Alejandro Rebollo, 28 años, profesor interino en Valencia: "Desde que empecé a trabajar mi vida ha sido mudanza tras mudanza, no siento ningún sitio como mi casa"
Un profesor interino de Valencia comparte con El HuffPost sus dificultades para acceder a una vivienda: precios demasiado altos, no saber dónde va a trabajar en unos meses o la necesidad de tener transporte público cercano.
"Todo el mundo quiere independencia, todo el mundo quiere su casa, y no tenerla es desesperanzador". Son palabras de Alejandro Rebollo, profesor interino de italiano en la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) en Valencia. Tiene 28 años y lleva 3 cursos desarrollando su labor en la enseñanza pública. Asegura que para él, su trabajo "es una vocación", pero teme no poder ejercerlo por culpa de la crisis de la vivienda.
No es el único caso. Y no se da solo con los profesores interinos. También hay docentes con plaza fija que no pueden acceder a una vivienda. Ocurre, además, en todo el país, principalmente debido a los altos precios y a las exigencias a la hora de alquilar un piso.
Sin embargo, los interinos sí que sufren ciertas dificultades inherentes a su situación. La temporalidad y la movilidad geográfica añaden un elemento de incertidumbre que complica aún más el acceso a la vivienda. "Yo vivo por y para la docencia, pero ser interino tiene estas condiciones y todo se ve agravado por un panorama de la vivienda bastante desolador", resume Rebollo a El HuffPost.
La interinidad se caracteriza por no disponer de un destino concreto. En muchos casos estos profesores han aprobado la oposición, pero sin conseguir plaza, y tienen que encarar el curso cubriendo sustituciones. A veces estas sustituciones permiten trabajar el curso completo, aunque es habitual que el docente tenga que saltar de un centro a otro a lo largo de un mismo año escolar. Y a partir de septiembre, a buscar otra sustitución. Y otro piso.
La crisis de vivienda te despoja de tu propia identidad
Alejandro Rebollo no solo lamenta los "altos precios", también hace referencia a complicaciones como los propietarios e inmobiliarias que no contestan, además de las visitas "que no son como esperas".
Otra cuestión relevante es el transporte: "De momento no tengo coche, así que no puedo aceptar una plaza en una ciudad que no tenga buena conexión de transporte publico", subraya.
Cansado de ser un nómada, ha decidido mudarse a Valencia capital, pero siempre existe la opción de que surja trabajo en un centro al que no puede desplazarse o que le obligue a invertir más de una hora en el trayecto.
Este profesor de la EOI expone que la vivienda provoca otro tipo de problemas de los que no se habla tanto. Se refiere, en concreto, a las cuestiones relacionadas con la identidad, los aspectos en los que se ha cimentado tu forma de ser o de comprender tu papel en el mundo. Alejandro cree que "te destroza esa parte", porque "ver que la vivienda no te permite ser docente como tu quieres te está quitando la identidad en la que has fundado quién eres".
Él tiene claro que quiere seguir siendo profesor, sin embargo, considera que los precios de la vivienda y la interinidad son barreras que "ponen imposible aspirar a una vida estable".
"Sobrevivir dos meses sin ver un euro"
Pagar un alquiler ya resulta complicado para la mayoría de trabajadores. Y en zonas con un importante peso del turismo como la Comunidad Valenciana se vuelve aún más difícil.
En el conjunto de la comunidad, el coste de un alquiler es de 14,79 euros por metro cuadrado, un 9,4% más caro que el año pasado. Son datos de mayo del Índice Inmobiliario Fotocasa. En concreto, en Valencia capital el precio se ha incrementado un 10% respecto a 2025.
Trabajar cubriendo sustituciones tiene un inconveniente extra, al menos en la Comunidad Valenciana, como indica Rebollo: "Cobramos a mes vencido, es decir, que si a mí me dan una plaza de sustitución el 5 de octubre yo trabajo todo el mes y cuando acaba no cobro, tengo que trabajar noviembre y a final de mes me pagan octubre", detalla el profesor, que quiere hacer hincapié en lo que supone "sobrevivir dos meses sin ver un euro".
Los interinos viven también con la ansiedad de revisar las listas de sustituciones de manera frecuente. En la Comunidad Valenciana, estas se publican cada lunes, miércoles y jueves. Al día siguiente de solicitarlo, el docente sabe si se la han concedido o no. Empieza aquí una carrera que se encuentra entre las principales críticas de Alejandro Rebollo, pues dispones de un plazo de 24 horas para presentarte en el centro. "Imagínate que te mandan a una ciudad que está lejísimos y no tienes coche, no te queda otra que buscarte el transporte y el alojamiento allí en menos de un día", cuenta a El HuffPost.
Sin amigos, sin círculo social
La existencia nómada tiene implicaciones que van más allá de lo laboral. Un ejemplo claro es el de mantener contacto con familiares y amigos. Si cada pocos meses vas a vivir en una nueva ciudad, si no sabes dónde va a estar tu próximo trabajo, ¿hasta qué punto puedes cuidar tu entorno personal?
"Cada vez estás en un sitio diferente, ¿dónde se encuentra mi círculo de amistades, mi lugar seguro, mis contactos de emergencia?", se pregunta el profesor, que echa la vista atrás y repasa estos últimos 3 años como interino: "Desde que empecé a trabajar mi vida ha sido mudanza tras mudanza, no siento ningún sitio como mi casa".
A pesar de todas las desventajas descritas, Alejandro Rebollo no se imagina desempeñando otro trabajo. "Yo vivo por y para la docencia", afirma.
Este artículo forma parte de un serial sobre la situación de los docentes y otros trabajadores públicos ante el acceso a la vivienda. Si te encuentras en una circunstancia similar y quieres contarlo, puedes escribir a efernandezdo@huffpost.es.