Tic, tac... Sánchez apura los tiempos para negociar una investidura que los independentistas venden cara
La votación tendrá lugar en la segunda o tercera semana de noviembre. ERC y Junts advierten al PSOE de que no hay avances y el PNV recela del pacto con Sumar.

El reloj de la democracia comienza a vaciarse de arena. El candidato propuesto por el rey, Pedro Sánchez, continúa negociando in extremis con PNV, ERC y Junts para obtener la confianza de la mayoría de la Cámara y ser reelegido presidente del Gobierno en una sesión de investidura a la que todavía no se pone fecha ante las dificultades para llegar a pactos. Hay de plazo hasta el 27 de noviembre, día en el que se disolverían las Cortes y se convocarían de nuevo elecciones generales para el 14 de enero.
Con el juramento de la Princesa Leonor acaparando la vida parlamentaria de los próximos días, todo hace indicar que el pleno de investidura tendrá lugar en la segunda o tercera semana de noviembre. La pretensión de Sánchez es llegar ya como presidente al congreso que los socialistas europeos celebrarán en Málaga el próximo 10 y 11 de noviembre. Sin embargo, el alto precio que están exigiendo los partidos independentistas catalanes a cambio de su voto está complicando un pacto que, al principio, parecía despacharse por la vía rápida.
La amnistía a los encausados y condenados por el procés está prácticamente cerrada, sobre todo tras la defensa de Sánchez de este sábado, pero algunos detalles de la misma y otros factores como la cesión de Rodalies o la financiación autonómica están dilatando los tiempos.
De hecho, ERC ha advertido de la "poca intensidad" con la que se está negociando estos aspectos que, tal como recordó Gabriel Rufián en el Congreso hace dos semanas, van en el pack de la investidura. "No se está avanzando de forma adecuada", alertaba este viernes el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, al ser preguntado. Incluso, desde las filas republicanas señalan a la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, como la responsable del bloqueo en los asuntos que atañen a la economía.
En lo relativo a la amnistía, los independentistas no sólo se contentan con borrar los delitos de los condenados y 'liberar' a los que aún no han sido juzgados, sino también 'desnudar' toda la acción judicial pidiendo que se incluya en el preámbulo de la norma de forma clara que el referéndum del 1 de octubre de 2017 no fue delito.

Además, según El Mundo, se ha pedido el inmediato reintegro de todos los fondos depositados a modo de fianzas en todos los procedimientos judiciales y administrativos a los que se han enfrentado los autores del procés y reconocer la "nación catalana" en un acuerdo paralelo a la amnistía.
Todo vale para explicar un posible apoyo final a Sánchez, al que las bases independentistas siguen incluyendo dentro del teórico entramado de la "represión". De ahí que los pocos socios del Consell de la República que votaron en la consulta convocada por Puigdemont apostaran de forma rotunda por el bloqueo político.
Mientras, la amnistía y el resto de exigencias del independentismo siguen siendo aprovechadas por PP y Vox para cargar contra el gobierno en funciones. Este mismo domingo, Feijóo saldrá de nuevo a la calle para pedir "la igualdad entre españoles" en una concentración en la mítica calle Larios de Málaga a la que también se sumará el presidente de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla. Vox hará lo propio en la plaza de Colón de Madrid a través de la marcha convocada por DENAES. Y, por si fuera poco, los históricos del PSOE como Alfonso Guerra o Felipe González siguen atizando a Sánchez en cada oportunidad que tienen. “En una amnistía el Estado es el que pide perdón, no perdona. No todo vale para gobernar”, decía este viernes el expresidente del Gobierno.
El CIS ya advierte de que la factura de estas negociaciones empieza a salirle cara al PSOE. Para mitigar el descontento, Sánchez accedió a consultar a la militancia del partido si avalaba la negociación con Junts, ERC o Bildu para renovar como presidente. Un gesto en el Comité Federal de este sábado con el que el líder socialista buscaba blindarse y legitimar sus pactos sin preguntar de forma directa por el discutido asunto de la amnistía, pese a sus contundentes palabras.
El PNV recela del pacto de Sánchez con Sumar
En la misma reunión se bendijo el acuerdo con Sumar pese a las discrepancias que también ha generado en la patronal la jornada semanal de 37,5 horas o en empresas como Repsol mantener el impuesto a las energéticas. Los votos del partido de Yolanda Díaz se suman ahora a los ya garantizados por Bildu.

En cualquier caso, todo sigue dependiendo de la decisión que adopten ERC, Junts... y el olvidado PNV. Los nacionalistas vascos mantienen desde hace semanas que no puede darse por seguro su apoyo y esta semana han mostrado recelo ante algunos de los acuerdos adoptados con Yolanda Díaz al considerar que invaden competencias autonómicas.
"Por el lenguaje empleado, no parece que quieran caminar sobre la senda del respeto al autogobierno de las Comunidades Autónomas y el desarrollo de sus Estatutos", señalaban las fuentes jeltzales. De trasfondo, la misma crítica que ya llevan haciendo desde la pasada legislatura: el PSOE lleva sus medidas al Congreso sin concertarlas antes con ellos.
Y los votos de sus cinco diputados son igual de imprescindibles que los siete de ERC y los otros siete de Junts. En ese equilibrio peligroso anda moviéndose Sánchez para contentar a todos sin romper las costuras constitucionales. Y sin dejar de mirar un calendario que comienza poco a poco a estrecharse. Tic, Tac.