Los arqueólogos analizan 85 ollas prehistóricas de hace 8.000 años y encuentran recetas: los cazadores-recolectores europeos combinaban carne con hierbas, raíces y frutos silvestres
Una reciente investigación revela que las sociedades primitivas no comían lo primero que pillaban, sino que tenían un criterio gastronómico muy definido a la hora de preparar sus alimentos.
¿Eres de los que se agobia al freír un huevo? Imagina tener que cocinar en plena prehistoria; una tarea que a la mayoría nos parecería misión imposible. Siempre hemos pensado en esa época la caza era fundamental para la obtención de alimentos, pero recientemente se ha descubierto un detalle que pocos se imaginaban.
Uno podría pensar que la alimentación de las sociedades primitivas giraba en torno a lo primero que se pudiera apresar o recoger. Pura supervivencia. Sin embargo, una reciente investigación liderada por la arqueóloga Lara González Carretero, de la Universidad de York, en el Reino Unido, cambia signifitcativamente esa perceción tal y como recoge un artículo publicado por National Geographic.
Gracias a los últimos avances tecnológicos y científicos, como el uso de microscopios de alta resolución y los análisis moleculares, el equipo liderado por González Carretero ha logrado constatar la presencia de una enorme variedad de vegetales utilizados en la cocina de las sociedades primitivas.
Para llegar a esta conclusión, analizaron a fondo los residuos incrustados en 85 vasijas de cerámica procedentes de diversos yacimientos europeos (situados en lo que hoy es Rusia, Bielorrusia, Letonia, Dinamarca y Polonia).
Un menú más variado de lo que se esperaba
En al menos 58 de los recipientes analizados se encontraron evidencias microscópicas de tejidos vegetales. El menú de estos cazadores-recolectores incluía desde leguminosas y hierbas silvestres, hasta raíces, frutos, tubérculos, hojas y tallos.
Por si fuera poco, los arqueólogos también identificaron restos de muérdago, polen de llantén menor y plantas de la familia de las poáceas (las 'tatarabuelas' silvestres de cereales actuales como la cebada, el trigo, el arroz o la avena).
Los resultados del estudio son fascinantes: demuestran que los pueblos prehistóricos no metían los ingredientes en la olla al azar. "Abordaban los alimentos vegetales de forma selectiva, eligiendo conscientemente ciertas especies sobre otras y combinándolas con ingredientes animales específicos”, según la propia investigación.
Es decir, la invención y el uso de la cerámica dio paso a una incipiente cultura culinaria que buscaba crear nuevos sabores, aromas y texturas, todo ello de la mano también de las manualidades de la cerámica.
Más allá de la anécdota gastronómica, los autores apuntan que este estudio es clave para "comprender la transición de la humanidad hacia el cultivo de determinadas especies y la posterior producción de alimentos" que acabaría desembocando en lo que conocemos como agricultura.