La falta de unidad y un Gobierno que no acaba de sumar: qué pasa en la izquierda
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La falta de unidad y un Gobierno que no acaba de sumar: qué pasa en la izquierda

Las elecciones en Castilla y León suponen un nuevo aviso para los partidos políticos a la izquierda del PSOE tras no obtener representación y lograr tan solo el 3%.

Una señal de "manténgase a la izquierda".Simon McGill

Los partidos a la izquierda del PSOE tienen un problema, y al menos tal afirmación no debería encontrar demasiada resistencia. Más allá de las reflexiones que haga cada una de las diferentes formaciones, es innegable que algo no funciona cuando Izquierda Unida, Podemos y Sumar no han llegado ni al 3% de los votos en Castilla y León. Vale que sea una comunidad difícil para la izquierda (en las últimas elecciones tan solo se logró un diputado en las Cortes), pero lo cierto es que, de los 1,24 millones de personas que depositaron su papeleta este domingo, apenas 36.000 vieron en la izquierda del PSOE un proyecto alternativo plausible, o al menos con oportunidades de nada.

"0 escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo (o hacer lo de siempre) es pura negligencia", resumió este domingo el portavoz de ERC Gabriel Rufián, el líder político que desde hace semanas aboga por una suerte de unidad de la izquierda. ¿El problema es la falta de alianza, el haberse presentado por separado? Para el diputado de Más Madrid Emilio Delgado, que acompañó a Rufián en su primer acto en la capital, no. O no solo. "El problema no es la abstención, ni la unidad, ni gaitas... El problema es de alcance. Cada una de las propuestas de la derecha tiene más alcance que la de la izquierda, muy especialmente en el espacio de la autodenominada izquierda alternativa", analizó anoche.

La unidad

Sea la desunión o no el principal factor de desafección, si uno atiende a los resultados de las últimas elecciones autonómicas, solo Extremadura supuso cierto optimismo para la izquierda. Allí, la coalición entre Podemos e Izquierda Unida obtuvo siete escaños, tres más que en los anteriores comicios. Y ya. En Aragón, donde fueron por separado, Podemos desapareció e IU-Sumar lograron tan solo un escaño frente a una Chunta Aragonesista que acaparó la mayor parte del voto a la izquierda del PSOE. En Castilla y León ni eso. Cero escaños. La unidad, por tanto, funcionar funcionó un poco mejor, aunque solo sea si uno piensa solo en la cuestión matemática del voto.

Esta mañana, en RNE, el exsecretario general de Podemos, Pablo Iglesias, aseguró que "la destrucción de Unidas Podemos ha traído lo que estamos recogiendo ahora". "No había que ser muy inteligente para calcular que si las dos fuerzas iban separadas iba a ser muy difícil", dijo Iglesias. Esas dos fuerzas son Podemos e Izquierda Unida. Si el también exvicepresidente del Gobierno habla tan solo de dos partidos es porque los morados ven en Sumar la causa de la destrucción de Unidas Podemos y ya han reiterado que no participarán en alianzas en las que esté el partido de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a quien ven "subordinada al PSOE".

Conviene señalar, por tener todas las cartas, que IU y Podemos llegaron a barajar la posibilidad de presentar una candidatura conjunta en Castilla y León que excluyera a Sumar, como pedían los de Ione Belarra, la secretaria general morada. Si no lo hicieron fue porque no se pusieron de acuerdo en quién debía liderar la lista por Valladolid, la única provincia en la que esperaban sacar un diputado. La discusión no fue, por tanto, ideológica, sino por puestos de salida. Y, al final, todos fuera. Igual de innegable es que el votante de izquierdas censura las discusiones ególatras que solo hablan de sillones.

El elefante en la habitación

Más allá de la unidad, no menos importante es abordar el elefante en la habitación de la izquierda, esto es, su presencia en el Gobierno de coalición con el PSOE. En los últimos meses, sobre todo después de los casos de corrupción en las filas socialistas y de la inacción del Ejecutivo respecto al aumento de los precios de la vivienda, son cada vez más las voces que reclaman a la izquierda del PSOE que salga del Gobierno

Por mucho empeño que se ponga en explicar quién decide qué y quién deja de hacer qué, todo lo que se aprueba y, con mayor trascendencia, lo que no, proviene del mismo Consejo de Ministros. "Es cierto que la coyuntura no ha ayudado, pero eso no importa, la carestía de la vida, el precio de la vivienda y la situación del transporte afectan de manera troncal a la vida diaria de la clase obrera, y eso ha ocurrido con la izquierda en el Gobierno generando una percepción tremendamente lesiva sobre la capacidad para cambiar las cosas de los que dicen querer cambiarlo todo. Si no has cambiado ni un poco tienes muy difícil hacer creer a la gente en una utopía. Porque la izquierda somos eso, ilusión y utopía", reflexionaba el periodista Antonio Maestre hace unos días.

