BLOGS
12/06/2012 12:38 CEST | Actualizado 12/08/2012 11:12 CEST

Iurisleaks

Los jueces están para impartir justicia con estricta sujeción a la ley y al proceso, no para cotillear o buscar la verdad material a costa de los derechos de todos. Y, si no, que se lo pregunten a Garzón.

Me perdonarán mis improbables lectores si el contenido de esta entrada les resulta un poco rancio: son los problemas del falso directo. Aunque "salimos" el día 7 de junio, día en que espero que cientos de miles de lectores se pasen por aquí, hacer este medio y arrancarlo requiere una preparación. Así que para mí, este post está en el tiempo de la prima de riesgo estratosférica y en el espacio de un Madrid caluroso con todo el mundo en las terrazas como si no hubiera mañana. Supongo que los madrileños siguen a sus dirigentes en esta tradición de vivir el presente, aunque algunos de ellos lo hacen con cargo a los presupuestos y a los justiciables como nuestro nunca suficientemente bien ponderado presidente del Tribunal Supremo y de esa institución de incierta finalidad que es el Consejo General del Poder Judicial.

No sé si para estas fechas Dívar habrá dimitido (me da que no) pero lo que espero muy sinceramente es que no haya progresado la petición que leo de cinco vocales del Consejo General del Poder Judicial que andan proponiendo "espiar" los correos electrónicos del CGPJ para, dicen, evitar filtraciones.

Esta cuestión de las filtraciones de información corporativa y de valor estratégico ya la tengo muy oída en algunas empresas que piensan que el enemigo está dentro (y en seguridad informática razón no les falta) y que hay que "filtrar" el correo de los trabajadores o "sondarles" para estar seguros de que no le pasan la fórmula de los donuts de chocolate a la competencia. Complicada cuestión ésta típica de las tensiones e intereses encontrados consustanciales al trabajo legal y a la vida en sociedad. Unos argumentan que los datos confidenciales, secretos o el know how de las compañías no pueden estar danzando por ahí, pues la información, aunque ninguno seamos capaces de ponerle un precio, tiene un valor tan importante que, en las manos inadecuadas, te saca simplemente del mercado. Estos consideran que los medios que te da la empresa son de la empresa y lo que hace el trabajador con ellos también. En un absurdo símil analógico el boli bic azul que te dan los de material es de la empresa y las cartas de amor que escribas con él también.

Sé que simplificar es peligroso y que, si uno se da a la poesía en tiempo de trabajo, habría que sancionarle por no trabajar y no por sus gustos literarios. Como se que, aunque la jurisdicción laboral no tenga nada en contra de que se espíen los correos electrónicos de los trabajadores si hay una política debidamente notificada a los mismos, la penal considera la intervención del correo electrónico como delictiva.

Así que, entre las muchas cosas que me tienen patidifusa en este cambio de milenio, el comprobar que el Gobierno de los jueces no se sabe la jurisprudencia de sus salas me deja consternada. Que para evitar las filtraciones de la información de los expedientes disciplinarios no se les ocurra a los cinco vocales de la comisión del ramo otra cosa que acceder por las bravas al servidor de correo electrónico donde tienen sus cuentas los vocales, su presidente, los letrados y el resto de funcionarios y trabajadores al servicio de la institución, me deja muy preocupada. Preocupada por la ignorancia de la ley del órgano rector de los jueces y porque si así se comportan entre ellos mismos qué no harán con los pobres justiciables.

Los jueces están para impartir justicia con estricta sujeción a la ley y al proceso, no para cotillear o buscar la verdad material a costa de los derechos de todos. Y, si no, que se lo pregunten a Garzón.