A Óscar Puente no le hace falta decir mucho más al hablar sobre los cánticos racistas en el España - Egipto
El ministro de Transportes hace una radiografía social a partir de la intolerable conducta de algunos aficionados que acudieron a ver el partido.

"Vergüenza mundial". Así titula en portada este miércoles el diario AS en su versión impresa después de que la afición asistente al partido amistoso España - Egipto empezara a corear "musulmán el que no bote". Unos gritos que deslucieron el encuentro, que acabó en empate a cero, y que fueron censurados tanto por la Real Federación Española de Fútbol como por el seleccionador nacional y algunos de los jugadores.
Durante el partido, las pantallas del RCDE Stadium de Barcelona advirtieron de que la legislación para la prevención de la violencia en el deporte prohíbe y sanciona la participación activa en actos violentos, xenófobos, homófobos o racistas. Luis de la Fuente dijo por su parte que "los cánticos racistas" fueron "intolerables" y la RFEF pidió perdón públicamente en sus redes sociales. Cabe recordar que la FIFA contempla sanciones por situaciones como estas, que pasan por multas económicas o incluso el cierre del estadio.
El Gobierno no se ha pronunciado todavía oficialmente sobre lo ocurrido ayer en Barcelona, aunque el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido tajante en X. "Lo que pasó ayer en Cornellá es la consecuencia de lo que la derecha racista y xenófoba lleva alimentando durante años, con la complicidad de un ecosistema mediático que hoy se echa las manos a la cabeza. Es el fascismo, amigos. Y no se le ríen las gracias, ni se le blanquea", ha escrito. Un tuit que, en menos de una hora, ya sumaba más de 500 retuits y más de 1.000 'me gustas'.
Los Mossos d'Esquadra han abierto una investigación para esclarecer lo ocurrido y poder identificar a los que empezaron estos cánticos racistas. Cabe destacar que el mal comportamiento no se limitó a esos gritos. Durante los prolegómenos del encuentro, parte del público silbó el himno de Egipto, un gesto que trasciende lo deportivo y que supone una falta de respeto hacia un país, su cultura y sus jugadores.
Estos episodios no solo afectan a la imagen del fútbol español, sino que también cuestionan el papel de las gradas como espacio de convivencia. En un contexto en el que el deporte presume de ser una herramienta de unión, este tipo de actitudes evidencian que todavía queda un largo camino por recorrer.