En conversación con El HuffPost, Maestre considera que, primero con Unidas Podemos y después con Sumar, el hecho de haber estado tanto tiempo en el Gobierno de coalición ha obligado a "renuncias que para la cultura política de la izquierda son muy importantes", como "las cuestiones migratorias, la renuncia del Sahara o esta cultura de la guerra que hace que estés limitado por la presencia en un Gobierno de la OTAN". "Esto genera unos costes que no se ven aminorados por la consecución de medidas sustanciosas que hayan mejorado de manera concreta las condiciones materiales de la clase trabajadora", dice. Por si fuera poco, la "alta inflación que provocan las guerras de Rusia o Irán y el precio desaforado de la vivienda hacen que las mejoras que haya podido haber, como el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), no hayan sido lo suficientemente ambiciosas para mejorar las condiciones materiales".

Para Maestre, es incomprensible, por ejemplo, la permanencia de IU en el Gobierno. "No se entiende que, con una presencia tan minoritaria, con Ministerios tan residuales, tenga que hacer tantas renuncias muy importantes para su cultura colectiva histórica". Pero, según defiende el periodista y escritor, esto ya no es solo cuestión de IU, Sumar o Más Madrid: "Todos sabemos que la percepción que funciona en la sociedad es bastante superficial y poco ideologizada. La gente no diferencia demasiado entre IU, Sumar, Podemos... Lo meten todo en una especie de bolsa y genera mucho coste para quien está de manera subsidiaria en el Gobierno". Podemos, de hecho, abandonó hasta el Grupo Parlamentario de Sumar en el Congreso y no ha visto mejora en sus resultados.

Hace apenas unas semanas, tras salir a la luz casos de corrupción y acoso en las filas socialistas, desde Sumar amenazaron con abandonar el Gobierno si el PSOE no salía de la "parálisis" y se ponía las pilas con medidas anticorrupción y mayores avances sociales. Entre otras cosas, los de Yolanda Díaz pidieron la remodelación del Ejecutivo. Meses después, nada de esto ha pasado. El PSOE apenas se mostró preocupado por el órdago y, ahora, Pedro Sánchez no solo se ve a sí mismo en buena posición gracias a la postura española con la guerra en Irán y los movimientos de Donald Trump, sino que también celebra que su partido haya captado el voto útil en Castilla y León, casi como una premonición de lo que puede pasar en las próximas generales.

Este lunes, un día después de la debacle, todos los partidos a la izquierda del PSOE han coincidido en la necesidad de "reflexionar". Reflexión fue también la que pidió Gabriel Rufián. Mientras, las citas electorales se acumulan. Próxima parada: Andalucía.

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Me llamó Héctor Juanatey, aunque como dice Xoan Tallón, eso no importa, todo el mundo tiene un nombre. Me gusta escribir y contar cosas. En El HuffPost escribo de política, y como política lo es todo, decirles esto es como decir todo y decir nada.

 

Sobre qué temas escribo

En El HuffPost escribo, como ya les dije, de política, que es todo. Si quisieran entrar más en detalle, les cuento: por gustar, me gusta escribir de todo aquello que me preocupa dentro y fuera de la redacción. En los últimos años, por ejemplo, he estado investigando el ascenso de la extrema derecha, una suerte de virus invisible que crece cada día más. Un crecimiento, sin embargo, que también tiene responsables, y en ellos me gusta fijarme, ya sea Elon Musk, Mark Zuckerberg o influencers de ultraderecha con cada vez más adeptos. Pero también la política es causa de la desafección de la que beben los ultras. De ahí que no haya que olvidarse nunca de temas fundamentales como la vivienda; en definitiva, de las condiciones materiales de la ciudadanía. Por ese motivo, también, y desde la cobertura que hice para Público durante el 15M en la Puerta del Sol, en Madrid, he centrado gran parte de mi trabajo en las diferentes reivindicaciones de la movilización social. Sospechen siempre de aquellos periodistas que acostumbran a agobiar con la cantinela de la objetividad. Al final, solo buscan desprestigiar el sentido mismo de la profesión.

 

Mi trayectoria

Pese a todas las advertencias, desde que me decanté por estudiar periodismo (Licenciatura y Máster en Periodismo de Investigación), a excepción de un parón en el que trabajé en discurso y comunicación política, he tenido la suerte de dedicarme a escribir. Empecé en La Voz de Galicia y, tras dejar la terruña (Galicia) y mudarme a la capital en busca de oportunidades laborales, pasé por Público, La Sexta, fui redactor fundacional de eldiario.es, y he escrito para un buen número de medios como Praza.com, la revista Luzes, Playground Magazine, La Marea, Vanity Fair o CTXT. En una ocasión estuve en el campamento de refugiados de Dajla, en el Sahara, y de allí me traje unas breves anotaciones que fueron publicadas como libro, ‘Dajla. Apuntes desde o Sahara’, editado por Praza. En otra, entrevisté a Txema Guijarro, una de las personas que trabajó en el asilo de Julian Assange y Edward Snowden, y esos diálogos se transformaron también en libro, ‘El analista. Un espía accidental en los casos Assange y Snowden’, de Libros del KO. En otro lapso de tiempo, creé junto a los cómicos Facu Díaz y Miguel Maldonado un programa de humor, La Tuerka News, porque tengan claro que sin risas nos vamos a la m*****.

 


 

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