¿Una 'tradición española"?: la extrema derecha en Madrid embiste embrutecida contra la Fiesta Nacional

¿Una 'tradición española"?: la extrema derecha en Madrid embiste embrutecida contra la Fiesta Nacional

La Constitución ni comprende ni cubre, sin sufrir en sus cimientos, tanta agresividad vociferada sin escrúpulo por una extrema derecha cainita y resentida.

La 'tradición' del 12 de octubre

“Unida en la diversidad”: Entre otros muchos activos, el Parlamento Europeo (PE) representa y sintetiza la diversidad lingüística, política y social de la UE en la medida en que esta integra ordenamientos, tradiciones e instituciones nacionales de sus Estados miembros (EEMM). 

Precisamente porque el PE es la única institución de escala supranacional directamente electiva y legislativa del mundo, su calendario de trabajo continúa siempre activo a todo lo largo del año, indiferente a las Fiestas nacionales de sus 27 integrantes. Y, sin embargo, son sabidas y apreciadas con el respeto de todos/as esas fechas señaladas en que cada uno de los EEMM de la UE ha decidido autocelebrar su propia experiencia histórica de unidad e independencia.

¿Qué europea/a no conoce la significación del 14 de julio en Francia, 3 de octubre en Alemania, 2 de junio en Italia o 25 abril en Portugal? ¿Y quién no se siente impresionado o conmovido al ver cómo en tantos países, por encima de cualquier tesitura, problema o momento de tensión, su ciudadanía se reúne en su Fiesta nacional en torno a símbolos comunes y generalmente apreciados, festejando en su bandera algún legítimo orgullo, o al menos el recuerdo vivo, de su momento mejor?

España —como cualquier otro EM— aporta singularidades a esa caleidoscópica diversidad europea. Su doble eje político —ideológico e identitario—, sus especificidades constitucionales —por ejemplo, los “derechos forales”, los hechos diferenciales, la ultraperificidad canaria, la disolución mecánica de las Cortes si transcurren dos meses desde una primera investidura sin Gobierno a la vista...— apuntan algunos rasgos sobre los que a cada tanto l@s eurodiputad@s español@s damos explicaciones siempre que resulte necesario u oportuno.

Más difícil de argüir es, sin embargo, ese creciente deterioro del decoro más elemental y el derrumbamiento del respeto a instituciones y personas por parte de una derecha cada vez más extremada, embrutecida, arriscada.

Es entristecedor que quienes les jalean desde la derecha extremosa y desde la extrema derecha —pensando que son "los suyos"— no se paren a pensar, siquiera por un segundo, en el perjuicio que le causan a la capacidad integradora de los emblemas de esa patria por la que tanto berrean

Preocupa, primero, la ocasión: ¿Qué es lo que explica que, en España, una celebración que debiera ser de todos ha resultado confiscada por una horda energuménica que se cree en el derecho de injuriar hasta arruinar la entera escena que el país se esfuerza por proyectar? Preocupa, además, el foro: ¿Qué es lo que explica que Madrid, que es la capital de España, a diferencia de otras grandes capitales europeas (por ejemplo Londres, París, Roma, Berlín o Lisboa, que han mantenido gobiernos locales progresistas incluso en un entorno nacional de Gobiernos conservadores) exhiba la más feroz y ofensiva concentración de extrema derecha de Europa? Y preocupan, sobre todo, sus efectos:

¿Acaso no se dan cuenta esos propaladores de odio del daño que causan no ya a la convivencia sino a la imagen de España, infatuados como están de un “patriotismo” tan vacuo como enemistado con la realidad plural —ideológica, política, lingüística e identitaria— de la patria que realmente formamos los/as españoles?

Vengo afirmándolo hace años: ¡"abuchear" o "increpar" (eufemismos de insultar, amenazar y odiar con gestualidad gorilesca) en presencia del rey al presidente del Gobierno —siempre que éste sea de izquierda— no puede ser en ningún modo una "tradición" española a la que en toda la UE asista con perplejidad y asombro, haciendo a muchos preguntarse "cuándo se jodió el Perú" del mínimo respeto debido al propio país y sus símbolos, que son los nuestros, de tod@s!

Duele tener que recordar cómo, tras sufriendo en España guerras civiles declaradas seguidas de otras larvadas, pronunciamientos, cuartelazos y represión cruel contra los señalados como "malos españoles", varias generaciones nos emplazamos a un ciclo de reconciliación bajo la Constitución.

Nada justifica su envilecida perversión de la Fiesta nacional, en contradicción flagrante con los valores constitucionales

La Norma Fundamental protege, sin duda, la libertad de crítica y manifestación, acerba como pueda ser contra quienes nos gobiernen en cada momento histórico. Pero ni comprende ni cubre, sin sufrir en sus cimientos, tanta agresividad vociferada sin escrúpulo por una extrema derecha cainita y resentida contra quienes encarnan a un Gobierno democrático —en funciones, a la espera de que arranque (o no) la legislatura—.

Es un hecho contrastado que en el Barrio de Salamanca de Madrid reside la mayor densidad de esa extrema derecha de todo el orbe planetario. Pero nada justifica su envilecida perversión de la Fiesta nacional, en contradicción flagrante con los valores constitucionales —el pluralismo, entre ellos (art.1.1 CE)— de esa Constitución con la que se llenan la boca.

Y es entristecedor que quienes les jalean desde la derecha extremosa y desde la extrema derecha —pensando que son "los suyos"— no se paren a pensar, siquiera por un segundo, en el perjuicio que le causan a la capacidad integradora de los emblemas de esa patria por la que tanto berrean —la bandera, la Corona, el propio Rey y su familia (Título II CE)— al alienarlos, excluyéndoles, de tantos millones de español@s a quienes repugna —¡y cómo!— asistir en cada 12 de octubre a la emboscada asfixiante de un griterío fascistizante.

También te puede interesar...