En todas las casas cuecen habas(cales): las expulsiones y traiciones abren una herida en Vox
Abascal, en su mejor momento según la demoscopia, 'limpia' el partido de las voces más críticas. Él es tajante: "Quien esté en Vox debe respetar las normas".

El 16 de marzo de 2015, en la calle Asunción de Sevilla, Santiago Abascal se subió a un banco megáfono en mano para hacer campaña por su candidato, Francisco Serrano, en las autonómicas andaluzas de aquel año. En dicha imagen, inmortalizada a través de una fotografía, el presidente de Vox aparece notablemente más joven, vistiendo vaqueros y una barba negra algo desaliñada. Los transeúntes ignoraban sus palabras y ni siquiera le miraban pese a que Abascal se acompaña de una tarima de madera y de un gran logo de Vox a sus pies hecho con espuma y poliespán. Nadie se detuvo a escucharle, a nadie le importaba lo que decía, salvo los diez figurantes a los que el 'jefe' había convencido para simular su atención. "Quieren más a las mascotas que a nosotros", habría llegado a decir a sus próximos al ver, días después, que su formación sólo había sumado casi la mitad de votos que PACMA.
Hoy, Vox es la tercera fuerza política en España y negocia con el PP entrar en gobiernos de coalición en regiones como Extremadura, Aragón o Castilla y León. Las encuestas, además, le sitúan ya en un 20% de estimación de voto y la posibilidad de alcanzar los 70 escaños en el Congreso una vez vuelvan a celebrarse elecciones generales.
Con datos de julio de 2025, siempre facilitados por el propio partido, Vox cuenta además con casi 68.000 afiliados y un importante músculo de simpatizantes que difunden de forma muy activa sus mensajes y proclamas a través de las redes sociales. De hecho, se considera que Vox está creciendo gracias a la captación de un voto joven muy descontento, desubicado, y que muestra simpatía por algunos de los valores principales de la formación, como patria o familia.
El momento dulce, demoscópicamente hablando, de Vox contrasta, sin embargo, con el maremoto interno que sacude al partido. Dado que la formación ultra siempre ha mostrado una estructura muy centralizada y 'presidencialista', la sangría de cargos bajos e intermedios ha sido casi una constante. En la anterior legislatura (2019-2023), casi la mitad de sus concejales dejó el partido a los tres años. Ahora, son algunos de los rostros más habituales o conocidos del partido.

Para muestra, un botón. Abascal es el único de los fundadores del partido que continúa en la dirección. Hace unos días, expulsó a Javier Ortega Smith por negarse a ceder su rol de portavoz del partido en el ayuntamiento de Madrid. Lo cierto es que su salida era una 'muerte anunciada' después de que Vox le fuera despojando de todo poder orgánico. En 2022 fue cesado como secretario general de Vox, después se le retiró de la vicepresidencia del partido y en diciembre del año pasado acabó fuera de la dirección.
El concejal y diputado ha sido además muy crítico, tanto en privado como en público, con la dirección nacional del partido y el rumbo que estaba tomando, alejado a su juicio del proyecto inicial de Vox. "La democracia interna es manifiestamente mejorable", llegó a decir. También que la formación no podía convertirse "en una agenda de colocación".
La hemorragia ha sido una constante. Alejo Vidal-Quadras, primer presidente del partido, ya salió en 2015 por discrepancias estratégicas y de liderazgo. Lo mismo ocurrió con Cristina Seguí, José Luis González Quirós, Ignacio Camuñas o el secuestrado por ETA, José Antonio Ortega Lara.

La primera gran crisis vino, sin embargo, con Macarena Olona hace cuatro años. Tras no cosechar un satisfactorio resultado en las elecciones andaluzas, la que fuera portavoz en el Congreso dijo que abandonaba la política "por motivos médicos". Meses después, ya recuperada, Olona forzó su regreso, pero fue entonces Vox quien le cerró la puerta en las narices. La abogada del Estado inició entonces su propia batalla contra los de Abascal. En diversas entrevistas, detalló que compañeros del partido inventaban "bulos" para atacarla y denunció incluso a un asesor por denigrarla a través de un canal de Telegram. No contenta con eso, también dejó caer la sospecha de una supuesta financiación irregular y admitió que dentro de Vox había personas muy próximas al fascismo. "Vox no es un partido nazi, pero sí me he encontrado con personas del entorno de Vox que hacen loas a Hitler", aseguró ante Jordi Évole en su programa de televisión.
La confección de las listas para las generales de 2023 precipitaron también las salidas de otros destacados dirigentes del ala liberal del partido, como Rubén Manso o Víctor Sánchez del Real. Y en agosto de ese año, tras el varapalo de las generales, el que decidió irse fue Iván Espinosa de los Monteros. Adujo cuestiones familiares, pero ya rondaba por entonces que llevaba varios meses sin hablar con Santiago Abascal.
Durante un tiempo, Espinosa de los Monteros se mantuvo al margen, pero pronto empezó a estrechar lazos con el PP (él acudió a un acto de los populares en el Congreso y hubo presencia del partido de Feijóo en la presentación de su fundación, Atenea) y a cuestionar algunas de las decisiones de Abascal. En paralelo, Vox decidió apartar a su mujer, Rocío Monasterio, de la presidencia del partido en Madrid.
Este jueves, Espinosa de los Monteros ha asegurado que el partido quiere expulsarle tras lanzar importantes críticas a la actual dirección, exigiendo un congreso abierto a todos los afiliados para debatir sobre la estrategia del proyecto político y los ámbitos de mejora en la organización.
De hecho, un grupo de exdirigentes de Vox, encabezados por él, difundieron el pasado 18 de marzo un manifiesto en contra de la dirección nacional liderada por Abascal en el que exigían la convocatoria de un congreso extraordinario "con plazos suficientes y reglas claras". "Es hora de abrir el debate sobre el futuro de Vox", decían los firmantes.

La 'purga' también ha afectado a exbarones territoriales como Juan García-Gallardo (que ha acusado recientemente a Abascal de embolsarse un "tercer sueldo" a través del salario que percibe su mujer de una empresa satélite de Vox), o José Ángel Antelo, quien dijo que "en Vox no existe la democracia". "Es el imperio del miedo", añadió en El Mundo.
Las desavenencias con ambos líderes autonómicos han existido desde hace meses, aunque las frías relaciones con Antelo pasaran más inadvertidas por la prensa. "Ha querido siempre ir por su cuenta y no ha sido fácil trabajar con él", asegura una fuente.
La inestabilidad interna ha traído consigo las denuncias de "irregularidades económicas dentro del partido", especialmente por parte de Ortega Smith. Cabe recordar que él formaba parte hasta 2022 del comité de gestión que controlaba todos los pagos del partido. Aunque él no las ha detallado, las diferentes informaciones periodísticas han puesto el foco en los 10,9 millones transferidos en cinco años a la fundación Disenso, de la que Abascal es presidente y patrón perpetuo; o los contratos millonarios con el holding empresarial vinculado a Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza.
Pese a todo, la crisis no ha desviado el foco de atención de Abascal, que agotará su mandato como presidente hasta 2028. Hace unos días, durante su periplo de campaña por Castilla y León, mandó un mensaje muy claro a sus 'rivales': "Nadie está obligado a estar en Vox, pero quienes están, están obligados a respetar las normas internas". Donde hay patrón...
