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Javier Cercas, escritor: "Trump es el emblema de nuestro tiempo; el ególatra alérgico a la autoironía que La Rochefoucauld definió como 'la máscara que oculta la putrefacción del espíritu'"

Javier Cercas, escritor: "Trump es el emblema de nuestro tiempo; el ególatra alérgico a la autoironía que La Rochefoucauld definió como 'la máscara que oculta la putrefacción del espíritu'"

El escritor expone en una columna en 'El País' su visión acerca de la falta de humor y capacidad de reirse de uno mismo en la política actual. Señala al presidente estadounidense como el principal ejemplo de la sociedad actual: narcisista y vanidoso a partes iguales.

Javier Cercas posando durante BookCity Milán 2025
Javier Cercas posando durante BookCity Milán 2025.Getty Images

En una columna publicada en El País, el escritor Javier Cercas utiliza la figura de Donald Trump para reflexionar sobre un rasgo que, según él, define buena parte del clima social y político actual: la desaparición de la autoironía. El titular resume bien su tesis: Trump sería el emblema de nuestro tiempo, el ejemplo perfecto de un tipo de personalidad dominada por el ego y completamente incapaz de reírse de sí misma.

El valor de reírse de uno mismo

Cercas parte de una idea sencilla: el humor auténtico empieza por la capacidad de reírse de uno mismo. Para el escritor, esa habilidad no es solo una virtud personal, sino también un signo de inteligencia moral. Quien no sabe relativizarse, sugiere, difícilmente puede entender el humor de verdad.

El problema, según el autor, es que vivimos en un contexto que favorece justo lo contrario. Las redes sociales han convertido el espacio público en una especie de escaparate permanente donde muchas personas se dedican a exhibir sus logros, sus virtudes o su imagen idealizada. En ese entorno, la modestia y la discreción pierden valor, mientras que el autobombo se normaliza.

Cercas lo explica con un ejemplo: cuando alguien presume de un gesto generoso, ese gesto deja de ser completamente altruista y pasa a convertirse en una forma de autopromoción. Así, lo que debería ser una virtud íntima se transforma en publicidad personal.

Trump como 'símbolo'

En este contexto aparece la figura de Trump. Para Cercas, el presidente estadounidense representa de forma casi caricaturesca esa tendencia al narcisismo público. Su estilo político, basado en el autobombo constante y en la falta de ironía, lo convierte en el ejemplo perfecto de una cultura donde la importancia de la propia imagen lo invade todo.

El escritor recurre incluso a una idea del moralista francés François de La Rochefoucauld para explicar ese fenómeno: la seriedad excesiva puede ser una máscara que oculta una pobreza espiritual. En otras palabras, la incapacidad de reírse de uno mismo suele estar relacionada con un ego demasiado frágil o demasiado inflado.

La política y el humor perdido

Cercas también traslada esa crítica al panorama político español. En su opinión, el Parlamento es un lugar donde el sentido del humor -y especialmente la autoironía- brilla por su ausencia. Los políticos, dice, rara vez se ríen de sí mismos; cuando lo hacen, suele ser para burlarse del adversario.

El escritor recuerda algunos episodios recientes de lapsus o errores verbales utilizados como arma política. En esos casos, lo que debería ser un momento de humor compartido termina convirtiéndose en una oportunidad para ridiculizar al rival. Así, la risa deja de ser un elemento de distensión y se transforma en una forma de agresión.

Como contraste, menciona los lapsus del expresidente Mariano Rajoy, que a menudo generaban situaciones absurdas, pero que también mostraban una cierta capacidad de tomarse las cosas con menos solemnidad.

Una pequeña lección moral

La conclusión de Cercas es clara: la autoironía no es una simple broma, sino una forma de decencia. Saber reírse de uno mismo ayuda a rebajar el ego, a convivir con los demás y a evitar el narcisismo que domina muchas conversaciones públicas.

Por eso recupera una idea del escritor Franz Kafka: en un mundo sin certezas absolutas, el sentido del humor se vuelve casi una obligación moral. Para Cercas, aprender a relativizarse puede ser una de las pocas defensas contra la cultura del ego que define nuestra época.

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