Diario de los indignados, 15 años después del 15-M: "En 2011 había hastío; hoy hay individualismo y 'sálvese quien pueda"
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Diario de los indignados, 15 años después del 15-M: "En 2011 había hastío; hoy hay individualismo y 'sálvese quien pueda"

Tres lustros han pasado desde aquella primavera que quería cambiarlo todo. Pablo y Fabio estuvieron ahí y, aunque como ellos dicen, "a toro pasado todo es más sencillo", rememoran aquel hito de la democracia que dejó una huella imborrable. 

Sol en Madrid durante el Movimiento 15-M.David Ramos

"Márchate, esta tierra está maldita. ¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. No te dejes engañar por la nostalgia y, si regresas, no me busques. No toques a mi puerta, no te abriré. Busca algo que te guste y, hagas lo que hagas, ámalo como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño", le decía Alfredo a Totó en Cinema Paradiso, la cinta inolvidable de Giuseppe Tornatore. La nostalgia es un complejo veneno que puede consumir poco a poco el alma; ya se lo advertía el maestro Yoda a Anakin antes de que emprendiera un viaje sin retorno: "El miedo a la pérdida lleva al lado oscuro". Sin embargo, a veces es inevitable echar la vista atrás y esbozar una leve sonrisa por lo que vivimos: aquel año inolvidable, esa experiencia que plasmó su huella o aquella persona que nunca volviste a ver. A Pablo Gallego (Cádiz, 1988) y Fabio Gándara (Santiago de Compostela, 1984) les pasa algo similar con el 15-M; los dos gozaban entonces del privilegio de la juventud, de ese ímpetu de poder incendiar el mundo prendiendo una sutil chispa y, en cierto modo, lo consiguieron. Vaya si lo consiguieron.

Ambos fueron parte intrínseca del Movimiento 15-M, en una de las organizaciones que se volvieron insignia de la indignación que llenó las plazas y las calles: Democracia Real Ya. Un grupo de personas sin protagonismo ni liderazgos, prácticamente sin egos, que buscaron en aquella primavera un cambio sin precedentes en el sistema político español, uno que fuera constituyente y que le diera la vuelta al hartazgo y hastío galopantes que se habían instalado en la sociedad. Corría el año 2011 cuando unas irreconocibles  redes sociales empezaron a sentir las primeras vibraciones del cambio. "Lancé un blog en febrero llamado 'Manifiesto Juventud'. A partir de ahí me encontré con más gente interesada por cambiar las cosas, motivada por la preocupación ante la situación política y económica en España. Entre ellos estaba Fabio Gándara y creamos un grupo de Facebook, como los de antes", recuerda a El HuffPost Pablo Gallego como el inicio de todo. De aquel grupo emergió el colectivo que esgrimía como lema: "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros".

El bipartidismo acaparaba entonces el 80% de los votos del país, una hegemonía que parecía inquebrantable del Partido Socialista y el Partido Popular, salpicados por casos de corrupción. "La gente se escandaliza ahora por el 'caso Koldo', que son unos pocos millones —con toda la razón, que no se me mal entienda—, pero entonces teníamos los ERE y la Gürtel con miles de millones saqueados del dinero de todos", apunta Gallego que recuerda la "impunidad" con la que muchos políticos y banqueros campaban a sus anchas por un país que pensaban suyo. En su caso, la indignación también nació por lo que muchos pensaban de la juventud, esa soberbia propia de quienes ya no celebran sus cumpleaños y tan solo se avergüenzan de su edad. Ya saben, más canas que primaveras. "Entonces tenía 23 años y escuchaba todo el rato que 'los jóvenes no hacíamos nada, no trabajábamos, éramos ninis...', como si la culpa fuese nuestra. Literalmente era un joven que estaba haciendo todo lo que el sistema me pedía y que ni siquiera podía plantearme un plan o futuro de vida por la crisis", afirma.

  El 15-M que puso en jaque el bipartidismo.©Álvaro García / EL PAÍS

Fabio vivió algo similar después de graduarse en Derecho y Ciencia Política. "Había seguido el camino que se suponía correcto: estudiar, formarme, cumplir con todo lo esperado. Pero veía un futuro cada vez más negro". Después de contactar con Pablo Gallego gracias al blog, empezaron a orquestar diferentes acciones para protestar por la dramática situación que vivía la sociedad española. "La idea era crear una plataforma que diese unión a todas las voces críticas que se estaban viendo, sobre todo a nivel digital", recuerda Gándara. "Vivíamos en una democracia demasiado cerrada y en un sistema que estaba dejando fuera y sin futuro a mucha gente, principalmente los jóvenes". El diagnóstico era compartido por miles de personas que sufrían las consecuencias de la crisis económica de 2008: desempleo masivo, salarios precarios, corrupción política y un mercado de vivienda completamente inaccesible para buena parte de la juventud.

"Era un joven que estaba haciendo todo lo que el sistema me pedía y que ni siquiera podía plantearme un plan o futuro de vida"
Pablo Gallego

Las plazas empezaron a llenarse casi sin que nadie supiera exactamente cómo. O quizá sí lo sabían, pero ninguno imaginó la magnitud de lo que estaba a punto de suceder. Primero fueron mensajes compartidos en foros, publicaciones en Facebook y conversaciones digitales entre desconocidos que compartían una misma sensación de asfixia. Después llegaron las primeras asambleas improvisadas, las pancartas hechas a mano y las acampadas que transformaron lugares como la Puerta del Sol en el gran símbolo de una generación indignada.

