Augustin Ndour y una vida por la regularización de migrantes: "Se ha luchado para que la gente pueda vivir con dignidad"
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Augustin Ndour y una vida por la regularización de migrantes: "Se ha luchado para que la gente pueda vivir con dignidad" 

Augustin Ndour puso su firma en la IPL de la regularización masiva de migrantes e incluso fue el primer candidato negro de la historia de España a la presidencia del Gobierno. "Alegría, felicidad, satisfacción...", los adjetivos se le quedan cortos para definir el hito alcanzado este lunes.

Augustin Ndour, el hombre que puso su firma en la ILP de regulación de migrantes.Gustavo Gómez Gózalo

Augustin Ndour atiende la llamada con la voz acelerada y entrecortada, desbordado por un momento que lleva toda la vida esperando. "Ya sabes, con mil cosas a la vez, pero contento, feliz", repite varias veces, como si necesitara decirlo en voz alta para terminar de creérselo y de reafirmar aquello que es cierto: que la regularización de centenares de miles de migrantes es una realidad. Una espera interminable para cientos de miles de personas que parece que ya vislumbra la luz al final del túnel.

El hecho ha costado más tiempo del que se puede llegar a pensar y más empeño del que él mismo es capaz de mostrar. No es una noticia más, es el resultado de años de lucha colectiva, de esfuerzo silencioso y de una reivindicación que, por fin, empieza a materializarse. Se trata además de la séptima regularización en la historia de España y, sin duda, la que más ha costado.  

"Ha sido un currazo de tanta gente buena...", suspira poniendo en valor que "muchísima gente ha trabajado para que lleguemos hasta aquí". Ndour huye desde el primer momento de cualquier personalismo del logro, tanto de forma individual, como a nivel de partidos políticos o de asociaciones, consciente de que la lucha ha sido de muchísima gente. "Cada uno ha puesto su granito de arena, pero los que de verdad se van a beneficiar son esos hermanos que llevan años malviviendo aquí. Y no solo ellos: también el conjunto del Estado".

Para Ndour, el argumento es incontestable: "Cuando una persona se regulariza, pasa a cotizar a la Seguridad Social. Eso es bueno para la sociedad en su conjunto". Por eso se muestra sorprendido ante quienes presentan la regularización como una amenaza. "Es exactamente lo contrario: es una solución".

De Senegal a la lucha por los derechos 

La historia personal de Augustin Ndour sustenta su compromiso, principios y dedicación a lo que hoy puede celebrar, aunque es consciente de que el trabajo no ha terminado. Llegó a Europa desde Senegal, pasando por Lisboa y después a España, donde ha terminado viviendo en Granada. Como tantos otros, conoció de primera mano lo que es la vida sin papeles: la calle, la venta ambulante, los trabajos precarios y el miedo constante. "Yo viví lo mismo que están viviendo ahora muchos jóvenes", recuerda. "Estar en la calle, repartir volantes, buscarte la vida como puedas... Es algo que no se lo recomiendo a nadie".

"La primera integración es la integración jurídica"
Augustin Ndour

Cuando logró cierta estabilidad, con un trabajo y una vida más asentada, miró hacia atrás y tuvo claro que no se podía quedar al margen de lo que muchos, como él, seguían viviendo. "No me veía dejando atrás a todos los hermanos que seguían en esa situación", explica. Para él, hay una idea clave que pone la primera piedra necesaria para cualquier dignidad humana: "La primera integración es la integración jurídica. Si no tienes papeles, no podemos hablar ni de integración económica ni de integración social, porque no tienes acceso a ellas ni derecho a nada".

  Augustin Ndour en el CongresoEduardo Parra Europa Press

Desde entonces, empezó en el activismo y en el trabajo de dar la esperanza que tantos como él estaban anhelando. Durante su travesía, pasó por ser el primer candidato negro de la historia a la presidencia del Gobierno en 2019, algo que ahora recuerda con humor: "Mira que me dieron palos entonces y dijeron de todo, pero fue una buena experiencia. Tratamos de trabajar para que todos tengamos igualdad de oportunidades, aunque no tuviéramos muchísimos votos", recuerda entre risas. Sin embargo, la firma más importante fue en otro documento. 

Ese convencimiento fue el motor de su implicación en la lucha por la regularización. Desde el principio, estuvo acompañado por organizaciones como el Partido por un Mundo Más Justo y la Fundación para la Ciudadanía Global. Junto a Regularización Ya, Fundación Por Pausa, REDES y otras entidades, formó parte de la Comisión Promotora que impulsó la Iniciativa Legislativa Popular (ILP): el mecanismo con el que, tras conseguir más de 500.000 firmas puedes impulsar una norma en la Cámara Baja. "Éramos seis entidades grandes, pero detrás había muchísima más gente", subraya sin cesar en algo que no quiere que pase por alto: esta es la lucha de cientos, miles, de personas. "Hay que agradecer a todos los que han estado en este camino porque han hecho un trabajo extraordinario", dice. 

