponce-Les Arts

La nueva producción de Turandot de Puccini que se acaba de estrenar en Les Arts de Valencia es un éxito de público, pues se ha estrenado con todas las entradas vendidas, y antes de que la crítica diese un veredicto. Claro que es una de las óperas preferidas del público en cualquier parte del mundo. Seguramente hay varios motivos para ello. Por supuesto, la música, pero también su historia que sucede en un mundo exótico, la China medieval, al menos para el occidental.

La cosa es que una princesa china no se quiere casar. Para evitarlo somete a sus pretendientes, que tienen que ser todos de sangre azul, a tres pruebas. Realmente tres acertijos. Ella se casará con quien los resuelva todos, pero si el pretendiente no resuelve uno se le cortará la cabeza en la plaza pública. Cabezas que adornarán la muralla del palacio, como prueba de quien manda allí.

En esta situación, el príncipe Calaf decide aceptar el reto pues ha visto a Turandot pidiendo que le corten la cabeza al último que lo ha intentado y se ha enamorado. Es cierto que, aunque perder la vida es perder mucho, Calaf, tiene poco que perder. Se encuentra el exilio y obligado a vagabundear por el mundo junto a su padre y una mujer que les es fiel a ambos. ¿Será Calaf capaz de resolver las adivinanzas? Y si lo hace, ¿será capaz de derretir el corazón de Turandot, a la que por algo llaman la princesa de hielo? Lo sabrán quienes ya tienen una entrada.

  Puesta en escena de 'Turandot' en Les Arts.© Miguel Lorenzo-Mikel Ponce-Les Arts

El primer problema que ofrece esta ópera, como muchas, es que las capacidades vocales necesarias para cantarlas no suelen estar al alcance de los cantantes que se acercasen a las edades de los personajes. En esta producción se ha recurrido a dos pesos pesados, de los que quiere escuchar el público, para los papeles principales: Ekaterina Semenchuk y Gregory Kunde. Intérpretes de corte clásico, lo que hace que destaquen como cantantes, pero cojeen en sus capacidades actorales, al menos desde el punto de vista actual.

Además, la elección de la Semenchuk ha tenido como consecuencia un debate en los corrillos más profesionales, algo que al público seguramente le dará igual. Ya que la cantante es una mezzosoprano y no una soprano. Pero que tiene su justificación, ya las mezzos son las que con la gravedad de su voz pueden dar el halo de oscuridad y misterio que Puccini quería para el personaje de Turandot.

No es la primera vez que se hace, ni será la última. De hecho, a quien haya visto más veces esta ópera no le llamará la atención porque le sonará bien, como muy adecuada a la música que se oye y a lo que se canta. Ya que es una princesa que se muestra distante y divina y el pueblo solo puede ver a distancia, en una plataforma que en esta producción es como un ovni que sube y baja del cielo en el centro del escenario. Un ser inalcanzable y misterioso y que como una diosa puede decidir sobre la vida y la muerte de su pueblo.

Es una pena que, a las capacidades vocales, tanto de ella como de Kunde, no le acompañen capacidades actorales y que no hayan trabajado la partitura no desde un Do o un Re, sino lo que ese Do y ese Re significan para los personajes en términos emocionales. Por eso, siendo capaces de mantener atento el oído de quien escucha, no son capaces de llegarles al corazón, a la emoción, como hace la soprano Carolina López Moreno que se llevó las mayores ovaciones de la noche por su interpretación de Liu, la mujer enamorada de Calaf y que acompaña a él y a su padre en el exilio. Y que de seguir así se oirá hablar largo y tendido de ella y se la verá en los mejores escenarios.

  Escena de 'Turandot' en Les Arts.©Miguel Lorenzo-Mikel Ponce-Les Arts

Personajes a los que Alex Ollé, el director de escena, mueve por una escenografía grandiosa aunque poco china en términos de imaginario colectivo. No hay farolillos, ni pagodas. Tampoco kimonos coloreados al uso. Todo, desde la escenografía y hasta los trajes, se mueve entre el blanco y el negro y los grises que pueda haber entre ellos, con algún que otro color pardo. Estamos ante una sociedad feudal, aquí lo que resplandece es la realeza, el clero, ellos sí con trajes chinos pero de un blanco inmaculado casi siempre, y los ejércitos, vestidos como los famosos guerreros de terracota de Xian, pero pintados de negro. Frente al pueblo, la masa, que forman una papilla pardo-grisácea, una argamasa que mantiene unida a la sociedad, que lleva douli, gorros cónicos chinos.

Masas representadas por tres coros distintos que se han juntado para esta producción, y que en algún momento parecían gritar, con el afán de darlo todo y hacerlo cada vez más alto y más fuerte, como quiere el director musical Mark Elder. Un director que hace lo mismo con la orquesta, consiguiendo, aquí sí, un apabullante sonido. Que a pesar del volumen está lleno de matices. Sin duda, lo mejor de la noche junto con Carolina López Moreno, la soprano citada.

Sin desmerecer la escenografía de Alfons Flores que, por un lado, cubre las paredes del escenario de suelo a techo con unas escaleras que permite mover a las masas por las paredes. Ya sean el pueblo llano, los monjes o las novicias. Escaleras del tipo de las que se ven en los cuadros de Escher, que permiten crear un bonito efecto porque cuando unos suben otros bajan.

  Escena de 'Turandot' en Les Arts.©Miguel Lorenzo-Mikel Ponce-Les Arts

Y, por otro, ha creado una plataforma central que cuelga del techo del escenario, y que sirve para mostrar a la realeza en lo alto y en la distancia, como dioses más cercanos al cielo que los simples mortales. Una plataforma que, en un momento, aterrizará dejando una sutil caja de telas o cortinas de gasa blanca que van de techo a suelo a través de las que se intuye a la semi-divina princesa Turandot, dejando su persona en el misterio que nunca se debe desvelar.

Así que, esta nueva producción dejará en el recuerdo una ópera espectacular, de eso no cabe duda, que a la vez tiene y no tiene ambientación china. Una potente interpretación de la orquesta, el verdadero motor emocional de esta producción junto con el movimiento de masas en escena. Dos protagonistas que seguramente no dejarán interpretaciones memorables, aunque nunca se sabe, porque el teatro es algo vivo y puede cambiar en las siguientes representaciones, pero que cumplen la función como los divos que son. Y una soprano llamada a atraer los oídos y los corazones del público.

Y también polémicas. A parte del debate técnico o musicológico de usar una mezzo en vez de una soprano lírica, está la reescritura por parte del director de escena del final, habida cuenta de que Puccini se murió justo antes de terminarla. Un final en el que Turandot retando a Calaf acaba descubriendo algo sobre sí misma que la obliga a tomar una decisión drástica con respecto a su vida y comportarse como el único modelo de relación amorosa mujer-hombre que conoce.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.

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