"Fue una de las primeras grandes convocatorias organizadas desde redes sociales y además de manera anónima, sin un liderazgo claro", recuerda Gallego. Lo que comenzó como una pequeña red de personas indignadas terminó convirtiéndose en un fenómeno de masas que desbordó incluso a quienes habían impulsado las primeras movilizaciones. "Había varios nodos, varios perfiles y plataformas pequeñas, pero todas llamaban a una movilización común", explica. Colectivos como Juventud Sin Futuro o activistas procedentes del movimiento por la vivienda terminaron confluyendo en una protesta transversal que rompió los moldes tradicionales de movilización. Herederos de la Primavera árabe, entre otros movimientos como el islandés, vivieron en sus propias carnes lo que las redes sociales, entonces prematuras, eran capaces de aglutinar a personas de toda índole. 

Y es precisamente esa transversalidad una de las cuestiones que ambos recuerdan con mayor orgullo quince años después. "Lo importante era centrarnos en aquello que nos unía", sostiene Gándara. "No importaba si alguien venía del anarquismo, del progresismo o del liberalismo. Se trataba de señalar lo que no funcionaba". En aquellas plazas convivían jóvenes precarios, trabajadores golpeados por la crisis, jubilados, estudiantes y ciudadanos profundamente decepcionados con el rumbo político y económico del país. En las calles, flujos y oleadas protagonizaron marchas y manifestaciones reclamando aquellos consensos inéditos. Gallego rememora especialmente el ambiente de las asambleas. "Mucha gente se sentía feliz simplemente porque descubría que no estaba sola", explica. "Había una especie de hermandad muy bonita. Personas que votaban a partidos distintos compartiendo la idea de que aquello era insostenible".

"Había hermandad muy bonita. Personas que votaban a partidos distintos compartiendo la idea de que aquello era insostenible"
Pablo Gallego

Durante horas se discutía sobre democracia, vivienda, precariedad, economía o participación ciudadana. A veces también aparecían discursos delirantes o propuestas imposibles. "Cuando se genera un movimiento tan masivo siempre aparece oportunismo y gente intentando meter cualquier cosa", admite entre risas. Pero el núcleo seguía intacto: la necesidad de recuperar una democracia que muchos sentían secuestrada. Aquella crítica frontal al sistema político terminó alterando el tablero institucional español. El 15-M no se convirtió en un partido político, pero sí abrió la puerta a una nueva etapa. "Es un hecho objetivo que rompió el bipartidismo", afirma Gallego. La irrupción posterior de fuerzas como Podemos, Ciudadanos o incluso Vox habría sido, según él, "impensable" antes de 2011. "Hoy un partido nuevo puede surgir y tener un 15% o un 20% de voto. Antes eso era imposible".

Sin embargo, ambos mantienen una mirada crítica sobre cómo se institucionalizó parte de aquel espíritu. Gándara considera que algunos partidos que intentaron recoger el testigo del 15-M acabaron reproduciendo dinámicas tradicionales. "Se abandonaron conceptos como la inteligencia colectiva o la participación", lamenta. "Todo derivó hacia estructuras más personalistas y centralizadas". Gallego comparte parte de ese análisis, aunque cree que sí hubo cambios importantes: "Después del 15-M hay mucha menos tolerancia hacia la corrupción y mucho más respeto al ciudadano y a la capacidad que puede tener si se agrupa en colectivos que realmente pueden marcar la diferencia".

Quince años después, muchas de las heridas que impulsaron las protestas siguen abiertas. Gándara, incluso, resalta: "En casi todos los frentes se ha fallado de forma bastante estrepitosa". La precariedad laboral, las dificultades de emancipación y la sensación de agotamiento democrático continúan atravesando a buena parte de la sociedad española. Quizá la diferencia más evidente entre 2011 y 2026 sea el clima social. Ambos perciben una sociedad mucho más individualista y polarizada. "El 15-M fue uno de los últimos movimientos que pensaron realmente en colectivo", reflexiona Gallego. Frente a aquella lógica de comunidad y apoyo mutuo, hoy observa "una oda permanente a la individualidad". "En 2011 había hastío, hoy hay individualismo y 'sálvese quien pueda'". Y lanza una advertencia: "Eso no cambiará nada".

"En casi todos los frentes se ha fallado de forma bastante estrepitosa"
Fabio Gándara

Gándara comparte ese temor. Cree que el miedo, la frustración y la sobreexposición permanente al conflicto en redes sociales han alimentado discursos cada vez más agresivos y excluyentes. "Es más fácil culpar al diferente que sentarse a debatir soluciones comunes", lamenta. Aun así, ninguno de los dos cae en el derrotismo. Ambos creen que la historia funciona por ciclos y que, tarde o temprano, volverán nuevas formas de movilización colectiva. Volverán las primaveras y la necesidad de construir un mundo más justo.

"Habrá más 15-M", asegura Gallego. "Serán diferentes, quizá más internacionales o vinculados a otros problemas, pero volverán". Para Gándara, la vivienda puede convertirse precisamente en ese nuevo eje capaz de unir a sectores sociales muy distintos. Porque si algo dejó aquella primavera de 2011 fue una certeza difícil de borrar: que la política no pertenece únicamente a los partidos ni a las instituciones, sino también a la gente corriente cuando decide dejar de resignarse y juntarse bajo el paraguas de la voluntad del cambio. 

Y quizá ahí resida el verdadero legado de aquella generación indignada. No tanto en las siglas que nacieron después, ni siquiera en las transformaciones institucionales que llegaron o dejaron de llegar, sino en haber demostrado que durante semanas e incluso meses miles de personas lograron sentirse parte de algo común. "Era un idealista absoluto", dice Gallego sobre aquel chico de 23 años que ayudó a impulsar Democracia Real Ya y del que recuerda con ternura. Después sonríe, como quien mira una vieja fotografía con una mezcla de orgullo y melancolía. "Creo que todo lo que hicimos sumó muchísimo más de lo que restó".

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Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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