Un trabajo colectivo de años 

La ILP no fue un gesto puntual, sino el resultado de un trabajo sostenido en el tiempo. "Estamos hablando de casi mil organizaciones implicadas y de unas 17.000 personas recogiendo firmas", recuerda Ndour. "Gente que ha pateado calles, playas, barrios enteros, buscando apoyos en los rincones más inhóspitos". Aquel documento llevaba su firma, pero bajo esa pequeña cantidad de tinta se encontraba la ilusión y esperanza de aquellos que aspiraban a conseguir una vida normal. La que muchos damos por sentada y que se escurre con fragilidad entre los dedos de las manos.

  700.000 firmas ante el Congreso.

Por eso insiste en que el protagonismo no puede atribuirse a una persona o a un partido. "No es de Augustin, ni de Fulanito, ni de una organización sola. Es de la sociedad civil". Con el paso de los años, la recogida de firmas superó las 700.000 y el clamor social era el empuje que necesitaban para seguir. 

La aprobación a trámite de la ILP en el Congreso contó con una mayoría aplastante de todo el arco parlamentario, salvo Vox. Sin embargo, el proceso se fue dilatando en el tiempo. "Una vez que se admite a trámite, la Comisión Promotora ya no tiene influencia sobre el texto definitivo y hay que esperar a que el Congreso y los diputados prosigan con el proceso", explica. 

  Votación en el Congreso de la ILP para la regularización de migrantes, en abril de 2024.

Según Ndour, el bloqueo de todos estos meses no se debió a la regularización per se, sino a la "letra pequeña" y a los habituales juegos políticos en los que se rifan el poder para argumentar su narrativa. "Si no me votas esto, no te voto lo otro. Esos piques han retrasado la aprobación", apuesta. Finalmente, el Gobierno optó por aprobar la medida mediante un real decreto pactado entre el Partido Socialista y Podemos. "Era algo que se podría haber hecho desde el principio, pero bueno, al final se ha hecho que es lo importante y lo celebramos".

"La regularización no es de izquierdas ni de derechas"

Uno de los mensajes que Ndour repite con más fuerza es que la regularización no debería ser un campo de batalla ideológico, sino una lógica aplastante que se debería haber adaptado hace tiempo. "No es ni de derecha ni de izquierda. Es una necesidad social", afirma con rotundidad. Para demostrarlo, recurre a su propia experiencia: él fue regularizado en 2001, durante el Gobierno de José María Aznar, algo que ahora el Partido Popular parece olvidar por sus críticas a la medida.

"Lo entendió Aznar, lo entendió Zapatero, lo ha entendido Pedro Sánchez, incluso Felipe González en su día", enumera citando a los anteriores presidentes que llevaron a cabo una regularización. "Eso te dice que no va de ideología. Va de sentido común". En su opinión, lo irresponsable es ignorar una realidad evidente: cientos de miles de personas ya viven, trabajan y conviven en España, pero sin derechos. "Lo justo, lo humano y lo digno es que todas las personas que trabajan y contribuyen tengan los mismos derechos". 

  Augustin Ndour, Por un Mundo Más Justo

"Necesitan un mínimo de derechos para poder cumplir también con sus deberes", enfatiza. "Pagar la Seguridad Social es un deber. Pero si no estás regularizado, ni siquiera puedes cumplirlo, por no hablar de los derechos como vacaciones o bajas, que se pierden por este motivo". Por eso critica los discursos que demonizan la regularización y la migración, como la extrema derecha que se encuentra en auge. "Es previsible que Vox no lo aplauda, pero no podemos dejar que la polarización nos impida ver lo bueno de la medida".

La vida antes y después de los papeles

Cuando Ndour habla de lo que significó para él vivir sin papeles, el tono cambia. El tono festivo y de celebración ante lo conseguido se torna a triste recordando lo que él vivió y lo que muchos siguen sufriendo. "La gente no se pone en la piel de una persona que no tiene documentación", dice. "Es vivir con miedo constante, sabiendo que siempre te miran por encima del hombro".

Describe escenas cotidianas que, para muchos, pasan desapercibidas: el terror de poder encontrarte con la policía en la calle, en una estación de autobuses o de tren; la imposibilidad de viajar para ver a tu familia; la sensación de fracaso si te deportan después de años de esfuerzo. "Que se muera tu padre, que se case tu hermana, y no poder ir", afirma con el dolor de aquellos a los que se les negó tener una vida normal. "Es durísimo".

"Que se muera tu padre, que se case tu hermana, y no poder ir"
Augustin Ndour

La regularización, explica, lo cambia todo: "Trabajar dignamente, cotizar, tener vacaciones, cobrar una paga extra… cosas que vemos como normales, para muchísima gente son imposibles". Recuerda con emoción el día en que recibió su propia carta de regularización. "Empecé a llorar y no paré. Supuso un cambio radical en mi vida. Cuando abrí el buzón de verdad que no me lo creía".

