Europa es Granada. Y Lampedusa. Y El Hierro

Europa es Granada. Y Lampedusa. Y El Hierro

Al menos, tenemos ahora unos textos, con claros diferendos, y una mesa, sobre los que enzarzarnos en una pelea a cara de perro hasta alcanzar un compromiso.

Granada y Europa, de la mano

La cumbre de Granada ha hecho visible la capacidad organizativa y el liderazgo español en la definición de las opciones de futuro para una UE abocada a asumir sus responsabilidades en la globalización. La increíblemente bella ciudad andaluza donde se emplazó el Reino Nazarí, donde deslumbra la imponencia del legado andalusí y donde puja desde hace cinco siglos la Universidad en la que me formé y me hice en casi todo lo que soy, ha albergado los debates de 30 líderes europeos. 

Hombres y mujeres que, como la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, o del Parlamento Europeo (PE), han rendido tributo al compromiso europeísta de España en el ejercicio de su Presidencia semestral del Consejo de la UE, en el tramo final de la Legislatura 2019/2024, con una agenda repleta de legislación pendiente de finalización y asuntos cuya urgencia apremia una estrategia europea.

La semana arrancaba con una consecución no menor de la Presidencia española: el desbloqueo en el Consejo de la UE de su Posición ante el Pacto de Migraciones y Asilo cuya primera lectura aprobó el PE hace año y medio, tras muchos meses de tensos intercambios de propuestas orientadas a reducir las enormes diferencias entre las posiciones de los gobiernos nacionales alrededor de esa mesa. 

En nuestro Pleno de Estrasburgo, primera semana de octubre, los negociadores del PE —cuya Comisión legislativa presido— urgimos de nuevo al Consejo a que de una vez se pusiera de acuerdo consigo mismo, del mismo modo que nosotros —en la única Institución directamente electiva por sufragio universal de la arquitectura de la UE—, superando discrepancias mediante cesiones mutuas y buscando compromisos, habíamos conseguido pactar un equilibrio aceptable entre responsabilidad y solidaridad.

En esa misma sesión rendimos sentido tributo al X aniversario de un escalofriante naufragio a escasos metros de Lampedusa, cientos de víctimas mortales que aún yacen en el fondo del mar. Mi compañero del S&D y amigo Pietro Bartolo, durante décadas jefe de los servicios médicos de la pequeña isla pelágica, que se presentó en el debate como el profesional de la medicina que más reconocimientos de cadáveres suma en la historia de Italia, nos conmovió al interpelar la escala de respuesta europea, todavía hoy irreconocible.

Produce desolación —no sólo estupor y rechazo— además de indignación, que en el Consejo de la UE se sienten tantos gobernantes que han apostado por hacer de la migración el caballo de batalla sobre el que explotar el miedo que ellos mismos propalan para cosechar los votos del pánico a los migrantes

En simultaneidad a la crisis en la ruta mediterránea desde Túnez —pese a tentativas patéticas y cortoplacistas de comprar voluntades para frenarla—, la isla canaria de El Hierro —con tamaño y población llamativamente similares a Lampedusa— está conociendo una afluencia masiva e incesante de cayucos que huyen en desbandada de la represión de las protestas políticas y sociales en Senegal. Del dramatismo de este pico de arribadas de embarcaciones frágiles, atestadas de personas desesperadas (entre las que abundan como nunca antes los menores), dispuestas a arriesgar la vida y a perderla en el empeño de huir del infierno del que proceden, da cuenta singularmente la posición geográfica de El Hierro en la ruta atlántica a Canarias, que resulta ser, penosamente, la más mortífera de todas.

La causa del riesgo es evidente: El Hierro es la más occidental (además de la más pequeña y de menor población) de las Islas Canarias, la más remota hacia el Atlántico, la más distante de África. Ello quiere decir que cualquier error de cálculo en la singladura de un cayuco en que se hacinan al menos 200 personas, cualquier marejada u oleaje que les aleje un palmo de su derrotero trazado, les aherrojará al Atlántico sin víveres ni pertrechos, ni agua ni cobertura, con lo que morirán una a una todas las personas a bordo hasta llegar cadáveres a las aguas del Caribe. 

Ha pasado muchas veces, más de las que se cuentan, como incontables son también las muertes en arenas del Sáhara de miles de subsaharianos que intentan llegar a las costas desde las que embarcar, Marruecos, Argelia, Libia, Túnez, en manos de traficantes despiadados que, explotándoles hasta la aniquilación, les abandonan en medio de la nada ante el menor percance.

Produce desolación —no sólo estupor y rechazo— además de indignación, que en el Consejo de la UE se sienten tantos gobernantes que han apostado por hacer de la migración el caballo de batalla sobre el que explotar el miedo que ellos mismos propalan para cosechar los votos del pánico a los migrantes, sin entender ni las causas ni la naturaleza del hecho migratorio, resistiéndose a asumir la necesidad de una escala europea de su respuesta sin la cual las fragmentarias y erráticas retóricas de rechazo, devoluciones en caliente, retenciones en frontera y expulsiones sumarísimas resultan, una y otra vez, en fraude al derecho europeo e internacional, involución moral e inexorable fracaso.

En la UE no hay otro modo de dar un paso adelante que no sea sortear tantos obstáculos y contradicciones como nos vengan impuestos por su realidad

La posición del Consejo de la UE —incluso tras minorizar a los intratables gobernantes de Hungría y Polonia (a los que se une ahora Robert Fico en Eslovaquia)— dista, sin duda, muchísimo de la expresada por los votos de la mayoría del PE. Pero, al menos, tenemos ahora unos textos, con claros diferendos, y una mesa (los "trílogos"), sobre los que enzarzarnos en una pelea a cara de perro hasta alcanzar un compromiso mediante aproximaciones mutuas, con todas las dificultades que la complejidad y la diversidad europea imponen a la acción política y a la legislación.

Pero hay que arar con estos bueyes. Del mismo modo en que, en España, el 23J las urnas describieron con sus votos un Parlamento (las Cortes Generales) extremadamente fragmentado y polarizado, en el que, sin embargo, hay que intentar sumar una mayoría de investidura hasta la extenuación (so pena de las elecciones que de otro modo ordenaría el art.99.5 CE, a celebrar en enero), en la UE no hay otro modo de dar un paso adelante que no sea sortear tantos obstáculos y contradicciones como nos vengan impuestos por su realidad -27 EEMM, con numerosos gobiernos escorados hacia la derecha extrema y al nacionalismo reaccionario- y por su complejidad.

Para que el Pacto de Migraciones y Asilo, con sus cinco leyes europeas, llegue entrar en vigor —ojalá con el impulso de la Presidencia española— solo hay un camino: una negociación entre Consejo y PE que alcance, por fin, un equilibrio entre responsabilidad compartida y solidaridad vinculante y efectiva. Por Lampedusa. Por El Hierro.