Ese cambio también significa libertad de movimiento. "Si estás regularizado y no encuentras trabajo en una ciudad, puedes irte a otra, incluso a otro país. Sin papeles, ni siquiera puedes viajar o, por lo menos, te lo dificulta una barbaridad y muchas veces pones tu vida en riesgo". Por eso insiste en que no todos los regularizados se quedarán en el mismo sitio. "La gente va donde cree que puede encontrar trabajo".

Almería y los invernaderos: una herida abierta

Uno de los momentos más duros de la conversación llega cuando Ndour recuerda su etapa trabajando en los invernaderos de Almería. "Fue tan traumático que lo borré de mi mente", confiesa. "Volver después de tantos años me removió todo".

Habla de explotación, de jornadas interminables, de salarios impagados y de derechos inexistentes. "La capacidad para explotarte cuando no tienes papeles es infinita", afirma. "Habrá excepciones, gente buena, pero en general la explotación es brutal. Al menos el 80% de las personas sin papeles —y me quedaré corto— que trabajan en los invernaderos están explotadas".

Lo que más le marcó, explica, no fue solo el trabajo en sí, sino la forma de buscarlo. "Eso me recordaba a tiempos muy oscuros, casi a la esclavitud". Por eso, al imaginar cómo se habrá recibido la noticia de la regularización en los plásticos de Almería, conociendo unas breves pinceladas de gente con la que ha hablado, las palabras vuelven a quedarse cortas: "Felicidad, alegría contenida y mucha esperanza".

  Augustin con una caja de taracea, tipico de Granada, hecho por él para su madre.Jorge Aguilera

Queda trabajo por hacer

Ndour reconoce que el anuncio del Gobierno le pilló por sorpresa. "Me enteré como todo el mundo: por los medios", admite recordando ese instante de felicidad que nunca podrá borrar de su memoria. "Han escuchado un reclamo popular", asegura. Ahora, su principal preocupación es que el proceso se gestione bien y que, por fin, sus hermanos puedan tener los papeles que anhelan. "Habrá que reforzar la administración para que no colapse", advierte, recordando experiencias anteriores.

"Esto no entra en vigor de un día para otro, hay meses por delante para planificar"
Augustin Ndour

Aun con cautela, se muestra optimista. "Esto no entra en vigor de un día para otro, hay meses por delante para planificar". Calcula que, dentro de ente dos y cuatro meses podrán empezar con las regularizaciones. "Todo esto no se ha luchado para una organización ni para un partido. Se ha luchado para que la gente pueda vivir con dignidad", concluye emocionado ante el resultado del trabajo de miles de personas.

"Por eso sólo puedo sentir alegría. Alegría, alegría, alegría. Ahora empieza la mejor parte del trabajo", dice. Esa, no es otra que la de dar los papeles, la de que miles de personas puedan ver a sus familiares, disfrutar de unas vacaciones y dejar de tener ojos que les miran por encima del hombro porque, como recuerda Ndour, la primera integración es la jurídica. "Gracias por dejarme compartir mi alegría", concluye en esta charla con El HuffPost después de toda una vida luchando por la dignidad de los demás. 

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Soy redactor de la sección de Política en El HuffPost España. En ella, informo acerca de la actualidad política que afecta a nuestro país, la realidad social a la que se enfrenta la ciudadanía o los eventos judiciales... entre otras muchas cosas. Tratamos todos los días de ofrecer a nuestros lectores la herramienta más importante de todas en democracia: estar informado.

 

Sobre qué temas escribo

Me dedico a escribir sobre la actualidad política en España y cómo esta impacta en la vida de la gente... Aunque, si soy sincero, cada semana se convierte en una especie de “elige tu propia aventura”, un cocido madrileño como los de antaño en los que no sabías lo que te podrías llegar a encontrar.

 

Bajo mi firma pueden encontrarse artículos sobre migración y la dramática situación humanitaria en el Mediterráneo y el Atlántico, la crisis de vivienda que golpea especialmente a mi generación o tragedias que han marcado a todo el país, como los incendios o la erupción del volcán de La Palma. También abordo temas de la actualidad política y judicial, como el procesamiento del fiscal general del Estado, de la pareja de Isabel Díaz Ayuso o de Begoña Gómez, al igual que la cobertura del Congreso Nacional del PP donde Esperanza Aguirre dijo que éramos “su medio favorito”, ¿os lo creéis? Además, he escrito sobre la muerte del papa Francisco, la despedida de Luka Modrić del Real Madrid, el genocidio en Gaza, desahucios... Hasta uno de Opinión. A este paso tardo menos en decir sobre qué no escribo.

 

Aun así, siempre trato de sacar un hueco para una de mis pasiones: la música. Concretamente, el rap. Que no os sorprenda ver alguna entrevista de vez en cuando.

 

Mi trayectoria

Al igual que la mayor parte de mi familia, nací en el kilómetro cero, en Madrid, así que soy un gato más. Estudié Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y me gradué con un TFG acerca de la labor del periodismo español durante el 15M. Antes de El HuffPost pasé por las redacciones de El Confidencial, ElDiario.es y Redacción Médica. También he sido cajero, reponedor, monitor de tiempo libre... Un joven más de 26 años, vaya.

 


 

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